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sábado, 30 de julio de 2011

CIENCIA VS DIOS


El científico británico Stephen Hawking afirma en un nuevo libro que la física moderna excluye la posibilidad de que Dios crease el universo.
Conrado García Jamin
Del mismo modo que el darwinismo eliminó la necesidad de un creador en el campo de la biología, el conocido astrofísico afirma en su obra, de próxima publicación, que las nuevas teorías científicas hacen redundante el papel de un creador del universo.
El Big Bang, la gran explosión en el origen del mundo, fue consecuencia inevitable de las leyes de la física, argumenta Hawking en su libro, del que hoy adelanta algunos extractos el diario The Times.
Hawking renuncia así a sus opiniones anteriores expresadas en su obra 'Una Breve Historia del Tiempo', en la que sugería que no había incompatibilidad entre la existencia de un Dios creador y la comprensión científica del universo.
"Si llegamos a descubrir una teoría completa, sería el triunfo definitivo de la razón humana porque entonces conoceríamos la mente de Dios", escribió en aquel libro, publicado en 1988 y rápidamente convertido en un éxito de ventas.

Argumento contra Newton

En su nuevo libro, titulado en inglés 'The Grand Design' ('El Gran Diseño') y que sale a las librerías el 9 de septiembre, una semana antes de la visita del Papa a Gran Bretaña, Hawking sostiene que la moderna ciencia no deja lugar a la existencia de un Dios creador del Universo.
En esa obra, escrita al alimón con el físico estadounidense Leonard Mlodinow, Hawking rechaza, según el adelanto periodístico, la hipótesis de Isaac Newton según la cual el Universo no puede haber surgido del caos gracias sólo a las leyes de la naturaleza sino que tuvo que haber intervenido Dios en su creación.
Según Hawking, el primer golpe asestado a esa teoría fue la observación en 1992 de un planeta que giraba en órbita en torno a una estrella distinta de nuestro Sol.
"Eso hace que las coincidencias de las condiciones planetarias de nuestro sistema -la feliz combinación de distancia Tierra-Sol y masa solar- seanmucho menos singulares y no tan determinantes como prueba de que la Tierra fue cuidadosamente diseñada (por Dios) para solaz de los humanos", escribe Hawking.

Múltiples universos

Según Hawking, que fue hasta el año pasado profesor de matemáticas de la universidad de Cambridge, puesto que ocupó en su día el propio Newton, es probable que existan no sólo otros planetas, sino también otros universos, es decir un multiuniverso.
En opinión del científico, si la intención de Dios era crear al hombre, esos otros universos serían perfectamente redundantes.
El conocido biólogo ateo Richard Dawkings se felicitó de la conclusión a la que parece haber llegado su colega Hawking: "Es exactamente lo que afirmamos nosotros. No conozco los detalles de la física, pero es lo que he sospechado siempre".
En su libro, Hawking no excluye la posibilidad de que haya vida también en otros universos y señala que la crítica está próxima a elaborar una teoría de todo, un marco único capaz de explicar las propiedades de la naturaleza.
Eso es algo, recuerda 'The Times', que han estado buscando los físicosdesde la época de Einstein, aunque hasta el momento ha sido imposible reconciliar la teoría cuántica, que da cuenta del mundo subatómico, con la de la gravedad, que explica la interacción de los objetos a escala cósmica.
Hawking aventura que la llamada teoría-M, proposición que unifica las distintas teorías de las supercuerdas, conseguirá ese objetivo.
"La teoría-M es la teoría unificada con la que soñaba Einstein. El hecho de que nosotros, los seres humanos, que somos tan sólo conjuntos de partículas fundamentales de la naturaleza, estemos ya tan cerca de comprender las leyes que nos gobiernan y rigen el universo es todo un triunfo".
Y luego vinieron los chistes a su costa:

Como se sabe, y si no saben hagan de cuenta que sí, Hawking es un conocido científico y filósofo, creador de la Teoría del Big Bang, o Gran Explosión, que explica el inicio del universo. Ganó más notoriedad en el plano religioso recientemente -el año pasado- al afirmar que Dios no es quien creó el universo. Esto le valió muchas críticas por parte de la comunidad religiosa, como era de esperarse.
La imagen que encabeza este post es recomendable para no creyentes (ateos), mientras que si erescreyente o religioso, mejor será ver la siguiente:

