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jueves, 2 de mayo de 2013
¿A QUE VIENE OBAMA?
"Evolving U.S.-Mexico Relations and Obama's Visit is republished with permission of Stratfor."
lunes, 20 de febrero de 2012
La invasión ya está aquí
Mouris Sailloum George
Ante la imposibilidad de ocultar la efímera presencia en México del director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos, David H. Petraeus, el gobierno de Felipe Calderón se limitó a enmarcar en el sigilo los contenidos del encuentro personal del mandatario con el funcionario visitante, quien hizo además contacto con los más conspicuos integrantes del gabinete de Seguridad Nacional, entre ellos, por supuesto, los secretarios de la Defensa Nacional, Marina y Gobernación, general Guillermo Galván Galván, almirante Francisco Saynez Mendoza y Alejandro Poiré Romero, respectivamente.
Desde luego, no puede pasarse por alto el dato de que el tenebroso visitante se apersona en México cuando el proceso de sucesión presidencial de 2012 ha entrado ya en su ruta crítica y las expectativas de permanencia del Partido Acción Nacional en el poder, desde la perspectiva del momento, son harto precarias, y crece el clamor nacional de que la estrategia de la guerra contra el narco debe ser sometida a una severa revisión y reorientación para frenar el baño de sangre que tantas víctimas ha cobrado.
Para quienes preocupa la suerte del país a consecuencia del incesante ejercicio de guerra entre Estado y crimen organizado, y el activismo de movimientos civiles emergentes que encabezan la protesta social por el desastre económico, resulta insuficiente la explicación gubernamental de que el director de la CIA solo ocupó su agenda en acuerdos binacionales para la coordinación y colaboración en materia de seguridad.
No es gratuita esa preocupación frente al hecho de que en los últimos meses el gobierno mexicano ha ampliado su licencia para que Washington despliegue personal de sus diversas agencias, incluso militares, en tareas de espionaje y de activa participación en operaciones anticrimen, como aceptación de que las Fuerzas Armadas mexicanas y corporaciones policiales no han podido derrotar la delincuencia organizada por sus propios medios.
En los Estados Unidos ya es del dominio público que -con independencia de los resultados de la elección presidencial en noviembre próximo- la Casa Blanca debe dar saltos adelante en el análisis y la acción respecto de la inestable situación de México a causa de la violencia. Cada vez con más frecuencia se conoce literatura de enclaves como el Centro de Estudios Avanzados sobre Terrorismo, del Colegio de Guerra del Ejército y la Universidad Militar Americana, etcétera, así como del Congreso, que postulan la radicalización de la política intervencionista, so capa de que el propio gobierno mexicano la está solicitando.
Al tenor de esos estudios, se considera que, relativamente menguados Al Qaeda y el Islam radical en el Medio Oriente, la atención militar de los Estados Unidos debe trasladarse de Irak y Afganistán hacia México, donde la delincuencia “de alta intensidad” -insurgencia activa, se le codifica- ha generado un escenario de guerra convencional que, dada su característica de “guerra multidimensional”, impone el imperativo estratégico de una respuesta contrainsurgente.
Uno de los textos más ominosos se le atribuye a un asesor del Comando Norte -Johnny M. Lairsey junior-, quien advierte que los Estados Unidos debe hacer valer sus poderes nacionales -entre los que se insertan las Fuerzas Armadas- para derrotar a las organizaciones de la delincuencia trasnacional yayudar a mejorar las condiciones en México. Más ominoso resulta aún que el gobierno mexicano responda con el silencio o el disimulo hacia esa tácita declaración de guerra.
Lo peor del caso es que ninguno de los precandidatos presidenciales se da por enterado de la inminente amenaza. Otros, prácticamente la legitiman. (Voces del Periodista)
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lunes, 31 de octubre de 2011
"Todos los días son Día de Muertos"
MÉXICO (Por Marjorie Miller, de AP).- Casi dos décadas después de que me fui de México, regresé en el Día de los Muertos, un festejo tan colorido como macabro, que se remonta a los tiempos de los aztecas pero que se celebra en el Día de Todos los Santos.
