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lunes, 26 de marzo de 2012

LA NOVIA DEL SANTO

Leticia Garza Serrano

Irma González, La Novia del Santo, pisó por primera vez un ring cuando las luchas entre mujeres estaban aún prohibidas. Fue campeona mundial e incluso peleó al lado de su hija, también luchadora. A sus 70 años se dedica a entrenar a las futuras promesas de la lucha libre.
¡Mátala! ¡Dale en su madre!, le grita el público a La Novia del Santo, que está parada sobre la tercera cuerda del ring, usa un leotardo azul y una máscara plateada, tal como la de El Santo, la máxima leyenda de la lucha libre mexicana. La gladiadora enmascarada agita los brazos con las palmas hacia arriba, pidiendo al público que diga más, que grite más fuerte. De pronto salta desde la cuerda más alta y agarra de la muñeca a su contrincante, Chabela Romero, le aplica una llave que la obliga a girar y la azota con fuerza contra la lona. Se acerca a su oponente, una mujer morena y fornida que continúa tendida en el piso, brinca y cae sobre su tórax de un sentón, le sujeta con furia los brazos y le grita al árbitro – ¡Cuéntele!.
 
El árbitro apenas y llega a pronunciar el número dos cuando desde las gradas le grita un hombre – ¡Con huevos, Irma!
La gladiadora gira rápidamente la cabeza: la reconocieron y eso es peligroso. Ella juró a su futuro esposo que dejaría los encordados y por eso se esconde tras la máscara para luchar tan solo siete meses más, hasta que llegue el día de su boda.
La Novia del Santo pierde la concentración y su rival hace un movimiento rápido con la cadera que las obliga a intercambiar posiciones. La enmascarada está ahora boca abajo, soportando los 70 kilos de peso de su oponente y forcejea para soltarse. De pronto, La Novia del Santo se impulsa hacia arriba con la fuerza de las piernas y avienta a su oponente lejos, corre hacia ella, la agarra de la cintura, la levanta por el aire y la avienta a unos tres metros. Chabela rueda sobre la lona y justo antes de caer del ring se detiene, se incorpora y tambaleándose camina hacia su rival y le tiende la mano en señal de paz. El público continúa exclamando ¡Dale! ¡Mátala!, así que Irma sigue el consejo de sus admiradores y le aplica a la morena una última llave que la deja tendida. El réferi cuenta hasta tres.
Una década más adelante, las gladiadoras, que eran ya rivales consumadas, protagonizaron uno de los encuentros femeniles más feroces de su época. La portada de la revista El Halcón, especializada en lucha libre, lo muestra con crudeza: Irma González está sangrando profusamente de la frente y en su mano derecha sostiene una rasuradora con la que rapa a Chabela Romero, que forcejea sentada en la lona. La legendaria luchadora, a quien La Novia del Santo recuerda como “mi adorada enemiga”, apostó la cabellera y la perdió.
 
Es 1984 y El Santo, ha congregado a más de 10 mil personas entre políticos, artistas, deportistas y admiradores. Rodolfo Guzmán Huerta está recostado en un féretro en Mausoleos del Ángel, uno de los principales panteones de la ciudad de México. Lleva puesta su máscara y así será enterrado.
En los pasillos se escucha que nunca habrá otro igual, que él ya sabía que iba a morir y por eso había mostrado parte de su rostro en el noticiero más importante de la televisión nacional, que era un auténtico súper héroe, que era de verdad un santo. Y es que El Enmascarado de Plata creó un mito que muchos santos reconocidos por el Vaticano quisieran tener. Fue luchador durante cuatro décadas en las cuales su personaje trascendió el ring y se transformó en un símbolo de justicia para el hombre común. Los 52 largometrajes que protagonizó lo convirtieron en una leyenda del cine de culto y dio rostro al primer personaje luchador de la historieta mexicana.
El Santo fue consejero, confidente y admirador de Irma González, pero nunca fueron pareja. El mito de La Novia del Santo fue una rebelde estrategia de la luchadora para no abandonar el ring: su futuro esposo le pidió que dejara las arenas así que ella se acercó a El Enmascarado de Plata y le pidió permiso para usar su nombre y su máscara. El nuevo personaje resultó ser un éxito en las taquillas y un triunfo más para Irma González, que como ella misma afirma, siempre ha hecho lo que ha querido.
 