El «complejo de Dios» de la modernidad

Por Leonardo Boff
La crisis actual no es solo una crisis de escasez creciente de recursos y de servicios naturales. Es fundamentalmente la crisis de un tipo de civilización que ha colocado al ser humano como «señor y dueño» de la naturaleza (Descartes). Ésta, para él, no tiene espíritu ni propósito y por eso puede hacer lo que quiera con ella.
Según el fundador del paradigma moderno de la tecnociencia, Francis Bacon, el ser humano debe torturarla hasta que nos entregue todos sus secretos. De esta actitud se ha derivado una relación de agresión y de verdadera guerra contra la naturaleza salvaje que debía ser dominada y «civilizada». Surgió así también la proyección arrogante del ser humano como el «Dios» que domina y organiza todo.
Debemos reconocer que el cristianismo ayudó a legitimar y a reforzar esta comprensión. El Génesis dice claramente: «llenad la Tierra y sujetadla y dominad sobre todo lo que vive y se mueve sobre ella» (1,28). Después se afirma que el ser humano fue hecho «a imagen y semejanza de Dios» (Gn 1,26). El sentido bíblico de esta expresión es que el ser humano es lugarteniente de Dios, y como Éste es el señor del universo, el ser humano es el señor de la Tierra. Él goza de una dignidad que es solo suya: la de estar por encima de los demás seres. De aquí se generó el antropocentrismo, una de las causas de la crisis ecológica. Finalmente, el monoteísmo estricto suprimió el carácter sagrado de todas las cosas y lo concentró sólo en Dios. El mundo, al no poseer nada de sagrado, no necesita ser respetado. Podemos modelarlo a nuestro gusto. La moderna civilización de la tecnociencia ha ocupado todos los espacios con sus aparatos y ha podido penetrar en el corazón de la materia, de la vida y del universo. Todo venía envuelto con el aura del «progreso», una especie de recuperación del paraíso, en otro tiempo perdido, pero ahora reconstruido y ofrecido a todos.
Esta visión gloriosa empezó a derrumbarse en el siglo XX con las dos guerras mundiales y otras coloniales que produjeron doscientos millones de víctimas. Cuando se perpetró el mayor acto terrorista de la historia, las bombas atómicas lanzadas sobre Japón por el ejército estadounidense, que mataron a miles de personas y destruyeron la naturaleza, la humanidad se llevó un susto del cual no se ha repuesto hasta hoy. Con las armas atómicas, biológicas y químicas construidas después, nos hemos dado cuenta de que no necesitamos a Dios para hacer realidad el Apocalipsis.
No somos Dios y querer serlo nos lleva a la locura. La idea del hombre queriendo ser «Dios» se ha transformado en una pesadilla. Pero él se esconde todavía detrás del «tina» (there is no alternative) neoliberal: «no hay alternativa, este mundo es definitivo». Ridículo. Démonos cuenta de que «el saber como poder» (Bacon) cuando se realiza sin conciencia y sin límites puede autodestruirnos. ¿Qué poder tenemos sobre la naturaleza? ¿Quién domina un tsunami? ¿Quién controla el volcán chileno Puyehe? ¿Quién frena la furia de las inundaciones en las ciudades serranas de Río? ¿Quién impide el efecto letal de las partículas atómicas de uranio, de cesio y de otros elementos, liberadas por las catástrofes de Chernobyl y de Fukushima? Como dijo Heidegger en su última entrevista a Der Spiegel: «sólo un Dios podrá salvarnos».
Tenemos que aceptarnos como simples criaturas junto con todas las demás de la comunidad de vida. Tenemos el mismo origen común: el polvo de la Tierra. No somos la corona de la creación, sino un eslabón de la corriente de la vida, con una diferencia, la de ser conscientes y con la misión de «guardar y cuidar el jardín del Edén» (Gn 2,15), es decir, de mantener las condiciones de sostenibilidad de todos los ecosistemas que componen la Tierra.
Si partimos de la Biblia para legitimar la dominación de la Tierra, tenemos que volver a ella para aprender a respetarla y a cuidarla. La Tierra generó a todos. Dios ordenó: «Que la Tierra produzca seres vivos, según su especie» (Gn 1,24). Ella, por lo tanto, no es inerte; es generadora, es madre. La alianza de Dios no es solo con los seres humanos. Después del tsunami del diluvio, Dios rehizo la alianza «con nuestra descendencia y con todos los seres vivos» (Gn 9,10). Sin ellos, somos una familia menguada.
La historia muestra que la arrogancia de «ser Dios», sin nunca poder serlo, sólo nos trae desgracias. Bástenos ser simples criaturas con la misión de cuidar y respetar a la Madre Tierra. (Costa Rica Hoy)

viernes, 29 de julio de 2011

TATUAJES RELIGIOSOS Y AMULETOS


En Tailandia, muchas personas de todas las capas sociales creen que los amuletos y tatuajes con símbolos budistas tienen poderes especiales.