En el Día de Muertos las familias realizan comidas en los cementerios y decoran las tumbas de los seres queridos fallecidos con caléndulas, velas y calaveras de azúcar. La celebración de cada 2 de noviembre siempre fue una de mis favoritas, como le conté a un amigo que me recibió en el aeropuerto de la Ciudad de México en las mismas fechas del año pasado.
"Ahora todos los días son el Día de los Muertos", me respondió secamente. "Tenemos 40,000 días de muertos".
Mi amigo aludía a la cantidad de gente que se cree falleció desde que Felipe Calderón asumió la Presidencia y lanzó una ofensiva contra los carteles que trafican drogas. Mientras recorríamos una capital más moderna y próspera que la que dejé en 1993, me habló de un país en el que ha habido muchos avances pero que al mismo tiempo padece una barbarie.
Había más familias visitando más tumbas.
El México que yo dejé era gobernado todavía por el PRI, que detentó el poder casi 70 años mediante una mezcla de asignaciones de fondos con fines proselitistas y de fraude.
La retórica política era antiestadounidense. Todavía no se anos modernos construyen sobre las ruinas de generaciones pasadas. Han sido derribados viejos edificios del Paseo de la Reforma en la capital. La Bolsa den caros. Internet estaba apenas comenzando y la mayoría de los mexicanos se informaban a través de medios subsidiados por el gobierno que resaltaban las actividades del Presidente y las obras públicas.
Ya operaban los carteles de las drogas, que transportaban cocaína sudamericana y mariguana mexicana al norte para abastecer el voraz apetito de Estados Unidos por drogas ilegales. Sin duda, había violencia en la década de 1990.
El arzobispo de Guadalajara fue asesinado por barones de la droga en lo que fue catalogado como "un error" y también al candidato presidencial priista Luis Donaldo Colosio, en un caso jamás aclarado.
Además, apareció la guerrilla el El EZLN en Chiapas para exigir justicia.
México, no obstante, no era visto como un país particularmente violento por entonces. No se llevaba la cuenta de los muertos.
Hoy me encuentro con un país muy cambiado, que a veces parece estar volviendo al punto de partida. Elecciones limpias llevaron al gobierno al PAN de Calderón hace una década, pero los mexicanos parecen encaminados a devolver el poder al PRI.Igual que los aztecas y los españoles, los mexicanos modernos construyen sobre las ruinas de generaciones pasadas. Han sido derribados viejos edificios del Paseo de la Reforma en la capital. La Bolsa de Valores, que otrora sobresalía en el bulevar como un solitario cactus saguaro en el desierto, está rodeada ahora de grandes edificios que albergan bancos y hoteles internacionales. Hay cafés Starbucks en muchas esquinas, reflejando la globalización de México. También es evidente la mexicanización del Starbucks local, que ofrece el típico pan de muerto. Los políticos mexicanos son a veces abiertamente proestadounidenses y México es verdaderamente multinacional, al punto de que cuenta grandes tiendas e la cadena Costco y con concesionarias de Ferrari. Los platos esmaltados que usan tradicionalmente los pobres ya no son fabricados en el país sino que vienen de la China. Por otro lado, México exporta más productos manufacturados que petróleo, al revés de lo que sucedía 20 años atrás, lo que es un signo de una economía más desarrollada. El libre comercio de comestibles hizo que muchos agricultores se fuesen a las ciudades, donde hay una clase media visiblemente más grande, pero también llena de jóvenes ``nini'': que ni estudian ni trabajan y son susceptibles a terminar al servicio de los carteles de las drogas.Los diarios son más profesionales y no dependen de la publicidad oficial. La cadena televisiva estatal Televisa sigue siendo la más popular en el campo, pero en las ciudades grandes hay disponibles canales de cable que ofrecen una cobertura noticiosa más punzante y crítica.La televisión continúa mostrando voluptuosas mujeres ligeramente vestidas para dar el estado del tiempo y quienes parecen que hubieran parado en la estación de regreso de una fiesta.Se alternan con locutores en trajes negros que dan el parte de los muertos del día, como si estuviesen dando el estado del tiempo. Un diario tiene un nombre para esa cuenta macabra: el ejecutómetro. A menudo se tiene la sensación de que la violencia es algo que sucede lejos de Ciudad de México. Se dice que los grandes capos quieren venir de compras