BLOG DE ANÁLISIS Y PERIODISMO PROPOSITIVO

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La verdad nos hará libres...
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martes, 8 de febrero de 2011

LA PREGUNTA DE DIOS

Roberto Rodríguez Baños / AMI
Entre los ecos de la visita de Hillary Clinton, debutante como bastonera del cacique del sur, el cinismo indeleble de los tiempos que corren impulsó a Calderón a usurpar el nombre y la causa de Samuel Ruiz para convertirles en reclamo propagandístico del régimen.
Otras presencias del oportunismo pretendieron medrar a la sombra del obispo de los pobres: Josefina Vázquez Mota, Luis H. Álvarez, Pablo Salazar Mendiguchía, entre muchos; pero el luto real fue el de quienes permanecen en las cárceles de Chiapas como de otras regiones del país y del planeta. El de quienes salieron de esas celdas gracias a las gestiones de don Samuel. El de los indígenas, las mujeres, los niños, los viejos, los grupos vulnerables, todos, que constituyen abrumadora mayoría en la sociedad mexicana. Nada tenían que hacer en esa asamblea los dispensadores de sobornos, latrocinadores del erario, verdugos del pueblo cuyo patrimonio asaltan día con día y de cuyas vidas disponen con la brutal indiferencia del sicario a sueldo de hegemonías locales y gobiernos extranjeros.
Don Samuel, recordó su coadjutor Raúl Vera, hoy obispo en Coahuila, llegó en 1959 a Chiapas “plagado de injusticias y de abusos contra los pobres. Le tocó ver con sus propios ojos las espaldas de los hombres indígenas marcadas por el látigo de los finqueros; constató desde la palabra de los pobres que el salario era de tres centavos al día, un sueldo que nunca se pagaba pues aún existía la tienda de raya. También conoció a las muchachas indígenas sometidas a la ley de la pernada, es decir, el patrón, antes de que ellas se casaran, tenía que constatar uniéndose a ellas su virginidad… dichoso tú, tatic, perseguido por la causa de la justicia… tú que fuiste sujeto de injurias y calumnias como de innumerables persecuciones, vituperios e insultos por la causa de Jesús, que es la plenitud de la vida de los pobres”.
La carta de Raúl Vera para los defensores y defensoras de derechos humanos el 19 de enero y que Cencos distribuye desde el 20, es otra parcela del territorio cultivado por los católicos de buena fe, como su amigo Samuel Ruiz: De los 33 mil asesinatos de esta guerra impuesta, la tercera parte de las muertes se dieron en el estado de Chihuahua. Del total de muertes en el 2010, casi la mitad acaecieron en este estado.
Asumo la exigencia de ustedes, para que se ponga alto a la matanza propiciada por la corrupción, en los tres niveles de gobierno: federal, estatal y municipal. Cuando dicen que se están matando entre ellos, esos muertos son producto de la corrupción que dejaron crecer y de la que son cómplices.
El acceso a la justicia para las mujeres víctimas de violencia está negado. En el 2010, hubo 442 asesinatos de mujeres en el estado de Chihuahua –sólo en Ciudad Juárez fueron 306– todos ellos producto de la impunidad en la que desde hace más de una década, se mantienen los femenicidios. Por esta misma razón dio la vida Marisela Escobedo. Por exigir justicia para su hija Rubí.
En estos días asesinaron a la activista Susana Chávez, porque para el Estado mexicano las mujeres son desechables, y a los asesinos de ellas los cobija la impunidad. Esta situación perpetúa las violaciones a sus derechos humanos: la violencia familiar, las desapariciones de niñas y mujeres víctimas del delito de trata, que nadie investiga. Esta misma impunidad prevalece ante las desapariciones de varones, en su mayoría jóvenes, sin que los familiares tengan respuesta de parte de autoridad alguna.
Me sumo a su exigencia de alto a la violencia contra las mujeres y que se establezca la alerta de género. También asumo su exigencia para que se frenen las violaciones a los derechos humanos por parte de los cuerpos policiacos y del Ejército Mexicano, con las desapariciones forzadas y el uso de la tortura como método para extraer información o arrancar confesiones. Que se ponga un hasta aquí a la impunidad en que se mantienen todas estas violaciones. Con ustedes me uno a la petición de no al fuero militar. Son los niños y las niñas, los y las jóvenes y las mujeres, las personas más vulnerables en esta guerra atroz e inútil. Las mujeres son quienes llegan a las morgues a buscar a sus hijos e hijas, a sus esposos y hermanos. Ellas son testigos de cómo son torturados. Ellas son, al lado de sus hijos e hijas, huérfanos y huérfanas, quienes forman el caudal de centenares de viudas en Chihuahua y el resto del país.
Con ustedes rechazo las matanzas en Creel y en Ciudad Juárez, con los signos de “limpieza social”, por grupos paramilitares con la complacencia del Estado. Y me uno a su solicitud de que se establezca en el estado de Chihuahua un programa ante la emergencia humanitaria, con la participación de la sociedad. Rechazo con ustedes que ante la protesta social, la respuesta sea la criminalización de los luchadores y las luchadoras sociales, la represión, el hostigamiento, las amenazas y las campañas de desprestigio, argumentando que lucran con el dolor humano. Con ustedes exijo protección y garantía para el ejercicio de la misión de las defensoras y los defensoras de los derechos humanos que trabajan en la restructuración social, por el camino de restablecimiento de la justicia, que nos conduce a la paz.
Me uno a su grito de justicia para que en este estado de Chihuahua y en todo el país, gocemos los mexicanos del derecho la integridad de la vida, a la seguridad, a la libertad de tránsito, y por encima de todo, al respeto a nuestra dignidad.
Que así sea, diría don Samuel, de quien Blanche Petrich recuerda Una nueva hora de gracia, la carta pastoral de donde toma la periodista estas palabras: “La pregunta que Dios nos hará al final de nuestra existencia será: ¿De qué lado estuvimos? ¿A quién defendimos? ¿Por quién optamos? Preguntas que nadie, ni los poderosos, podrán eludir al final de su vida… me quema la urgencia de sumar mi clamor al de los pueblos indígenas”. Inmune al contagio de voces y presencias indeseables, el caminante sigue sus pasos.

