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jueves, 10 de noviembre de 2011

México: Abusos generalizados en la “guerra contra el narcotráfico”

La impunidad de torturas, “desapariciones” y ejecuciones amenaza la seguridad pública
En vez de reducir la violencia, la ‘guerra contra el narcotráfico’ de México ha provocado un incremento dramático de la cantidad de asesinatos, torturas y otros terribles abusos por parte de las fuerzas de seguridad, que sólo contribuyen a agravar el clima de descontrol y temor que predomina en muchas partes del país.
José Miguel Vivanco, Director para las Américas
(México, D.F.) — En el marco de la lucha contra la delincuencia organizada en México, militares y policías han cometido violaciones de derechos humanos generalizadas y casi ningún caso está siendo investigado adecuadamente, señaló Human Rights Watch en un informe publicado hoy.
El informe de 229 páginas, “Ni Seguridad, Ni Derechos: Ejecuciones, desapariciones y tortura en la ‘guerra contra el narcotráfico’ de México”, examina las consecuencias para los derechos humanos del enfoque del Presidente Felipe Calderón en la lucha contra los poderosos carteles de narcotráfico que operan en México. A través de investigaciones exhaustivas llevadas a cabo en cinco de los estados más violentos del país, Human Rights Watch encontró evidencias que sugieren fuertemente que miembros de las fuerzas de seguridad habrían participado en más de 170 casos de tortura, 39 “desapariciones” y 24 ejecuciones extrajudiciales desde que Calderón asumió la presidencia en diciembre de 2006.
“En vez de reducir la violencia, la ‘guerra contra el narcotráfico’ de México ha provocado un incremento dramático de la cantidad de asesinatos, torturas y otros terribles abusos por parte de las fuerzas de seguridad, que sólo contribuyen a agravar el clima de descontrol y temor que predomina en muchas partes del país”, señaló José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch.
Una delegación de Human Rights Watch presidida por Kenneth Roth, director ejecutivo de la organización, y por Vivanco presentó el informe al Presidente Calderón, a miembros del Congreso mexicano y a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, así como a organizaciones de la sociedad civil.
Poco tiempo después de asumir la presidencia en diciembre de 2006, Calderón declaró la “guerra” contra la delincuencia organizada y convocó al Ejército mexicano a participar en la lucha contra los carteles, a pesar de los extensos antecedentes de abuso e impunidad de esta institución. Más de 50.000 soldados fueron asignados a esta iniciativa, además de miles de miembros de la Marina, de la Policía Federal y de fuerzas de policía estatales y locales.
En los cinco estados relevados —Baja California, Chihuahua, Guerrero, Nuevo León y Tabasco— Human Rights Watch comprobó que las fuerzas de seguridad aplican torturas sistemáticamente para conseguir que los detenidos confiesen mediante coerción o proporcionen información sobre los carteles. El informe también contiene evidencias contundentes que sugieren que soldados y policías han perpetrado “desapariciones” y ejecuciones extrajudiciales, y que en muchos casos han adoptado medidas para ocultar sus delitos.
Human Rights Watch analizó datos recabados a través de más de 200 entrevistas efectuadas a víctimas y autoridades, 60 pedidos de información pública y del examen de un amplio espectro de estadísticas oficiales. Si bien la incidencia de las violaciones graves de derechos humanos ha aumentado drásticamente en el contexto de las medidas adoptadas por México contra el narcotráfico, no sucedió lo mismo con la investigación y el juzgamiento de estos abusos, según comprobó Human Rights Watch.
Esto se debe, en parte, a que los soldados que cometen violaciones de derechos humanos contra civiles continúan siendo investigados y juzgados en la jurisdicción militar, aun cuando la Suprema Corte de Justicia de México y la Corte Interamericana de Derechos Humanos han expresado en sus pronunciamientos que estos abusos deben ser investigados en la jurisdicción penal ordinaria, y que los tribunales militares carecen de la imparcialidad y la transparencia necesarias para juzgar a sus propios miembros. El resultado de esta práctica ha sido una impunidad casi total, afirmó Human Rights Watch. En los cinco estados relevados, entre 2007 y abril de 2011 los agentes del Ministerio Público militar iniciaron 1.615 investigaciones sobre delitos presuntamente cometidos por soldados contra civiles. Ni un sólo soldado ha sido condenado en estos casos.