y lavar su dinero aquí, y no desean atraer la atención de las autoridades, por lo que hacen sus ajustes de cuentas en otros sitios. Mis amigos me preguntan si la capital es segura, y, como tantos políticos y la mayor parte de la gente de aquí, les digo que me siento a salvo porque las matanzas generalmente ocurren en otros lugares. Salimos a cenar, vamos al cine o al teatro. Los domingos no se permite el tránsito de automóviles en el Paseo de la Reforma, que es invadido por bicicletas, sobre todo en la primavera, cuan sido decapitadas y las cabezas son exhibidas como si fuesen trofeos aztecas... o golosinas del Día de los Muertos. Los mexicanos tratan de adaptarlas e incluso en las novelas que se transmiten todas las noches por televisión. Los mexicanos, siempre creativos con su vocabulario, hablan de narcomascotas (el pavo real) y de camisetas narcopolo (imitaciones de Ralph Lauren).La violencia hace apariciones fantasmales en fiestas y reuniones familiares, donde a un comensal le faltan tres dedos, recuerdo de su secuestro y también de los tres mensajes que recibió su familia con demandas de rescate. En una recepción navideña, el dueño de una cadena de salas de cine relata historias de extorsiones y del pistolero que siguió a su presa a un cine de Ciudad Juárez y esperó a que terminase la película para matarlo.El México que tanto disfruté antes se encogió a la mitad si hablamos del territorio que ya no es considerado seguro: Los estados de Durango y Tamaulipas son sumamente peligrosos, lo mismo que la mayor parte de Michoacán.En las ciudades de Monterrey y Guadalajara, en Acapulco y, más recientemente, en el puerto de Veracruz, las cosas no pintan bien y se están poniendo peor. Aparecen cadáveres colgando de puentes y camiones que arrojan decenas de cuerpos a la calle. Muchas de las víctimas hs no tendrán participación en algunos casos. Ya pasaron 12 meses desde mi retorno y las caléndulas han florecido nuevamente. Se venden calase. En las carreteras de Zacatecas abundan los robos y secuestros, según informa en primera plana el diario Reforma. Ahora es mejor usar otras rutas. En lugar de planificar bodas en Acapulco, los pudientes lo hacen en la Ciudad de México. A veces se dice que la gente no votará por el partido en el poder sino por los otros, tal vez añorando los tiempos en que no había tanta violencia. México es un país donde se producen muchos asesinatos en masa. Las atrocidades se suceden una a la vez o también por olas, y luego de las previsibles manifestaciones de condena e indignación, las cosas no cambian demasiado.Las matanzas pasan a ser una frase hecha: 72 migrantes que fueron asesinados en Tamaulipas o los 183 cadáveres excavados de fosas comunes allí mismo.Los 52 muertos en casino de Monterrey incendiado, los 35 cadáveres arrojados en Boca del Río, Veracruz, o las fosas clandestinas de Durango, donde fueron hallados más cadáveres que en Tamaulipas: 224. El gobierno dice que la violencia obedece a que los miembros de los cárteles se están matando entre ellos mismos, pero las bajas de inocentes van en aumento y algunos mexicanos se preguntan si las autoridades no tendrán participación en algunos casos. Ya pasaron 12 meses desde mi retorno y las caléndulas han florecido nuevamente. Se venden calaveras de azúcar y Pan de Muerto. Como anteriormente, compro esqueletos de papel para colgar durante las festividades, pero este año, igual que mi amigo que me recogió en el aeropuerto, pienso en los muertos y en las tumbas: otros 10.000, según la prensa.
Y por más que el Día de los Muertos se parezca a los del pasado, no se siente tanto ambiente de fiesta.
En el Día de Muertos las familias realizan comidas en los cementerios y decoran las tumbas de los seres queridos fallecidos con caléndulas, velas y calaveras de azúcar. La celebración de cada 2 de noviembre siempre fue una de mis favoritas, como le conté a un amigo que me recibió en el aeropuerto de la Ciudad de México en las mismas fechas del año pasado.
"Ahora todos los días son el Día de los Muertos", me respondió secamente. "Tenemos 40,000 días de muertos".
Mi amigo aludía a la cantidad de gente que se cree falleció desde que Felipe Calderón asumió la Presidencia y lanzó una ofensiva contra los carteles que trafican drogas. Mientras recorríamos una capital más moderna y próspera que la que dejé en 1993, me habló de un país en el que ha habido muchos avances pero que al mismo tiempo padece una barbarie.
