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sábado, 6 de agosto de 2011

AMENAZAS Y HOSTIGAMIENTO AL OBISPO VERA: PRESENTA DENUNCIA

El obispo defensor de los derechos humanos, Raúl Vera López, presentó una denuncia ante el Ministerio Público del norteño estado de Coahuila para documentar el hostigamiento que sufrió la mañana del pasado 14 de julio, cuando aparecieron tres mantas en el atrio de la basílica de la capital, Saltillo, que condenaban su activismo social.
El 13 de julio, el religioso criticó en una homilía en la basílica de Guadalupe, en la Ciudad de México, las ejecuciones, desapariciones forzadas y el reclutamiento de menores por parte del crimen organizado en Coahuila.
Previamente, Vera López había solicitado medidas cautelares para la casa del migrante que administra la diócesis a su cargo. En total, afirma, la institución ha recibido 52 agresiones desde que él y el sacerdote Pedro Pantoja la fundaron, en noviembre de 2002.
"Hubo un evento hace tres años, en las oficinas de la casa del migrante, en donde amagaron y golpearon a alguien del personal", relató.
El sacerdote, quien recibió un premio en Noruega por parte de la organización Rafto, dijo que no pedirá al gobierno estatal escoltas para su seguridad, aunque está convencido de que los defensores de derechos humanos son vulnerables en México, como el padre Alejandro Solalinde, coordinador del albergue para migrantes Hermanos en el Camino.
"Hay gente en una situación similar, por eso no quiero escoltas, porque siguen en riesgo los que trabajan en la casa del migrante. Yo no quiero, porque somos un equipo", explicó Vera López.
El pasado 22 de julio, el obispo interpuso una denuncia contra quien resulte responsable por hostigamiento, según personal de la diócesis de Saltillo. El religioso asegura que cámaras de seguridad localizadas en el centro de la ciudad captaron los vehículos y sujetos a bordo que instalaron las mantas.
El hostigamiento
Después del ataque, Vera López dijo que grupos con una visión reducida del catolicismo y que reflejan la necesidad de una reforma de la Iglesia realizaron el hostigamiento.
"Es un concepto de una iglesia encerrada en sí misma, de una iglesia que solamente se preocupa del más allá, que no tiene ningún compromiso con la historia, ningún compromiso ni ninguna responsabilidad con el prójimo", dijo el obispo. "El entendernos el día de hoy como cristianos nos lleva a tomar todo lo que se habla de dignidad humana. No podemos cerrar los ojos los cristianos a los grandes tratados internacionales por los derechos humanos".
"(El ataque) también tiene que ver con que la diócesis de Saltillo trabaje con grupos que están estigmatizados, como los migrantes y los homosexuales, puede que también sea por eso", señaló.
La diócesis de Saltillo colabora con asociaciones que defienden los derechos de migrantes y homosexuales, como Frontera con Justicia y el centro comunitario San Elredo. Vera tiene una carrera pastoral de más de 42 años en la que ha combinado la defensa de causas sociales con el altruismo.
"Este asunto tiene que ver más con el tema del fortalecimiento. Yo creo que es un signo para que nosotros articulemos nuestra diócesis, un proyecto pastoral más maduro", dijo, "Jesús dijo que el examen final que todos los seres humanos vamos a presentar delante de Dios va a ser nuestro comportamiento con nuestro prójimo".
El activista participó en el movimiento estudiantil de 1968 y en el levantamiento indígena del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1994. El obispo de 65 años reside en Coahuila, cerca de la frontera con Estados Unidos, un área afectada por la violencia ligada al narcotráfico.
Y otros lo defienden
Organizaciones defensoras de derechos humanos, relacionadas con la diócesis de Saltillo y el trabajo del obispo, expresaron su rechazo al hostigamiento.