Dicen que ofrecen protección y atraen salud o riqueza.
Pero cada vez es mayor la lucha entre las fuerzas espirituales y la modernidad.
El gobierno ha llegado a decir que los turistas extranjeros no deberían hacerse tatuajes sagrados y que los propios tailandeses deberían hacérselos sólo de la cintura para arriba.
¿Se mantendrá viva la fe o se destruirá la magia que la rodea? Visite Tailandia a través de este video de BBC Mundo.

domingo, 19 de septiembre de 2010

PENSAR CONTRA SÍ MISMO


Debemos la casi totalidad de nuestros conocimientos a nuestras violencias, a la exacerbación de nuestro desequilibrio. Incluso Dios, por mucho que nos intrigue, no es en lo más íntimo de nosotros donde le discernimos, sino justo en el límite exterior de nuestra fiebre, en el punto preciso en el que, al afrontar nuestro furor al suyo, resulta un choque, un encuentro tan ruinoso para El como para nosotros. Alcanzado por la maldición que los actos conllevan, el violento no fuerza su naturaleza, no va más allá de sí mismo, más que para volver de nuevo a sí enfurecido, como agresor, seguido de sus empresas, que vienen a castigarle por haberlas suscitado.

No hay obra que no se vuelva contra su autor: el poema aplastará al poeta, el sistema al filósofo, el acontecimiento al hombre de acción. Se destruye cualquiera que, respondiendo a su vocación y cumpliéndola, se agita en el interior de la historia; sólo se salva quien sacrifica dones y talentos para que, liberado de su condición de hombre, pueda reposarse en el ser. Si aspiro a una carrera metafísica, no puedo a ningún precio guardar mi identidad; debo liquidar hasta el menor residuo que me quede de ella; mas si, por el contrario, me aventuro en un papel histórico, la tarea que me incumbe es exasperar mis facultades hasta que estalle con ellas. Siempre se perece por el yo que se asume; llevar un nombre es reivindicar un modo exacto de hundimiento.

Fiel a sus apariencias, el violento no se desanima, vuelve a empezar y se obstina, ya que no puede dispensarse de sufrir. ¿Que se encarniza en la perdición de los otros? Es el rodeo que toma para llegar a su propia perdición. Bajo su aire seguro de sí, bajo sus fanfarronadas, se esconde un apasionado de la desdicha. De este modo, es también entre los violentos donde se encuentran los enemigos de sí mismos. Y todos nosotros somos violentos, rabiosos que, por haber perdido la llave de la quietud, no tienen ya acceso mas que a los secretos del desgarramiento.

En lugar de dejar al tiempo triturarnos lentamente, hemos creído oportuno sobreabundar en él, añadir a sus instantes los nuestros. Ese tiempo reciente, injertado en el antiguo, ese tiempo elaborado y proyectado debía pronto revelar su virulencia; objetivándose, iba a convertirse en historia, monstruo urdido por nosotros contra nosotros mismos, fatalidad a la que no podríamos escapar, ni aun recurriendo a las fórmulas de la pasividad, a las recetas de la sabiduría.

Intentar una cura de ineficacia; meditar sobre los padres taoístas, su doctrina del abandono, del dejarse llevar, de la soberanía de la ausencia; seguir, según su ejemplo, el recorrido de la conciencia cuando deja de tenérselas con el mundo y se moldea sobre todas las cosas, como el agua, elemento al que son afectos, eso ya podemos esforzarnos en lograrlo, que no lo conseguiremos jamás. Ellos condenan juntamente nuestra curiosidad y nuestra sed de dolores; y en esto se diferencian de los místicos, y singularmente de los de la edad media, hábiles en recomendarnos las virtudes de la camisa de cerdas, de la piel de erizo, del insomnio, de la inanición y del gemido.

