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domingo, 9 de octubre de 2011

LA HISTORIA NEGRA DEL JUEGO EN MÉXICO


En México no hay casinos con un formato similar a los de Estados Unidos y Europa; las razones son históricas. El siguiente texto es un extracto del Libro “Jugar sin límites” y pretende explicar el porqué los juegos de azar en el país han adoptado características diferentes al resto del mundo; lo que ha promovido que ciertos sectores de la población estén más expuestos que otros a caer en la adicción al juego.

Al término de la Revolución Mexicana hubo mucha inestabilidad política en el país, ya que distintos grupos se disputan el poder hasta que el General Álvaro Obregón accede a la silla presidencial en 1920. Durante su gobierno su secretario de Estado, el general Plutarco Elías Calles apoya el establecimiento de casinos a pesar de la opinión en contra del presidente.

Esta actividad se había vuelto extremadamente lucrativa debido a que en Estados Unidos es proclamada la ley seca -1920-1933-lo que propició que florecieran cantinas; prostíbulos, hipódromos, y casas de juego, en los estados fronterizos especialmente en la zona de Mexicali, Tijuana y Ciudad Juárez. El General Calles y sus allegados se habían beneficiado económicamente al ser propietarios o socios de los principales lugares de apuestas en el norte del país

Cuando Calles llega al poder, incentiva aún más los lugares donde se apostaba; incluso se dice que "quitaba y ponía gobernadores en Chihuahua", estado cuya economía dependía en gran medida del juego.

En sus memorias, Roberto Fierro, que era piloto, recuerda cómo lo llamó Calles y le dijo: `Nos falló el gobernador, ahora usted es el gobernador”, e incluso reconoce que su perdición en el cargo fue que; “se hizo bolas con el juego”, y “la política en Chihuahua era el juego".

Al término de su período el General Calles siguió gobernando a través de los siguientes tres presidentes que le sucedieron, y que se subordinaron en mayor o menor medida a sus intereses políticos; Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio, y Abelardo L. Rodríguez. A ese periodo de la historia de México -1928-1934- se le conoce como Maximato.
El último de los presidentes que se sometieron a los designios de Calles; Abelardo L. Rodríguez había sido gobernador de Baja California y era el propietario del casino de Ojo Caliente en Tijuana desde el año 1928; de todos los presidentes de ese período Rodríguez era el que más había hecho fortuna con sus negocios de apuestas. Hay que resaltar que la ley seca de Estados Unidos terminó en 1933 lo que aplacó el furor de los estadounidenses por viajar y apostar en las ciudades fronterizas mexicanas. Debido a eso el grupo del Ex presidente Calles, ya había comenzado a instalar casinos en el centro del país como es el caso del Casino de la Selva en Cuernavaca perteneciente al empresario español Manuel Suárez y a uno de los hijos de Calles; y el Foreign Club en las afueras de la ciudad de México cuyo propietario era Abelardo L. Rodríguez.
El siguiente presidente en turno sería el General Lázaro Cárdenas que ya no se sentía tan comprometido con el Maximato; sin embargo ese grupo político pretende imponerle un gabinete presidencial; como respuesta la madrugada del 10 de abril de 1936 Cárdenas, acompañado por un cuerpo militar, saca a Calles de su casa (en piyama), y lo lleva hasta un avión del Ejército Mexicano que lo conducirá a California. De esta manera Cárdenas expulsa del país a Calles y pide la renuncia de todos los callistas en su gobierno, a partir de allí continua emprendiendo acciones para distanciarse de sus antecesores. Así que una de las maneras que uso para golpear al grupo que había venido detentando el poder, era afectando sus intereses económicos, por lo que Cárdenas decide prohibir los juegos de azar.
La prohibición de instalar casinos data del 24 de junio de 1938, cuando en un decreto el presidente Lázaro Cárdenas ordenó su abolición, bajo el argumento de que por su propia naturaleza, “son focos de atracción del vicio, las mafias y la explotación por parte de apostadores profesionales.”. Aunque era claro que detrás de su decisión había un trasfondo político.
El mismo año de la prohibición de los casinos; Lázaro Cárdenas establece las bases del sistema político que ha prevalecido en México hasta la fecha; involucrando a los sectores sociales que estaban fuera del juego del poder y que pertenecía a los ganadores de la Revolución Mexicana. Cárdenas fue el último de los presidentes militares y le cedió el poder a la sociedad civil de una manera pacífica por lo que se volvió una especie de “santo patrono” de la política; así que algunas de los cambios que promovió se convirtieron en parte fundamental de la ideología del país; nacionalización del petróleo, repartición de tierras en un sistema comunitario–ejidos-, centrales obreras como base de las instituciones políticas, y por supuesto, la prohibición de los casinos.

lunes, 5 de septiembre de 2011

DE LUDOPATIAS Y MUERTES


Orestes Gómez Rodríguez

“Algo que ciertamente no se nombra /con la palabra azar, rige estas cosas/; otro ya recibió en otras borrosas/ tardes los muchos libros y la sombra”. El maestro Borges derivaba cierta proclividad al azar como fundamento o motivación en este transcurso que es la vida, en un intento por retirar al destino de su hegemonía en el mundo.