A las seis de la mañana en punto se levanta la señora Irma González, tiende su cama, barre la casa, saca la basura y desayuna. A las siete y media toma un espejo hexagonal de madera y un peine de dientes anchos, cepilla su cabellera rizada color rojo caoba y se retoca el maquillaje; ella es una mujer coqueta, que a sus 75 años no pierde el estilo desafiante y elegante al vestir, tal como cuando era conocida como La Novia del Santo.
Irma sufre desde hace siete años de un intenso dolor en las rodillas, la única solución, dicen los médicos, es operarla. Pero si trabajó por 50 años en un medio donde los cuerpos perfectos son idolatrados y no se realizó cirugía estética alguna, ahora no permitirá que se le acerque un bisturí.
Por eso, para la única esteta que ha logrado cubrir cinco décadas de lucha libre, viajar de su hogar al gimnasio es toda una odisea: baja lentamente tres pisos para llegar a la calle, camina con parsimonia hasta la avenida y toma un pesero que recorre Nezahualcóyotl, un barrio popular al suroeste de la ciudad de México que está asentado en el antiguo Lago de Texcoco, donde se gestó Tenochtitlán. Después de media hora, la luchadora llega al Bull’s Gym y sube cuatro pisos a través de una escalera estrecha de paredes descarapeladas, entra a los vestidores y tras unos minutos sale ataviada de un leotardo de cuerpo completo elaborado con terciopelo negro. El atuendo la hace lucir más alta, apenas y se nota su metro y medio de estatura. Cuando Irma entra al salón se impone el silencio, ella se acerca al ring y se pinta los labios de rojo. Después dice con autoridad – Luchadores al ring. La clase está por comenzar.
Irma González, quien es conocida por desafiar desde los 13 años de edad la prohibición de los combates entre mujeres, llegó a ser Campeona Mundial de Lucha Libre, cantante, compositora, actriz, madre y maestra de las futuras promesas del mundo de los costalazos. Ahora se dedica en exclusiva a los dos últimos oficios.
***
Irma González fue gladiadora primero por accidente y luego por convicción.
Cuando tenía trece años una amiga, que era luchadora, la invitó a reemplazar en una función a una compañera que había faltado. “Yo le dije que no, que esas usaban unas bolotas en las manos. Mi amiga se carcajeó y me dijo que esto era lucha libre, no box y me aseguró que yo no iba a hacer nada, solo pararme en el ring, agarrarme de la cuerda y esperar… pero se madrearon a mi amiga y luego a mí. Al final me pagaron 125 pesos, una buena lana, así que regresé a los ocho días y de ahí ya no paré”, narra la esteta.
Carlos Monsiváis, en su libro Los Rituales de Caos, describe a las luchas como “el espectáculo del exceso … una genuina comedia humana, donde los matices de la pasión (disimulo, crueldad refinada, fariseísmo, la sensación de no deber nada a nadie) hallan el signo que los aloja, los expresa y los conduce al triunfo… arenas miserables, olores que no pueden ser obra de una sola generación, sillerío que informa delos bajos ingresos de la concurrencia, fatiga de los actores e interpretes…los ídolos suelen ser sexagenarios o hasta septuagenarios”.
Ese misticismo fascinó desde temprano a Irma, que dejó el negocio familiar por otro en el cual fue reconocida como campeona del mundo. La luchadora creció junto a ocho hermanos en un circo propiedad de su padre, en el cual desde los seis años fue trapecista, contorsionista y amaestradora de perros. Gracias a esas habilidades, cuando empezó a entrenar en la arena de Tepito, el emblemático barrio bravo de la ciudad de México, pronto ganó admiradores y también fue víctima de envidias. Cuando regresaba al vestidor encontraba sus zapatos clavados al piso, su ropa desaparecida y la bolsa llena de cucarachas.
El oficio que destrozó las rodillas de Irma y le dejó de recuerdo un cicatriz de ocho centímetros en la frente, también la volvió protagonista de momentos históricos. El 25 de mayo de 1980 en el Toreo de Cuatro Caminos, a las afueras de la ciudad de México, Irma González derrotó a la estadounidense Vicky Williams para coronarse como campeona mundial de lucha libre de la Universal Wrestling Association. El 21 de septiembre de 1986, participó en la primera confrontación entre féminas que se realizó de forma legal en la capital del país. Desde los años 50 se había impuesto la prohibición de la práctica de la lucha libre femenil y la participación de damas en las funciones de las arenas de la capital del país. Por ello, la generación de estetas a la que pertenece La Novia del Santo se forjó en arenas del norte del país y zonas vecinas al Distrito Federal.
 