«La vida intensa es contraria al Tao», enseña Lao-Tse, el hombre más normal que hubiere. Pero el virus cristiano nos recome: legatarios de los flagelantes sólo refinando nuestros suplicios tomamos conciencia de nosotros mismos. ¿Qué la religión declina? Perpetuaremos sus extravagancias, como perpetuamos las maceraciones y los gritos de las celdas de antaño, ya que nuestra voluntad de sufrir iguala a la de los conventos en la época de su florecimiento. Si bien la Iglesia no goza ya del monopolio del infierno, no por eso nos tendrá menos anclados a una cadena de suspiros, al culto del padecimiento, de la alegría fulminada y de la tristeza jubilosa.

El espíritu, tanto como el cuerpo, paga los gastos de la «vida intensa». Maestros en el arte de pensar contra sí mismos, Nietzsche, Baudelaire y Dostoievski nos han enseñado a apostar por nuestros peligros, a ampliar la esfera de nuestros males, a adquirir existencia por la división de nuestro ser. Y lo que a los ojos del gran chino era símbolo de decadencia, ejercicio de imperfección, constituye para nosotros la única modalidad de poseernos, de entrar en contacto con nosotros mismos.

«Que el hombre no ame nada y será invulnerable». («Chuang?tzé»). Máxima profunda como inoperante. ¿Cómo alcanzar el apogeo de la indiferencia, cuando nuestra misma apatía es tensión, conflicto, agresividad? No hay ningún sabio entre nuestros antecesores, sino insatisfechos, veleidosos, frenéticos, cuyas decepciones y desbordamientos nos será preciso prolongar.

Siempre según nuestros chinos, sólo el espíritu desapegado penetra en la esencia del Tao; el apasionado no percibe más que los efectos: el descenso a las profundidades exige el silencio, la suspensión de nuestras vibraciones, léase de nuestras facultades. Pero ¿no es ya revelador que nuestra aspiración a lo absoluto se exprese en términos de actividad, de combate, que un Kierkegaard se titule «caballero de la fe», y que Pascal. no sea nada más que un panfletario? Atacamos y nos debatimos; no conocemos, pues, más que los efectos del Tao. Por lo demás, la quiebra del quietismo, equivalente europeo del taoísmo, dice mucho sobre nuestras posibilidades y nuestras perspectivas.

No veo nada más contrario a nuestras costumbres que el aprendizaje de la pasividad. (La época moderna comienza con dos histéricos: Don Quijote y Lutero.) Si elaboramos tiempo, si lo producimos, es por repugnancia a la hegemonía de la esencia y a la sumisión contemplativa que supone. El taoísmo me parece la primera y última palabra de la sabiduría: soy; sin embargo, refractario a él, mis instintos lo rechazan, como rechazan doblegarse a lo que sea, hasta tal punto pesa sobre nosotros la herencia de la rebelión. ¿Nuestro mal? Siglos de atención al tiempo, de idolatría del futuro. ¿Nos libraremos de él por algún recurso de la China o de la india?

JCP-http://ulpilex.es/Vitruvius/politica/pensar-contra-si-mismo/#more-1358

domingo, 1 de agosto de 2010

CARL SAGAN: "EL MUNDO Y SUS DEMONIOS"