Había más familias visitando más tumbas.
El México que yo dejé era gobernado todavía por el PRI, que detentó el poder casi 70 años mediante una mezcla de asignaciones de fondos con fines proselitistas y de fraude.
La retórica política era antiestadounidense. Todavía no se anos modernos construyen sobre las ruinas de generaciones pasadas. Han sido derribados viejos edificios del Paseo de la Reforma en la capital. La Bolsa den caros. Internet estaba apenas comenzando y la mayoría de los mexicanos se informaban a través de medios subsidiados por el gobierno que resaltaban las actividades del Presidente y las obras públicas.
Ya operaban los carteles de las drogas, que transportaban cocaína sudamericana y mariguana mexicana al norte para abastecer el voraz apetito de Estados Unidos por drogas ilegales. Sin duda, había violencia en la década de 1990.
El arzobispo de Guadalajara fue asesinado por barones de la droga en lo que fue catalogado como "un error" y también al candidato presidencial priista Luis Donaldo Colosio, en un caso jamás aclarado.
Además, apareció la guerrilla el El EZLN en Chiapas para exigir justicia.
México, no obstante, no era visto como un país particularmente violento por entonces. No se llevaba la cuenta de los muertos.
Hoy me encuentro con un país muy cambiado, que a veces parece estar volviendo al punto de partida. Elecciones limpias llevaron al gobierno al PAN de Calderón hace una década, pero los mexicanos parecen encaminados a devolver el poder al PRI.Igual que los aztecas y los españoles, los mexicanos modernos construyen sobre las ruinas de generaciones pasadas. Han sido derribados viejos edificios del Paseo de la Reforma en la capital. La Bolsa de Valores, que otrora sobresalía en el bulevar como un solitario cactus saguaro en el desierto, está rodeada ahora de grandes edificios que albergan bancos y hoteles internacionales. Hay cafés Starbucks en muchas esquinas, reflejando la globalización de México. También es evidente la mexicanización del Starbucks local, que ofrece el típico pan de muerto. Los políticos mexicanos son a veces abiertamente proestadounidenses y México es verdaderamente multinacional, al punto de que cuenta grandes tiendas e la cadena Costco y con concesionarias de Ferrari. Los platos esmaltados que usan tradicionalmente los pobres ya no son fabricados en el país sino que vienen de la China. Por otro lado, México exporta más productos manufacturados que petróleo, al revés de lo que sucedía 20 años atrás, lo que es un signo de una economía más desarrollada. El libre comercio de comestibles hizo que muchos agricultores se fuesen a las ciudades, donde hay una clase media visiblemente más grande, pero también llena de jóvenes ``nini'': que ni estudian ni trabajan y son susceptibles a terminar al servicio de los carteles de las drogas.Los diarios son más profesionales y no dependen de la publicidad oficial. La cadena televisiva estatal Televisa sigue siendo la más popular en el campo, pero en las ciudades grandes hay disponibles canales de cable que ofrecen una cobertura noticiosa más punzante y crítica.La televisión continúa mostrando voluptuosas mujeres ligeramente vestidas para dar el estado del tiempo y quienes parecen que hubieran parado en la estación de regreso de una fiesta.Se alternan con locutores en trajes negros que dan el parte de los muertos del día, como si estuviesen dando el estado del tiempo. Un diario tiene un nombre para esa cuenta macabra: el ejecutómetro. A menudo se tiene la sensación de que la violencia es algo que sucede lejos de Ciudad de México. Se dice que los grandes capos quieren venir de compras y lavar su dinero aquí, y no desean atraer la atención de las autoridades, por lo que hacen sus ajustes de cuentas en otros sitios. Mis amigos me preguntan si la capital es segura, y, como tantos políticos y la mayor parte de la gente de aquí, les digo que me siento a salvo porque las matanzas generalmente ocurren en otros lugares. Salimos a cenar, vamos al cine o al teatro. Los domingos no se permite el tránsito de automóviles en el Paseo de la Reforma, que es invadido por bicicletas, sobre todo en la primavera, cuan sido decapitadas y las cabezas son exhibidas como si