Por si fuera poco, Irma obtuvo también el campeonato internacional de lucha libre de parejas, haciendo mancuerna con su hija Irma Aguilar. Madre e hija formaron por 30 años una de las mejores duplas de la lucha libre mexicana y a pesar de haber presenciado cómo era golpeada su única hija, para Irma González recuerda esos como sus años más felices en el pancracio.
***
En el escenario está parada una joven que luce sonriente y nerviosa. Porta un atuendo de mariachi color blanco, una falda larga y recta y un sombrero grande que piensa llevar a Japón para obsequiarlo después de su próxima pelea. Junto a ella está un hombre maduro, ataviado de un traje sastre café, que acerca un micrófono antiguo a sus labios y dice:
- Ese fue el mariachi de Silvestre Vargas Junior, y con este marco musical traemos la presencia de la primera figura de esta noche. Ella es la Campeona Mundial de Lucha Libre y ahora invade el difícil terreno de la música folklórica, con ustedes, Irma González.
Ella respira profundo, sonríe nuevamente, saluda al público y empieza a cantar Si nos dejan, una canción ranchera compuesta por José Alfredo Jiménez.
Si nos dejan
Nos vamos a querer toda la vida
Si nos dejan
Nos vamos a vivir a un mundo nuevo
Yo creo podemos ver
El nuevo amanecer
De un nuevo día
Yo pienso que tu y yo
Podemos ser felices todavía
“Yo hice casi todo lo que quise, fui cirquera, luchadora, actriz, cantante y compositora”, dice con orgullo la septuagenaria maestra de lucha libre, a quien es posible observar en sus mejores momentos en películas como Las Luchadoras contra el Médico Asesino, Las Luchadoras contra las Momias y Los Hermanos del Viento. Le gusta presumir que es la autora de “El mandilón”, una canción que fue inspirada en su primer esposo, ese que le prohibió seguir luchando. Siete meses después de que nació La Novia del Santo, Irma González contrajo matrimonio. Tres meses después, su esposo huyó y dejó a La Novia del Santo embarazada, ahora era una madre soltera que necesitaba dinero para mantener a su hija, así que 15 días después del parto ya estaba de vuelta en el ring.
Hoy, Irma González tiene una hija, dos nietos, tres bisnietos y 75 años de edad.
- Oye abue, ¿deveras fuiste luchadora? – Le pregunta uno de los más jóvenes de su estirpe.
La maestra de lucha libre responde afirmativamente y le muestra unos videos que dejan al nieto atónito al observar a su abuela cargar por los aires a mujeres más altas que ella y lanzarlas con fuerza contra la lona. Así que el pequeño se anima a preguntarle:
- Abuelita, ¿de verdad fuiste la novia de El Santo?
Irma suelta una carcajada. (Periodismo Portátil y gráficas de Sensacional de Luchas)