sábado, 29 de enero de 2011

Raúl Vera estará al frente del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé

Obispo José Raúl Vera López

Tras la muerte deSamuel Ruiz García ocurrida el pasado 24 de enero, el consejo delCentro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (Frayba), fundado y presidido por el religioso desde 1989, nombró como su nuevo presidente al obispo Raúl Vera López, quien entre 1995 y 1999 fuera obispo coadjutor en la Diócesos de San Cristóbal de las Casas.
El Frayba fue constituido como una organización civil independiente, que se dedica a la promoción y defensa de los derechos humanos de los pueblos y comunidades del estado de Chiapas, bajo una perspectiva cristiana y ecuménica.
A lo largo de los 21 años desde su creación ha acompañado, atendido, litigado y documentado diversas violaciones a los derechos humanos, particularmente en el territorio indígena, donde se han cometidoasesinatos, actos de tortura, detenciones arbitrarias, desapariciones y desplazamientos forzados.
El nombramiento de Raúl Vera López como presidente del Frayba fue dado a conocer por el consejo de este organismo, entre quienes se encuentra el actual director, Diego Cadena Gordillo; Felipe Toussaint, ex Vicario General de la Diócesis de San Cristóbal; Jorge Santiago Santiago, quien trabajo con el obispo Samuel Ruiz desde la organización DESMI (Desarrollo Económico Social de l@s Mexican@s Indígenas, A.C.), entre otras personas.
En su discurso de toma de posesión, Raúl Vera, actual obispo de Saltillo Coahuila, recordó la importancia del Frayba como un centro de inspiración de Tatik (padre en tzeltal) Samuel “para acompañar a los pueblos en su caminar en la construcción de una nueva sociedad”.
“Para don Tatik el Frayba fue una de las niñas de sus ojos que en 21 años camina al lado del pueblo pobre y oprimido. Ahora el Frayba entra en una nueva época que ampliará su visión y análisis nacional y continuará su trabajo en el acompañamiento de los pueblos pobres, organizados y excluidos de Chiapas con todo el espíritu de TatikSamuel que hora desde donde este guiará el camino con todo su poder”, dijo el obispo.
Raúl Vera López lamentó que en continúen las violaciones a los derechos humanos en México, cuestionó los abusos que se cometen contra los migrantes que transitan por el país, la situación de violencia que existe en el marco de la lucha contra la delincuencia organizada.
Por su parte, el equipo del Frayba —quienes promueven brigadas civiles de observación como un mecanismo de prevención de agresiones a las comunidades que se encuentran vulneradas por la militarización y como expresión de la solidaridad nacional e internacional— explicó que este día es de un doble sentimiento: “triste por la partida de TatikSamuel, y feliz que Tatik Raúl sea nuestro nuevo guía”.
El nuevo presidente del Frayba pertenece a la Orden de los Predicadores de los Padres Dominicos, en 1987 fue nombrado obispo de Altamirano, en el estado de Guerrero, en donde fundó el centro social Monseñor Juan Navarro Ramírez para la atención de los pobres.
En agosto de 1995 fue nombrado obispo coadjutor en la Diócesis de San Cristóbal, cuando la figura de Samuel Ruiz estaba siendo cuestionada porque el alzamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se dio en la región donde comparte territorio y población con el grupo insurgente.
En este lugar Raúl Vera se unió al trabajo del obispo Samuel Ruiz en la construcción de la Iglesia Autóctona y el trabajo por la defensa de los derechos de la población que integra la Diócesis, la mayoría indígena.
Luego que Samuel Ruiz se jubila, en noviembre de 1999, Vera López también es separado de la Diócesis de San Cristóbal y nombrado obispo de Saltillo Coahuila.
Desde este nuevo cargo y como parte de su labor pastoral, asumió la defensa de los derechos de los pobladores de la región dedicada a la minería, de los migrantes que cruzan por su territorio, y de los homosexuales. Funda el centro diocesano para los Derechos Humanos.
Durante su obispado en San Cristóbal de las Casas, Raúl Vera López acompañó a Samuel Ruiz su labor por la defensa de los derechos humanos. “Uno de estos derechos es el deber de participar en la construcción de una sociedad que incluya a todos y todas, en fortalecer la dignidad humana y trabajar contra las injusticias”, dijo en una de las homilias dedicadas a Samuel Ruiz, durante su velatorio en la Catedral de la Paz. (CNN)