fuesen trofeos aztecas... o golosinas del Día de los Muertos. Los mexicanos tratan de adaptarlas e incluso en las novelas que se transmiten todas las noches por televisión. Los mexicanos, siempre creativos con su vocabulario, hablan de narcomascotas (el pavo real) y de camisetas narcopolo (imitaciones de Ralph Lauren).La violencia hace apariciones fantasmales en fiestas y reuniones familiares, donde a un comensal le faltan tres dedos, recuerdo de su secuestro y también de los tres mensajes que recibió su familia con demandas de rescate. En una recepción navideña, el dueño de una cadena de salas de cine relata historias de extorsiones y del pistolero que siguió a su presa a un cine de Ciudad Juárez y esperó a que terminase la película para matarlo.El México que tanto disfruté antes se encogió a la mitad si hablamos del territorio que ya no es considerado seguro: Los estados de Durango y Tamaulipas son sumamente peligrosos, lo mismo que la mayor parte de Michoacán.En las ciudades de Monterrey y Guadalajara, en Acapulco y, más recientemente, en el puerto de Veracruz, las cosas no pintan bien y se están poniendo peor. Aparecen cadáveres colgando de puentes y camiones que arrojan decenas de cuerpos a la calle. Muchas de las víctimas hs no tendrán participación en algunos casos. Ya pasaron 12 meses desde mi retorno y las caléndulas han florecido nuevamente. Se venden calase. En las carreteras de Zacatecas abundan los robos y secuestros, según informa en primera plana el diario Reforma. Ahora es mejor usar otras rutas. En lugar de planificar bodas en Acapulco, los pudientes lo hacen en la Ciudad de México. A veces se dice que la gente no votará por el partido en el poder sino por los otros, tal vez añorando los tiempos en que no había tanta violencia. México es un país donde se producen muchos asesinatos en masa. Las atrocidades se suceden una a la vez o también por olas, y luego de las previsibles manifestaciones de condena e indignación, las cosas no cambian demasiado.Las matanzas pasan a ser una frase hecha: 72 migrantes que fueron asesinados en Tamaulipas o los 183 cadáveres excavados de fosas comunes allí mismo.Los 52 muertos en casino de Monterrey incendiado, los 35 cadáveres arrojados en Boca del Río, Veracruz, o las fosas clandestinas de Durango, donde fueron hallados más cadáveres que en Tamaulipas: 224. El gobierno dice que la violencia obedece a que los miembros de los cárteles se están matando entre ellos mismos, pero las bajas de inocentes van en aumento y algunos mexicanos se preguntan si las autoridades no tendrán participación en algunos casos. Ya pasaron 12 meses desde mi retorno y las caléndulas han florecido nuevamente. Se venden calaveras de azúcar y Pan de Muerto. Como anteriormente, compro esqueletos de papel para colgar durante las festividades, pero este año, igual que mi amigo que me recogió en el aeropuerto, pienso en los muertos y en las tumbas: otros 10.000, según la prensa.
Y por más que el Día de los Muertos se parezca a los del pasado, no se siente tanto ambiente de fiesta.
viernes, 9 de septiembre de 2011
MONTERREY VUELVE A DECIR: ¡HASTA AQUI!
De que se ríen Rodrigo Medina y Carlos Salinas de Gortari?
Revestido de una mezcla de cinismo, engaño, esquizofrenia y egoísmo, así sonríes:
DEJA DE BURLARTE DEL PUEBLO DE NUEVO LEÓN.
Será acaso que te ríes del dolor, la tristeza, y la impotencia de más de 50 familias que perdieron a sus seres amados en una guarida protegida por tus jueces para vivir al margen de leyes y seguridad a sus anchas.
Sonríes para acompañar a los cientos de inocentes y sus familias que han sido victimizadas por el crimen, dejando una huella de soledad, y pena para siempre.
O te ríes, de las miles y miles de familias, que solo en este año han visto escapar su patrimonio y el producto de su esfuerzo, robándoles sus autos con total impunidad, secuestrados, extorsionados y violentados, en una plaza controlada por el crimen.
Será que esbozas una sonrisa del deber cumplido ante más de 1500 ejecuciones en el 2011, mientras haces planes, tomas medidas, eludes tu responsabilidad jurada, para seguir convirtiendo a N.L. en tierra de nadie, ó de tu policía estatal, siempre involucrada en los siniestros.