"Esto nos preocupa por el contexto de violencia (en Coahuila), es una postura de oscurantistas", dijo la directora del Centro de Derechos Humanos Fray Juan de Larios, Blanca Martínez. "Eso no nos lleva más que a la destrucción de la misma comunidad, los niveles de violencia que estamos viviendo no llevan a la realización de la vida, sino a fortalecer y perpetuar un proyecto de muerte".
Tanto el centro como la organización Familias Unidas por Nuestros Desaparecidos y Desaparecidas en Coahuila (FUUNDEC), ambas dedicadas a documentar las desapariciones forzadas en el estado, difundieron el pasado 15 de julio dos comunicados en los que condenaron el ataque.
"Preferimos un obispo comprometido con las causas de la gente que sufre y camina buscando la justicia y la paz", se lee en uno de los documentos.
Acosado por Católicos
La diócesis, encabezada por Raúl Vera López, concluyó que las mantas fueron colgadas por un grupo conservador local en el que participan al menos dos sacerdotes que han externado su molestia por el apoyo que brinda a un grupo lésbico gay bisexual travesti transgénero transexual intersexual (LGBT) católico llamado Comunidad de San Elredo (CSE).
Esta comunidad surgió hace nueve años en Saltillo. Su nombre viene de San Elredo de Rievaulx, monje británico del siglo X invocado por las comunidades episcopales gays en Europa, ya que en sus escritos hay reflexiones homosexuales.
La comunidad, de unos 600 miembros, participa en el debate sobre temas de homosexualidad y ha desarrollado programas de trabajo para combatir la discriminación, la intolerancia y la hostilidad hacia ese sector. Integrantes de la comunidad han sido objeto de ataques físicos y hostigamiento mediante mantas colgadas en el exterior de la parroquia de El Calvario, donde suelen celebrar misas mensuales, oficiadas en ocasiones por el propio Vera.
El obispo –quien se manifestó a favor del Pacto Civil de Solidaridad en Coahuila que posibilitó el reconocimiento a la unión entre personas del mismo sexo– incluso destinó un espacio en la sede obispal a la comunidad, lo que le ha valido severas críticas, sobre todo desde que el grupo empezó a tener una mayor convocatoria a sus actividades, como ocurrió en marzo pasado.
En esa ocasión, el Centro Diocesano de Derechos Humanos Fray Juan de Larios, que preside Raúl Vera, y el Centro Diocesano de Comunicación Social de la curia difundieron el programa de actividades del Cuarto Foro de Diversidad Sexual, Familiar y Religiosa, lo que desató la embestida de ACI Prensa, una agencia católica de noticias con sede en Perú.
Ésta retomó la información publicada por el periódico Vanguardia y entró en contacto con varios católicos conservadores de Saltillo y también con el sacerdote Robert Cougan, asesor espiritual de la CSE, quien dijo que su grupo tiene el respaldo de Raúl Vera.
El pasado 22 de junio, Noé Leonardo Ruiz Malacara, coordinador de la CSE, anunció que propondrían una reforma legislativa para que el coahuilense Pacto Civil de Solidaridad fuera un matrimonio civil; ACI Prensa tituló: “Grupo gay apoyado por obispo pedirá ‘matrimonio’ homosexual”.
La Iglesia y los homosexuales
En su número 1652, Proceso publicó las declaraciones de Raúl Vera. Sobre la homosexualidad dijo: “Muchas veces se quiere hacer ver que la Iglesia condena a los homosexuales; eso no es verdad empezando porque las preferencias sexuales diferentes obedecen a circunstancias que no son manejadas ni siquiera por las personas que las tienen”.
Sobre los pactos civiles afirmó que su apoyo era porque el sector LGBT es uno de los más desprotegidos, débiles y vulnerables de la sociedad, que debía ser sujeto de tutela del Estado en términos de seguridad social, derecho hereditario, salud y otros. Sin embargo lo que no aceptaba era el uso del vocablo matrimonio:
“Hay una moral clara respecto de la sexualidad pues los actos de esta índole no se entienden fuera del matrimonio; éstos están ligados a la concepción de la vida y la reproducción de la especie. Y el contexto en el que se debe hacer (el acto sexual) es el matrimonio, para que garantice la función que el hombre tiene de proteger la vida y conservarla. Ésta es una concepción teológica y antropológica de lo que es el matrimonio”, señaló.