martes, 25 de enero de 2011

Samuel Ruiz, obispo de la liberación en Chiapas


Samuel Ruiz con el Sub Marcos en Enero de 1996. (REUTERS)

Medió entre la guerrilla zapatista y el Gobierno de México




JUAN G. BEDOYA



Chiapas ganó fama por la revuelta de los zapatistas, pero también porque allí se desarrolló una valiente experiencia religiosa en la segunda mitad del siglo pasado. La lideró Samuel Ruiz, uno de los prelados más legendarios del planeta cristiano, cuya opción por los pobres le costó atentados (contra él y su hermana) y disgustos sin cuento. Murió ayer a los 86 años en un hospital de Ciudad de México.



Los padres de Samuel Ruiz, Maclovio y Lupe, se conocieron en EE UU, a donde llegaron desde México como espaldas mojadas, es decir, como emigrantes ilegales. Regresaron apenas casarse y el primero de sus cinco hijos, Samuel, les nació en Irapuato (Guanajuato) el 3 de noviembre de 1924, se hizo cura, fue elegido para estudiar en la imponente Universidad Pontificia Gregoriana de Roma y a los 35 años era ya el más joven obispo de su país.
Pero nunca perdió el rumbo de sus orígenes. Como 500 años antes Bartolomé de Las Casas, obispo también en Chiapas y fiero defensor de los indígenas en la España de la conquista, a Samuel Ruiz le tocó remar contra corriente, no solo frente a las instituciones políticas sino, sobre todo, ante los acomodados jerarcas del Vaticano. Nunca vieron en Roma con buenos ojos su pasión por la teología de la liberación, ni que mediara entre la guerrilla del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y el Gobierno mexicano. Pese a todo, Juan Pablo II no lo movió de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, a donde lo envió Juan XXIII en 1960. Se jubiló en el 2000, tras cuarenta años de pontificado.
Entre sus fundaciones, destaca el Centro Fray Bartolomé de Las Casas, que abrió las puertas en 1989. En 2009 recibió el premio que lleva el nombre del fraile español, entregado por los Príncipes de Asturias. También fue galardonado con el premio Simón Bolívar, concedido por la UNESCO en 2000.
Samuel Ruiz irradió desde su modesta Chiapas una pastoral liberadora que le hizo popular en todo el mundo, en especial entre los partidarios del Concilio Vaticano II. Él había sido uno de los prelados convocados a Roma por Juan XXIII entre 1962 y 1965 y el concilio le dejó una huella profunda. Contó su experiencia a EL PAÍS, cuando vino en 2002 a Madrid como figura estelar del congreso de ese año de la Asociación de Teólogos Juan XXIII
Las dos preocupaciones del concilio iban a ser el diálogo con el ateísmo y la unidad de las iglesias, pero unos días antes de la inauguración, Juan XXIII introdujo una tercera línea: los pobres. Samuel Ruiz lamentó siempre que se torciese aquella línea. "La reflexión sobre la opción por los pobres no estaba madura porque en Europa entonces apenas había pobres", lamentó Samuel Ruiz.
Era partidario de un nuevo concilio, como el cardenal Martini. "Los concilios solo son peligrosos para la Curia. Cuando murió en pleno Vaticano II el gran Juan XXIII escuché a un monseñor de la Curia rezar por él. Que Dios le perdone el daño que ha hecho a la Iglesia con este concilio, rezaba el pobre hombre", dijo.