Los casinos en México existen desde finales de los años veinte del pasado siglo, auspiciados y controlados desde la estructura gubernamental.

Plutarco Elías Calles, principal beneficiario de los garitos del juego y la apuesta, no solamente autorizó su establecimiento, sino creó la plataforma para que la Baja California fuera zona franca de tugurios, casinos y prostíbulos a los que acudía la soldadesca gringa, eso hasta que el general Cárdenas los expulsó del país y expropiara el excelente negocio.

Miguel Alemán establece posteriormente la Ley de Juegos y Sorteos, prohibiendo los juegos de azar, pero otorgando a la Secretaría de Gobernación la facultad de otorgar permisos para su realización controlada. Es decir, sí podían existir establecimientos, pero previo trámite y “reporte” de ganancias.

El famoso Frontón México y el Casino Español, fueron muestras claras de centros de apuesta y negocio, anotando que el primero tiene permiso de duración ilimitada. (¿De a cuánto sería el moche?).

Ignoro si motivada por la tragedia del Royale de M México y Comercial de Juegos, a quienes se les otorgó patente por tiempo ilimitado.

Otra modalidad en el permiso es la posibilidadcial de la “situación de permisos”, de la que se obtienen datos muy significativos para llegar a deducciones y juicios.

De acuerdo con el reporte, existen en México 561 establecimientos dedicados al juego en sus diversas modalidades a saber: casinos, frontones, galgódromos, casas de apuestas e hipódromos. Las entidades con mayor número de establecimientos son: DF, con 36; Baja California, con 31, y Nuevo León, con 30 y, las de menor número son: Coahuila, con 7; Tamaulipas, con 2, Nayarit, una, y Zacatecas y Oaxaca con cero.

Refiriéndonos a los regímenes que otorgaron permisos a Casinos, se menciona que en el periodo comprendido entre 1953 y 2000 fueron otorgados 19 de éstos, que se traducen en 343 establecimientos y, de 2000 a 2011, 8 permisos con 218 establecimientos, aclarando el estudio que en este sexenio se autorizó sólo una licencia, pero para 135 establecimientos.

Cabe decir que una licencia otorgada puede incluir un sinnúmero de establecimientos o locales y que la mayoría de las generadas de 1958 a la fecha, tienen una validez de 25 años, a excepción del Frontónclados entre la clientela, se pueden encontrar jugadores profesionales, turistas, ludópatas y una nueva especie que son las señoras de los martes.

En Monterrey, por ejemplo, de cinco años a la fecha, se presenta el fenómeno a solicitó un permiso para 10 establecimientos, Megasport para 14 y Océano para 11 entre 1988 y 1994, pero en otros casos como el Hipódromo Agua Caliente (de Hank Rhon) originalmente le fueron autorizados 22 establecimientos en 1975 y después durante el régimen de López Portillo cambió el permiso con establecimientos ilimitados. (Haya cosa, diría doña Lupe).

La Secretaría menciona que a la par de estos lupanares, existen 60 establecimientos irregulares que operan por diversas circunstancias: unos porque tienen protección de tribunales de lo contencioso, otros amparados y los más por una figura administrativa denominada exención regulatoria.

Creados originalmente con el propósito de atraer turismo a la frontera norte del país, estos negocios fueron reproduciéndose rápidamente por entre el ramificado cáncer que invade a ciertas autoridades, que se llama corrupción y de la cual no ha resultado aun remedio. Hoy existen más casinos en México, que centros de investigación, por ejemplo.
Mezclados entre la clientela, se pueden encontrar jugadores profesionales, turistas, ludópatas y una nueva especie que son las señoras de los martes.

En Monterrey, por ejemplo, de cinco años a la fecha, se presenta el fenómeno social del esparcimiento para la edad dorada, que consiste en el ejercicio por medio del cual un grupo de “amiguitas” (como las llamaba mi madre) acuden los martes por la tarde a los casinos, entre las 16:00 a 21:00 horas. Las primeras dos transcurren entre la plática y el café, siendo el resto ocupado en el juego del Bingo, con una inversión promedio de 150.00 pesos por ocasión (con posibilidades de ganar en juego), opción más entretenida y económica que ir a un Vip’s o Martin’s a devorar café y prójimo por un par de horas.

La tragedia de Monterrey, merecedora del mayor respeto, exige por ello la inmediata investigación de los criminales hechos, llegando a los autores intelectuales, a los jueces que levanten clausuras, a los funcionarios que extorsionan, a los dueños y a las autoridades que otorgaron las licencias.

La tumba de los corruptos e ineptos fue escarbándose en la misma tarde del 25 de agosto y espera pronto, pero muy pronto por ellos.

Por si no bastara con uno, fueron necesarios 53 cadáveres para despertar a los irresponsables funcionarios y cinco horas para que reaccionara el inmaduro gobernante.

En el eco la voz de Neruda se oye, que grita: “Y con el corazón entero iría la unidad de sus palabras: fue cuando ibas, pueblo, a cantar una vieja canción con lágrimas, con esperanza y con dolores: vino la mano del verdugo y empapó de sangre la plaza”.