Como en esa ocasión, Vera ha rechazado reiteradamente el matrimonio entre personas del mismo sexo, pero no los contratos civiles, por lo que acusó a ACI Prensa de manejar tendenciosamente la información sobre su trabajo con la Comunidad de San Elredo.
“Me acusan de ir contra el magisterio de la Iglesia, de promover la homosexualidad, cuando nuestros objetivos son muy claros y consisten en coadyuvar en la recuperación de su dignidad como personas, vulnerada en la familia, en la sociedad, en el trabajo, en todas partes.”
No obstante, Robert Cougan y Noé Leonardo Ruiz tienen una postura distinta. La Comunidad de San Elredo ha mantenido una relación estrecha con el fraile dominico gay James Alison, teólogo británico conocido en el ámbito internacional por su promoción de la apertura de la Iglesia a la homosexualidad y partidario de erradicar el celibato.
Como Alison, Cougan y Ruiz han cuestionado que la noción de la Iglesia, en el sentido de que las relaciones sexuales son sólo reproductivas, limita a los católicos homosexuales y es una visión restrictiva.
Ruiz se ha manifestado por el matrimonio civil, pero lo ha hecho fuera del contexto de la Iglesia, según ha clarificado, pues tiene una noción clara de que no cabe en el matrimonio religioso.
La visión, parcialmente opuesta, entre la Comunidad de San Elredo y Raúl Vera ha sido omitida en la cobertura de ACI Prensa, por lo que el obispo la acusa de ser un factor de hostigamiento.
Plan pastoral
En febrero, la diócesis de Saltillo presentó su Plan Diocesano Pastoral, donde la CSE tiene como objetivos y metas específicas difundir la necesidad de salvaguardar la dignidad de la comunidad LGBT “en una Iglesia incluyente” y generar un proceso de formación en derechos humanos y laborales para sus miembros.
La difusión del documento fue mal vista por los sacerdotes conservadores que, en entrevista con Proceso, Raúl Vera no quiere identificar. “Parece mentira que tras la visión del concilio (Vaticano II), después de 40 años haya gente que para nada ha captado que la Iglesia no es una entidad donde se cultive una religión intimista, sin relación con la realidad.
“Creo que esto es de grupos que están más reducidos, porque en general la gente ha desarrollado una concepción de una Iglesia diferente. Falta dar el paso a muchos hermanos para que lleguen a ser parte de una Iglesia que se preocupa plenamente, como entidad religiosa, de la realidad en que se está viviendo”, dice.
La realización de campañas negras contra Vera ha sido una constante desde su llegada a la diócesis de Saltillo. En medios locales se le han atribuido “conductas mundanas”; tras visitar en julio de 2006 a las bailarinas y prostitutas de Castaños violadas por militares, se publicó que había ido a un table dance.
Sin embargo, organismos defensores de los derechos humanos expresaron su solidaridad con el prelado. Rupert Knox, representante en México de Amnistía Internacional, exigió que se garantizara su seguridad ante el hostigamiento de que es objeto.
La diócesis de Saltillo emitió un documento el 15 de julio, firmado por el vicario Gerardo Escareño, donde se establece el fundamento doctrinal, con base en el Concilio Vaticano II y el Sínodo de Obispos de 1971, de las acciones y el plan pastoral de Vera.
Respecto de la Comunidad de San Elredo, Noé Leonardo Ruiz, asentó que si el obispo Raúl Vera se ve amenazado o en problemas con El Vaticano, están en posición de retirarse de la curia.
Además de señalar la homofobia y la intolerancia que caracterizan a la jerarquía católica, llega a un conclusión: “La homofobia y la intolerancia no existirían si aportáramos dinero, como Marcial Maciel que les compró el silencio; nosotros no necesitamos su silencio y definitivamente no les vamos a pagar por el respeto a nuestra dignidad. Si esto pone en peligro la labor de don Raúl, nos iremos de la diócesis”. (CNN y APRO)
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viernes, 22 de julio de 2011