Sin embargo, el gran conflicto con Roma fue por su radical opción por los pobres. Decía: "La única pregunta que se nos va a hacer al fin de los tiempos es cómo tratamos al pobre. Tuve hambre y me diste de comer. Por eso, América Latina tiene sus mártires y sus santos. Primero cayeron los seglares. También entre la jerarquía que asume esta opción hay mártires, que no son, como antes, mártires de la fe, sino mártires de la justicia. Hoy se muere por optar por los pobres".


Fuente: El Pais, España.

Nos dejó don Samuel


Doña Rosario Ibarra

Rosario Ibarra

“Se nos fue, nos dejó don Samuel”, escuché por el teléfono la voz quebrada de una compañera del Comité ¡Eureka! que me repetía lo que yo ya sabía desde hacía buen rato... Aún no apaciguaba un poco siquiera la tristeza que llenaba mi espíritu; no era fácil echar fuera de golpe la idea terrible de la muerte, del hecho irreparable, de lo que no tiene remedio, del dolor que sólo eso que llaman resignación (tan difícil de aprender) nos obliga a tratar de olvidar a los que se van, a los que se adelantan en ese camino inexorable que es el sendero de la muerte, que muchas veces es muy cercano a la vereda del olvido... pero... sí, hay “peros” en muchos casos de estas tristezas que nos toca vivir, cuando los que queremos, admiramos o respetamos mueren, se van, nos dejan, no los volvemos a ver, porque el sendero por el que se alejan, es el sendero inexorable de la muerte, contra la cual nada podemos los humildes humanos.
Una tristeza muy grande llenó mi ser. Recordé cómo en una película, la mañana aquella tan lejana en la que encontré a don Samuel y pude hablar con él sobre los casos de los desaparecidos políticos y aún me pareció ver su rostro con su sonrisa bondadosa que me escuchaba con atención y me quedó grabado el timbre de su voz que me prometía lo que muchos otros me habían negado.
Él, desde el ámbito de sus atribuciones, pero sobre todo —creo— que desde el fondo de sus convicciones, sintió que una enorme injusticia había caído sobre nuestros familiares desaparecidos, porque los malos gobernantes no obedecían las leyes...., porque permitían a las mal llamadas “fuerzas del orden” el abuso de violar las leyes que protegían los derechos de todos los habitantes de México y con ello permitían la tortura más despiadada de que se tenga memoria y los abusos más infames de soldados y policías en campos militares y bases navales, lugares en los que mantenían incomunicados a nuestros familiares, en contra de todo mandato constitucional.
Por eso fue tan importante para nosotros la cercanía de don Samuel Ruiz y de otros obispos al movimiento de los familiares de los desaparecidos políticos. Su solidaridad abrió una brecha que se convirtió en un ancho camino en el que se marchaba por la legalidad, por el respeto a las leyes y, sobre todo, por el respeto a la vida y a la dignidad de los seres humanos que caían en las garras de los malos policías y de los perversos designios de los militares que encerraban a nuestros hijos y compañeros en sus inexpugnables cuarteles y cárceles clandestinas… Con la intervención de Don Sam y de otros obispos se logró que se pudiera entrar a esos antros, a esas cárceles ilegales, oprobio de la justicia mexicana... Gracias don Samuel.
Gracias, Tatic, como te llamaron en las comunidades indígenas de Chiapas, donde también dejaste tu huella bienhechora, gracias por ser como fuiste y gracias por haber sido ejemplo para las generaciones de sacerdotes jóvenes, que ojalá te imiten.
* Dirigente del Comité ¡Eureka!