Los agentes del Ministerio Público civil tampoco han adoptado medidas básicas —como entrevistar a testigos clave o visitar la escena del crimen— para investigar denuncias de violaciones de derechos humanos cometidas por policías y otros funcionarios civiles. Por ejemplo, según información solicitada al Ministerio Público estatal en los cinco estados relevados, se presentaron cientos de denuncias de torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes ante las comisiones de derechos humanos de los estados. No obstante, ningún funcionario ha sido acusado en estos estados por hechos de tortura.
“Estos abusos casi nunca se investigan adecuadamente pero, a pesar de ello, es común que las autoridades se refieran a las víctimas como delincuentes y asuman que sus denuncias son falsas”, expresó Vivanco. “Como resultado, las víctimas y sus familiares no tienen otra opción que impulsar sus propias investigaciones para reivindicar a sus seres queridos”.
En varias oportunidades, el Presidente Calderón ha declarado públicamente que el 90 por ciento de las víctimas de muertes vinculadas al narcotráfico —que su gobierno estima fueron cerca de 35.000 entre 2007 y enero de 2011— eran delincuentes. No obstante, datos obtenidos por Human Rights Watch permiten dudar de la fiabilidad de estas afirmaciones. La Procuraduría General de la República, que cuenta con facultades constitucionales para investigar penalmente los homicidios vinculados con la delincuencia organizada, indicó a Human Rights Watch que solamente había iniciado 997 investigaciones de este tipo de homicidios entre 2007 y agosto de 2011. Y, según la justicia federal, los jueces federales solamente han condenado a 22 personas acusadas de homicidio y otros delitos relacionados con la delincuencia organizada.
Human Rights Watch comprobó que un amplio espectro de funcionarios judiciales participaron en las violaciones de derechos humanos. Entre ellos se incluyen jueces que admiten pruebas conseguidas posiblemente mediante tortura, agentes del Ministerio Público que obtienen “confesiones” de acusados que son mantenidos incomunicados en bases militares, y peritos médicos que omiten o minimizan lesiones cuando examinan a los detenidos.
El informe formula recomendaciones específicas a los poderes ejecutivo, legislativo y judicial destinadas a abordar los abusos documentados en el informe, incluidas las siguientes:
  • El Congreso debería reformar el Código de Justicia Militar para impedir que las investigaciones de presuntas violaciones de derechos humanos contra civiles se lleven a cabo en la jurisdicción militar; y los procuradores generales de justicia de la República y de los estados deberían tomar la iniciativa de investigar todos los casos de posibles violaciones de derechos humanos, incluidas aquellas supuestamente cometidas por el Ejército.
  • Los funcionarios públicos deberían abstenerse de efectuar declaraciones en las cuales desestimen las denuncias de abuso antes de que éstas hayan sido investigadas, así como de afirmar que las víctimas de abusos son delincuentes antes de que hayan sido condenadas por algún delito.
  • Los jueces deberían hacer cumplir la prohibición de emplear pruebas obtenidas mediante tortura, y los legisladores deberían derogar las disposiciones legales —como el arraigo y otras normas excesivamente amplias que permiten la detención de personas in flagrante (mientras cometen un delito)— que facilitan el abuso de los detenidos.
“El gobierno mexicano se enfrenta a carteles que han cometido crímenes aberrantes contra oficiales y civiles por igual”, aseveró Vivanco. “Sin embargo, en su respuesta, las fuerzas de seguridad deben actuar empleando un estándar diferente, no sólo porque el respeto de los derechos es lo correcto, sino porque además es indispensable para asegurar el éxito de cualquier estrategia para mejorar la seguridad pública”. 