Como osas burlarte de los más de 23 mil neoleoneses que en Iluminemos N.L., te hicieran 3 peticiones muy concretas hace ya tres años, haciéndote sordo a todas ellas.
Te ríes porque tu papá y tú están buscando rebasar la fortuna mal habida de tu antecesor y ahora tu protegido, Natividad; endeudando e imponiendo más impuestos a la gente trabajadora de Monterrey.
O tu sonrisa obedece a tu complicidad en el desfalco a los nobles neoleoneses, por la impune Torre blanca; símbolo de la corrupción, la ineptitud y el descaro, engaño, y latrocinio.
Te carcajeas de "haberte salido con la tuya", al controlar medios comprados para gastar el dinero de los regiomontanos a ritmos millonarios, para construir una imagen que te es imposible hacerla a través de resultados.
Te ríes de cambiar de tesorero, de srio. De seguridad, de gobierno, como cambiarte de calzones, para expiar las culpas de tu total ineptitud y falta de liderazgo.
Es acaso tu sonrisa producto de contemplar la barbarie, la violencia, la desesperanza y el sentimiento de impotencia de la gente buena de nuestro Estado, observando a tus súbditos siempre desde un jet, helicóptero o internet en tu casa fuera de N.L.
Te ríes de la manipulación maquiavélica de mensajes que buscan poner la responsabilidad de lo que ocurre, en los ciudadanos; cuando ellos son tus mandantes, y te pagan tu sueldo para que hagas tu trabajo donde el Art. 85 te hace responsable a TI, de brindar seguridad a bienes y personas COMO TAREA FUNDAMENTAL.
O tú y Carlos Salinas se ríen, de como, con solo un voto de cada cuatro posibles; comprados, aprovechando la ignorancia, el hambre y la pobreza de mucha gente, así como la codicia de televisoras, en donde con dinero del mismo pueblo de N.L., te permitió sentarte en una silla que has deshonrado, convirtiéndola en el hazmerreír de todo México.
Quizá te ríes de sentirte en aguas tranquilas, al haber traicionado a tu pareja electoral Larrazabal, cercano en mañas a ti, creando lo que tú crees una distracción de los regiomontanos a tu ineficiencia e incapacidad.
Te ríes de haber engañado al pueblo de NL para ensillarte, con el plan más ambicioso de seguridad, frases demagógicas y manipuladoras como "dar la vida", cuando solo has logrado llevar de "aquí para allá" y de "allá para acá", a los aguantadores neoleoneses.
Deja de reírte, deja de burlarte, deja de sonreír a las cámaras y shows mediáticos y has un ejercicio razonable de humanidad; y VETE.
Si existe en ti una pizca de ética , de valores en tu interior, sabes que TU NO eres la persona, para estar conduciendo a N.L., en estas circunstancias de caos, al contrario, la has agravado, conduciéndola a manifestaciones de decadencia y puntos de no retorno e irreversibles de descomposición.
La sabiduría popular dice que "Perro que trae HUESO en el hocico, NO lo suelta más que a patadas", quiero pensar, que no es el caso. ¡VETE YA!
MONTERREY 911 FUERA MEDINA domingo 11 de sep. A las 6:00 PM
Explanada de los héroes
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Rodrigo Medina
lunes, 5 de septiembre de 2011
CRUCIFICADO

Denisse Dresser
El juicio al Presidente Felipe Calderón pareciera terminar en una sentencia cruel por que se le atribuyen culpas ajenas además de las propias.Emulando a los antiguos romanos, la resolución es la crucifixión pública
Felipe Calderón víctima de un método antiguo de ejecución. Atado y clavado a una gran cruz, esperando una muerte lenta, estrujante, dolorosa. Obligado a cargar a cuestas – camino al patíbulo- con los errores de once años de gobierno panista. Colocado allí por una guerra contra al crimen que no provee los resultados deseados; por una economía que no despliega el dinamismo deseado; por una alternancia que ha sido fuente de persistentes inercias en lugar de grandes cambios. La crucifixión utilizada por los romanos ahora es emulada por los mexicanos, que han clavado al Presidente a una estaca. Un castigo infligido por acciones y omisiones que el Quinto Informe de Gobierno no logra sobremontar.