jueves, 18 de noviembre de 2010

SANTO EN EL MUSEO DEL SEXO

Por Bernardo Esquinca

Una boca abierta dentro de una máscara plateada. Una mujer descubre sus pechos puntiagudos como dos colmillos. Las manos que antes aplicaron llaves sobre cuerpos sudorosos y musculosos se abren, enormes, en busca de humedades más suavesy profundas. La pantalla en blanco y negro reverbera mientras las figuras se acercan rodeadas de esculturas prehispánicas. El combate de la carne se da en medio de inevitables dentelladas...
Todo mito que se precie de serlo, engendra un mito dentro de sí mismo. A la leyenda del cuadrilátero, la del hombre que enfrentó a zombis, momias, marcianos y capulinas (no arañas mutantes, sino al mismísimo Gaspar Henaine) sin desfallecer ni amedrentarse, se le tiene que agregar una leyenda urbana que, como tal, ha ido creciendo de boca en boca, de oreja en oreja, lubricando la imaginación y los pensamientos de sus seguidores: existen filmes pornográficos del Santo, el enmascarado de plata, el ídolo del pancracio. Los rumores, por supuesto, provienen de lugares tan ignotos como los escenarios donde se desarrollaron sus aventuras: "En los sótanos del Cineforo de la Universidad de Guadalajara hay unos rollos perdidos." Y la leyenda crece. "En un ring de Catemaco hay funciones secretas." Y el chisme aumenta. "Los herederos las tienen pero las consideran una vergüenza." Y la fe no desfallece. "Sí, un primo de un tío de un amigo vio uno." Y el mito evoluciona incluso hasta ser consignado, como en el sitio web "Estrellas del cine mexicano", del Tecnológico de Monterrey, donde Maximiliano Maza escribe:
En sus aventuras, el Santo siempre estuvo rodeado de bellas y atrevidas mujeres [...] Otras más, como la singular Meche Carreño de El barón Brákola, llegaron a quitarse la ropa en versiones editadas "para público adulto" que se exhibieron fuera de México. Estas desinhibidas "versiones para exportación" de las aventuras del Santo fueron las que conquistaron los mercados de España, Francia y los Estados Unidos. De ellas, la más popular fue Santo en el tesoro de Drácula (1968) que en el extranjero fue conocida como El vampiro y el sexo.

Sólo basta cerrar los ojos para ver una imagen de dicho filme: Dos mujeres se besan, enredan sus lenguas, se muerden hasta cortarse los labios y después lamen, ansiosas, las gotas carmesí. Unos ojos observan dentro de una máscara plateada. El cuerpo cuelga de cadenas. Lo envuelve la fría oscuridad de una catacumba. Las bocas hambrientas se despegan y enseñan sus dientes afilados. Las criaturas miran, lúbricas, el torso desnudo y sangrante del héroe caído. Se abalanzan sobre él, succionan sus pezones, le rasgan la piel, vampirizan su sexo...
Si lo pensamos bien, no resulta descabellada la idea de que el Santo filmara versiones para adultos de sus películas. En una filmografía que incluye títulos como El tesoro de Moctezuma, La venganza de la Llorona y Santo contra el asesino de la televisión, todo es posible. Además, bien pudo ser uno de los precursores del sexo fetichista y sadomasoquista en el cine: su máscara, capa y botas quizá anticiparon a la ahora muy desarrollada cultura del látex y las capuchas de cuero utilizadas en el bondage. Si a esto sumamos los calabozos y las celdas en las que el héroe continuamente era sometido y encadenado, podríamos estar hablando no sólo de un delirio erótico con escasos precedentes, sino con todo el sello del surrealismo mexicano. Nuestro país no se distingue precisamente por ser un productor importante de filmes pornográficos; de hecho, la industria es incipiente. Si en verdad existen las películas porno del Santo, su relevancia trascendería la mera anécdota y se instalaría en el terreno de la historia del cine nacional, en un capítulo licencioso que modificaría significativamente su pasado.