domingo, 6 de febrero de 2011

POPEYE SABÍA EL SECRETO

Popeye el marino tenía razón cuando presumía de obtener fuerza muscular comiendo espinacas. Según un artículo publicado en la revista Cell Metabolism, el consumo diario de 300 gramos de espinacas reduce la cantidad de oxígeno necesaria para el funcionamiento de los músculos cuando se hace ejercicio físico, como montar en bicicleta. El secreto no está en el hierro sino en su alto contenido en nitratos, que vuelven más eficientes a las mitocondrias, encargadas de aportar la energía a las células en forma de ATP. “Es como si pusiéramos más combustible en los músculos”, afirma el autor del estudio, Eddie Weitzberg, del Instituto Karolinska de Estocolmo (Suecia).

Para llegar a esta conclusión el investigador dio a un grupo de voluntarios durante varios días suplementos puros de nitratos equivalentes a un plato de 200 a 300 gramos de espinacas. Al comienzo y al final del experimento les hizo pedalear en una bicicleta estática mientras se medía su consumo de oxígeno, que se redujo hasta un 5 por ciento frente a un grupo control que había tomado un placebo. Ahora planean un estudio de los efectos a largo plazo.

Weitzberg y su equipo demostraron recientemente que los nitratos también reducen la presión arterial en individuos sanos. Otros investigadores han comprobado que estas sustancias, especialmente abundantes en verduras de hoja verde, previenen los infartos y otros problemas cardíacos. 



martes, 16 de febrero de 2010

LUNES DE MIEDO: OPERATIVOS FEDERALES EN MONCLOVA



En la ciudad de Monclova, localizada en la zona centro de Coahuila, al menos 250 elementos de las fuerzas federales, policías y militares efectuaron hoy un impresionante operativo, donde no hubo disparos, catearon una decena de lugares, residencias y cuatro casinos.
El diario Excelsior maneja la cifra de mil uniformados que arribaron a la región centro. Aún se ignora si hubo detenidos, pero extraoficialmente se maneja que aprehendieron a una persona, quien sería llevada de inmediato a la ciudad de México, según informa el periódico El Universal.
La intervención de los federales, encapuchados, vestidos con uniforme camuflageado y fuertemente armados, y del Ejército se efectuó por tierra con patrullas y por aire, con cinco helicópteros de la Policía Federal.
El impresionante operativo –a decir de testigos nunca en esta ciudad se había llevado a cabo algo similar– inició a las 15:25 horas, cuando de seis helicópteros MIL MI-17 de la Federal, elementos fuertemente armados descendieron a rapel sobre la vivienda de Zamudio Michelsen y de otras casas ubicadas sobre la calle Río Balsas.
Por tierra, más de 30 unidades se movilizaron al cruce de la calle Nogal y bulevar Pape, cerrando los accesos a la colonia y colocándose en puntos estratégicos.
Los federales despojaron de celulares a dos personas que grababan el movimiento de los uniformados; también revisaron a los ocupantes de varias camionetas.
En el estacionamiento del boliche Magic Bowl, obligaron a Eloy Treviño, hijo del ex alcalde de San Buenaventura del mismo nombre, a descender de su camioneta Aspen para revisarla. Lo mismo hicieron con otros vehículos.
La intensa movilización de los federales provocó temor entre vecinos y comerciantes del sector. En una agencia automotriz, clientes y empleados se apertrecharon en las oficinas, mientras que el caos reinaba en una guardería de la colonia Santa Mónica, hasta donde padres de familia pedían a gritos sacar a sus hijos.
Los efectivos inspeccionaron en alrededor de siete domicilios en la calle Cerezos de la colonia Santa Mónica, rodearon el sector donde está la residencia del director general de la empresa Altos Hornos de México (AHMSA), Luis Zamudio Michelsen, e ingresaron a la del ex subdirector de la Policía Municipal de Monclova, Salvador Martínez, y un casino que está cerrado.
Vecinos de Martínez acusaron a los federales de haber causado destrozos en la casa del funcionario y de dañar el portón eléctrico.
Después, policías y soldados se dirigieron al casino Marraquech, sita el bulevar Benito Juárez donde catearon el lugar lo que provocó alarma entre habitantes del sector, por eso el hotel Confort Inn y una tienda de conveniencia cerrados sus puertas como medida de seguridad.
También revisaron dos casinos más, el que está a un costado del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y uno más por el bulevar Harold R. Pape. Después recorrieron avenidas y bulevares de Monclova y Frontera.
Tres horas después, los federales se retiraron, mientras que por el sur de la ciudad ingresaba un convoy con 150 elementos de la Marina en camionetas Suburban, camiones y ambulancias. (Con información de Vanguardia, El Universal, Zócalo, Excelsior y El Tiempo),