Felipe crucificado por los hombres entambados. Los cuerpos decapitados. Los militares acribillados. Los ciudadanos atemorizados. Los automóviles quemados. Los 45 mil muertos. Felipe cuestionado por un país donde las muertes sin sentido se han vuelto insoportablemente repetitivas. Donde se atacan los efectos, pero no las causas. Donde muchos critican la violencia que el narcotráfico produce, pero pocos hablan de la estructura económica, política y social que lo hace posible. Ese andamiaje de políticos que protegen a narcotraficantes y narcotraficantes que financian a políticos; de criminales organizados que lavan dinero e instituciones financieras que se benefician con ello; de sicarios que asesinan a policías y policías que les pagan para hacerlo; de jueces que se vuelven cómplices del crimen organizado y el crimen organizado que los soborna.
Felipe crucificado porque el Estado mexicano ha sido infiltrado por las fuerzas que dice combatir. Ese Estado mexicano que declara que va ganando la guerra contra los malos, cuando en realidad los alberga, como lo revela el caso de Jonás Larrazábal y los multimillonarios quesos que vendía. El narcotráfico se nutre de una vasta red, tejida a lo largo de los años para constreñir la rendición de cuentas. Vive de la corrupción compartida, del Estado de derecho intermitente, de la incapacidad de la clase política para hablar y actuar honestamente.
Felipe crucificado porque argumenta en su Quinto Informe que los operativos están dando resultados. Que vamos ganando aunque no parezca. Que la violencia es resultado de la eficiencia; el aumento en las e sus acciones han estado encaminadas hacia una reconquista temporal de territorios tomados. Pero la posibilidad de un"0de mano ineficaz. El y sus colaboradores cerrando los ojos ante fuerzas sociales y económicas demasiado arraigadas para ser combatidas tan sólo con más armas, más balas, más policías, más militares, más sangre en el suelo, más soluciones simplistas a problemas complejos.
Felipe crucificado por los problemas estructurales de un país con una subclase permanente de 50 millones de pobres. Con un sistema policiaco disfuncional. Con una corrupción que por conveniencia nadie quiere combatir. Con un sistema educativo demasiado maltrecho como para asegurar la movilidad social, y por ello la economía ilegítima del narcotráfico se vuelve la única solución para tantos mexicanos. Felipe atado por una combinación de causas: patrones históricos, patrones intransigentes, patrones recalcitrantes que abonan el terreno para el crime renovable –el petróleo– cuya producción va en picada; nuestra dependencia del mercado estadounidense cuyos consumidores se baten en retirada ante una nueva recesión; 0México más seguro y menos violento dependerá de la capacidad del Gobierno para remodelar el andamiaje judicial, para reformar el aparato policial, para sancionar la corrupción en vez de solaparla. Para iniciar investigaciones necesarias sobre quién hace qué y quién protege a quién. En pocas palabras, el Gobierno tendría que combatir a narcotraficantes y a funcionarios que los protegen. Tendría que confrontar a criminales en la calle y a sus cómplices en los pasillos del poder. Tendría que atrapar a hombres que violan la ley y remodelar a las instituciones que han puesto a su disposición.
Felipe crucificado a pesar de que la situación macroeconómica no podía ser mejor, las finanzas gubernamentales están en orden, la inflación no es un problema. Pero he allí nuestra dependencia de un recurso natural no renovable –el petróleo– cuya producción va en picada; nuestra dependencia del mercado estadounidense cuyos consumidores se baten en retirada ante una nueva recesión; nuestra dependencia de las remesas cuyo envío cae mes tras mes. México, durante once años de panismo, ha sido incapaz de construir motores internos que desaten el dinamismo económico, alienten la inversión, promuevan el empleo, y empujen al país a alcanzar su verdadero potencial.
En el siglo 16, la crucifixión no era tan sólo una ejecución; equivalía también a una humillación. Era utilizada para aterrorizar, para disuadir, para servir de ejemplo. Y el ejemplo que provee la presidencia de Felipe Calderón en su trecho final es preocupante. Quienes no combaten con la suficiente fuerza o consistencia al viejo régimen, acaban crucificados por él.
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