lunes, 24 de enero de 2011

MURIO EL OBISPO SAMUEL RUIZ

Don Samuel Ruiz, Descanse en Paz
El obispo emérito Samuel Ruiz García falleció esta mañana tras complicarse los problemas de hipertensión arterial sistémica y diabetes mellitus que padecía desde hace 10 años.



El prelado presentaba daño cerebral con "infarto reciente en territorio de arteria cerebral media izquierda con consecuencias importantes en la movilidad de su hemicuerpo derecho (hemiplejia derecha)", reportaron ayer los médicos que lo atendían en el Hospital Ángeles del Pedregal de la ciudad de México.


El obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, fue trasladado el pasado 12 de enero desde un hospital en el estado de Querétaro para su atención en la ciudad de México.



Samuel Ruiz García padecía, desde hace varios años, diabetes y problemas respiratorios, los cuales se le complicaron y derivaron en una neumonía que lo mantuvo en terapia intensiva desde el viernes de la semana pasada.


Desde el pasado mes de noviembre, su estado de salud decayó, tanto, que incluso a los obispos reunidos en la Conferencia del Episcopado Mexicano oraron por su salud. De ahí, el obispo Samuel Ruiz constantemente tuvo recaídas y entró al hospital en varias ocasiones.


De Querétaro, en donde vivía, fue trasladado a la ciudad de México y estaba internado en el Hospital Ángeles del Pedregal.


Samuel Ruiz García, obispo emérito de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, fue reconocido por su labor en favor de las poblaciones indígenas de Chiapas y de Latinoamérica.



El “Tatic" (padre en lengua tzotzil) como lo llaman los indígenas de Chiapas, se desempeñó durante 40 años como obispo de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, en la región Altos, una de las más grandes de Chiapas, con una población mayoritariamente indígena.


Por iniciativa suya, en 1989, se creó el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, con sede en San Cristóbal de las Casas, una organización no gubernamental dedicada a la defensa y promoción de los derechos humanos, especialmente de los pueblos indígenas


A Ruiz García le tocó vivir el movimiento armado que se inició el 1 de enero de 1994, cuando apareció en el escenario de la guerrilla y la política el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), compuesto, en su mayoría, por gente de escasos recursos e indígenas, quienes enfrentaron al gobierno federal, en un principio, para derrocarlo.


Fue en esta etapa cuando la imagen del obispo de San Cristóbal trascendió, incluso las fronteras nacionales, para ser reconocido en varios países en donde se defendió su tarea en pro de los indígenas más pobres del país.


Con la idea de colaborar en la solución del conflicto armado, Samuel Ruiz fue designado miembro de la Comisión Nacional de Intermediación (Conai), la cual encabezó, pero que tiempo después tuvo que ser desintegrada porque la ruta que comenzaba a tomar ya no era compatible al cien por ciento con la Iglesia y se acercaba más a los terrenos de la política.


En 1996, Ruiz fue galardonado con el premio católico Pacem in Terris (Paz en la tierra) y en el año 2000 le fue otorgado el Premio Internacional Simón Bolívar de la UNESCO por su lucha contra la violencia, la pobreza y la exclusión.


Recibió además el doctorado honoris causa por la Universidad Iberoamericana en la ciudad de México.


Organizaciones civiles y de derechos humanos lo promovieron, en su momento, como candidato al premio Nobel de la Paz.


En abril de 2008 es nombrado por el Ejército Popular Revolucionario (EPR) mediador al lado de escritores e intelectuales, ante el gobierno federal.


Después de 40 años de obispado en Chiapas, Ruiz García decidió retirarse en 1999 e irse a la ciudad de Querétaro.


Nació en 1924 en Irapuato, Guanajuato, pero la mayoría de su vida vivió en San Cristóbal, donde fue nombrado obispo en 1959 a la edad de 35 años, y desde entonces acogió las causas indígenas como suyas.


(Con información de El Universal y Agencias)