Éste libro de Sagan es una joya para el pensador escéptico. Sagan escribe junto con su esposa Ann Druyan varios capítulos. El título "El mundo perseguido por demonios. La ciencia como una vela en la oscuridad", lo dice todo. Demon significa Conocimiento en griego. Su título es una alegoría a los monstruos del oscurantismo de la humanidad, que en lo general se iluminó con la ilustración, pero que en lo particular no ha sido lo suficientemente iluminada. Hoy en día hay porcentajes impresionantes (81% en los EEUU) de personas que todavía creen que el mundo fue creado por un dios en 7 días y rechazan la teoría de la evolución (ciencia). Hoy en día hay gente que todavía cree que porque la biblia lo dice, la tierra no es redonda o que el sol gira alrededor de la tierra. Hace menos de 20 años, en 1993, un Sheik de Arabia Saudita determinó que quien dijera que la tierra era redonda, contradecía el Corán y por lo tanto no creía en dios, y debía ser castigado.
Sagan escribe un libro que cuestiona todo aquello que nos gusta creer pero que no hay evidencia para probar. No es una apología contra la religión, al contrario, el hecho de que Sagan sea un científico, y en consecuencia, un escéptico natural, no lo lleva a la postura de la negación o del ataque. Sagan simplemente hace preguntas, las responde y nos lleva de la mano a lo largo de 434 páginas por un mundo de lógica y racionalidad.
La ciencia no puede ser secreta, no puede pertenecer a unos cuantos, su razón de ser es colaborativa, abierta, democrática.
Los primeros capítulos están dedicados ampliamente al caso de las abducciones por extraterrestres, Sagan cuestiona y disecciona las "evidencias", equipara la alucinación colectiva de los E.T.´s con la alucinación colectiva de las brujas. Si les cansa un poco el principio dedicado únicamente a abducciones, sigan leyendo, no se arrepentirán. El libro va mucho más allá de un astrónomo intentando negar que existan los E.T.´s, al contrario, yo creo que si alguien deseó más que nadie que no estemos solos en ese enorme universo, es Carl Sagan. "En su encuentro con la naturaleza, la ciencia invariablemente evoca un sentido de reverencia y admiración". Carl Sagan no piensa que la ciencia sea superior a la naturaleza, ni que el científico sea todopoderoso. Al contrario critica a los científicos que hacen uso de su conomiento para el mal, y al mismo tiempo critica a la cultura popular que representa al científico como un loco incontrolado o un nerd a-social.
Cada semi-prueba que presentan las pseudociencias, la cultura popular y las creencias tradicionales es refutada con la lógica y la ciencia. Sagan hace su caso y lo defiende impecablemente: por qué debemos aprender ciencias, por qué debemos ser escépticos pero al mismo tiempo mantener la capacidad de admiración. Por qué la ciencia, el método científico es democracia, y por ende importante para una sociedad plural, democrática y libre.
El libro de Sagan habla sobre astronomía, física, psicología, pseudociencias, filosofía, política, historia. Critica a los gobiernos del mundo, critica a los charlatanes, critica a los débiles de razón.
Cómo ser escéptico, cómo cuestionar lo que se presenta ante mi como verdadero? Para ello Sagan nos "regala" en dos capítulos el kit de detección de disparates. El argumento básico de Sagan es que una mente escéptica busca la verdad, aunque no le guste. Charlatanes hay en todos lados, y se aprovechan del ánimo de la gente de creer lo que es cómodo, lo que es bonito, lo que nos ilusiona. Y Sagan no se refiere con ello a los lectores de cartas, a los magos, a los mediums y prestidigitadores, a los abducidos por extraterrestres, también se refiere a los políticos, a los economistas, a los vendedores de ilusiones y a los ministros de la fe.

"La magia, debe ser recordado, es un arte que requiere de la colaboración entre el artista y su público"
- E.M. Butler
The Myth of the Magus (1948)

En el capítulo "El dragón en mi garage" demuestra cómo la evidencia es necesaria para demostrar algo. El capítulo comienza diciendo, créeme que tengo un dragón en mi garage, ante la solicitud de evidencia, como la más obvia, ver el dragón; el dueño del dragón dirá, no lo puedes ver, porque es invisible...pero aún así créeme que tengo un dragón en mi garage...

La dedicatoria del libro lo dice todo:
"a Tonio, mi nieto. Te deseo un mundo libre de demonios y lleno de luz."
Es un libro para leer y releer, ojalá y existiera un equivalente para niños, pues como Sagan reclama, los niños son científicos por naturaleza y el sistema escolar les apaga esa inquietud de entenderlo todo, de saberlo todo y de maravillarse ante todo.
La educación es la clave de la civilización, la ciencia y el método científico son la clave de la libertad y la libertad es el instrumento para ser verdaderamente humanos.

"El miedo a las cosas invisibles es la semilla natural de lo que cada uno llama religión"
-Thomas Hobbes
Leviatán (1651)

En el capítulo final Sagan copia una cita importantísima, que nunca debemos olvidar los ciudadanos de una democracia:

"No es función del gobierno evitar que el ciudadano caiga en el error,
es función del ciudadano evitar que el gobierno pueda caer en el error."
- Robert H. jackson, 1950
Juez de la Suprema Corte de los Estados Unidos

Fuente: http://gerasplace-reloaded.blogspot.com