El vampiro y el sexo
2
"En la Arena México pregunta por El Monje, vende máscaras, él tiene lo que buscas", me había dicho el día anterior un conocido mientras orinábamos en un bar de Garibaldi. Viernes de lucha. La Colonia Doctores, sumergida en una mugre que parece caerle del cielo, recibe a los fanáticos del pancracio. El Monje no está por ningún lado, pero una señora de senos descomunales me informa que "lo encuentras en el Chopo".
El domingo llueve desde temprano. Es una lluvia delgada que no espanta a la multitud reunida en el tianguis de la Colonia Guerrero. Después de deambular y preguntar durante un par de horas, en un puesto de tatuajes y piercing, finalmente alguien conoce al Monje. Un darketo vestido de cuero y con amplias sombras moradas pintadas alrededor de los ojos —vampiro cyberpunk— me pide que lo siga. ¿Serán los herederos de la leyenda porno del Santo —me pregunto—, un culto secreto que cambió las máscaras por los aretes y las capas por las gabardinas negras? Minutos después estamos frente al Monje, un hombre gordo con cara de niño, que atiende un puesto de videos pirata. Una vez que le comento lo que busco, mete la mano bajo el mostrador y extrae un videocasete que carece de etiquetas. Me lo entrega sin mayor ceremonia y después se dedica a comer una torta gigante. Incluso ni me cobra, lo cual despierta en mí sentimientos encontrados: o me está tomando el pelo o realmente estoy ante una cofradía que comparte generosamente sus tesoros con los iniciados. Como si leyera mis pensamientos, el Monje cierra los ojos y revela la máscara del Santo tatuada en cada uno de sus párpados.
Ya frente al televisor, con la pantalla en azul, mi dedo tiembla y se niega a presionar el botón de play. Algunos misterios no deben ser aclarados, pienso. Extraigo el videocasete y lo tiro a la basura. Me acuesto en la cama y me entrego al sueño, en busca del filme interior, el único que realmente existe, dentro del ring de la mente, a dos de tres caídas y sin límite de tiempo...
Un hombre desnudo yace sobre una cama con dosel. Lentamente se incorpora. Las heridas en su carne muestran una cruenta batalla. Las sábanas también tienen costras: sangre, mucosas, semen. Camina tambaleante por la habitación estilo virreinal hasta un amplio espejo con marco de oro. La superficie cromada no reproduce su reflejo. En el suelo yace una máscara plateada de ojos vacíos. La puerta se abre con un rechinido característico. Un pie descalzo de mujer asoma: el centelleo de un empeine blanquísimo en la penumbra. Un penetrante olor a animales nocturnos comienza a flotar en el aire. Ambas criaturas sonríen: saben que en los territorios de la carne siempre habrá un cuerpo dispuesto a ser sacrificado.

Fuente: Letras Libres.

lunes, 27 de septiembre de 2010

PRONTO: LA PELÍCULA CENSURADA DE "EL SANTO"

Perdida, un documental de Viviana García Besné y Alistair Tremps (España-México, 2009), presentado recientemente en el Cuarto Festival de Cine Documental de la Ciudad de México, ha dejado al descubierto que verdaderamente existen los negativos originales de El vampiro y el sexo, donde las vampiras se mostraban al natural, así como la protagonista, Noelia Noel, que exponía generosamente sus senos para que Aldo Monti, “Drácula”, se rindiera.
La película de El enmascarado de plata, originalmente filmada a colores (conocida también en su versión blanco y negro y sin desnudos como Santo en el tesoro de Drácula), dirigida por René Cardona y producida por Guillermo Calderón Steel en 1968, salió al ajo para volverse Película maldita y de culto, gracias a unos stills publicados en el número 26 de la revista Cine hace 29 años.
Infructuosamente nadie, a no ser unos cuantos aquí, pudieron ver la versión con desnudos que iba para Europa y Estados Unidos y su mito alcanzó algunos artículos de fondo (y trasfondo del asunto) en un par de números de la revista Rolling Stone (el 28, de 2005 y el 42, de 2006) y uno reciente, de este año, en la revista Toma 3. Sin embargo, por justicia divina (o quién sabe si demoníaca), Viviana García tuvo a bien abrir sin y con permiso la bodega de su abuelo, Guillermo Calderón Steel y localizar los rollos de El vampiro y el sexo.
Luego de desempolvarlos y limpiarlos, Viviana ofrece por primera vez pietaje selecto del más pecaminoso (la edición que no iba para El Vaticano, según Aldo Monti) en Perdida que, desde ahora, será la referencia obligada de los fanáticos del “Fantástico Mexicano”, hasta que no salgan los DVD. Y para ellos dentro de un ámbito de producción fantástica que poco conocen de Calderón Steel una perla más que también encontró su nieta: la versión ultra-hard de La horripilante bestia humana y otros bonus hasta ahora no conocidos: Horror y sexo, El asesino loco y Los leprosos y el sexo. (El Universal)