LA POLITIZACIÓN DE LA REGIÓN

Carlos Manuel Valdés / Vanguardia


Para Juventina Dávila

Un buen día se le ocurrió que la gente andaba desviada. Trató de llamar su atención hablando en plazas, mercados y, aún, en el atrio del templo, pero nadie le hacía caso: “Estoy predicando en el desierto”, dijo, y aceptó su fracaso. Entonces recurrió a algo más fuerte. Salió de su casa en pelotas y, pensando que quizá eso no sería suficiente, se rasuró la mitad de su barba y su cabeza, se colocó unas cadenas en manos y pies y recorrió las calles. Ahora sí. Primero lo siguieron los niños, luego los adultos se acercaron. Él se dio el gusto de mentarles la madre a todos. “Han traicionado a Dios”, decía, “serán castigados”. Por supuesto que esto sucedió hace dos milenios y medio y, el actor, el hombre de choque, era nada menos que el profeta Isaías. De manera que se hizo pasar por loco o excéntrico para que voltearan a verlo, y voltearon. Su prédica no fue nada más religiosa sino muy política. Se refirió con fuerza a la injusticia, a la existencia de pobres y viudas maltratados y a los excesos de los poderosos.

         En estos días alguien colocó mantas en la Catedral de Saltillo diciendo que el obispo Raúl Vera no era católico y que debería hablar nada más de religión. La propuesta es digna de ser analizada y nuestro Obispo también. La pregunta es qué significa ser católico y si la religión forma un ámbito absolutamente ajeno a la “polis”; es decir, a lo que interesa a la sociedad o a cada uno de sus individuos. Algunos pensarían que los católicos no están acostumbrados a que los sacerdotes u obispos tengan opiniones sobre lo que los rodea. Esto es un decir, porque muchos obispos, por ejemplo el Cardenal de Guadalajara y el obispo de Ecatepec, tienen años codeándose con los poderosos, sirviendo abiertamente a algunos políticos, hablando de muchas cosas que no son religión. Si Sandoval Íñiguez condena a los homosexuales y cabildea al Gobernador de Jalisco hasta sacarle 90 millones de pesos, ¿estará hablando de religión? Si el obispo Onésimo Cepeda manipula a una anciana para que le entregue 130 millones, ¿será muy católico?

La última vez que Carlos Monsiváis estuvo en Saltillo al final de su magnífica conferencia dijo (reconstruyo) que teníamos al mejor Obispo y que lo cuidáramos. No es necesario que todos estemos de acuerdo con Monsiváis o con Raúl Vera (yo mismo a veces no coincido con éste), pero es claro que tenemos en él a un ser raro, excepcional. Si fuese cierto que se sale de su terreno porque defiende a las viudas de los mineros de Pasta de Conchos, porque atiende a los homosexuales o porque exige respeto a los derechos humanos de los migrantes, entonces, ¿qué terreno quieren que pise? Si no es católico porque ataca vehementemente a los poderosos, entonces definan qué es lo que significa ser católico.

Sucedió también hace siglos. Un rey estaba tocando la lira en su terraza y vio a una muchacha hermosa. Se dijo: “Ésta belleza debe ser para mí”. Preguntó por ella y, ¡oh, decepción!, estaba casada. ¿Cuál problema? Pidió a su general que enviara al marido al frente de batalla y, por supuesto, murió dando la vida por su patria y su rey. Éste se apropió de la viudita. De pronto aparece en su palacio un viejo que le cuenta una parábola: había un hombre que tenía un gran rebaño de ovejas. Cerca de él un pobre tenía nada más una borreguita, que era su tesoro y la quería mucho. El rico se la robó. Pregunta al rey, ¿qué haría usted con ese rico?: “Lo acabaría, lo encarcelaría, le quitaría su rebaño”, respondió. Pues usted es ese rico que, teniendo todas las mujeres del reino, mandó matar a Urías para robarle a su esposa.

Es evidente que el rol profético no se da en árboles. Los profetas son necios, imprudentes. Pero ¡cómo hacen falta! No sé ni me interesa saber si Raúl Vera tiene esa vocación, pero las cosas que hace son necesarias y pocos “católicos” se atreverían a hacerlas. La pregunta a los que escribieron las mantas es si sabrían distinguir entre católico y cristiano. Leyendo el Evangelio es fácil saber que Cristo hablaba de política y hacía cosas que molestaban a los injustos, los gobernantes, los poderosos. Tal vez Raúl Vera intenta imitar al Maestro, ¿alguien diría qué no?