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jueves, 17 de junio de 2010

Los niños mexicanos no valen nada

Blog invitado: La Lonchería.
Autor: Eduardo Ibarrola

En una casa rica, una niña de cinco años con severos problemas de salud, muere por sofocación y su cuerpo se extravía en su cama. Ni sus padres ni las personas cuyo trabajo es cuidarla, son capaces de encontrarlo. Temiendo un secuestro, la familia lanza la alarma y, tras un cortísimo lapso en que invierte grandes cantidades de dinero en publicidad, el caso adquiere relevancia nacional. La policía ―que llegó a sospechar de un secuestro falso urdido por los padres y puso a éstos en arraigo preventivo― acabó localizando el cadáver de la niña luego de más de una semana de búsqueda en el último lugar donde la vieron sus responsables antes del extravío: en su cama.

El colofón perfecto de esta patética historia fue la disculpa ofrecida por las autoridades a los padres de la niña fallecida: si, como sostiene la explicación de éstas, la pequeñita quedó atrapada en su propia cama y los investigadores no la localizaron sino después de varias inspecciones, por supuesto que estaban obligados a ofrecer una disculpa por su evidente incompetencia; pero entonces los padres de la niña ―que convirtieron su supuesta desaparición en un asunto de todos― también estarían obligados a disculparse públicamente, a decir algo así como: “perdónenos por suponer que nuestra hija desapareció y montar una campaña de publicidad con su imagen antes de revisar correctamente su habitación”.

Nueve meses antes, una guardería encargada de cuidar niños de padres trabajadores, se incendió, causó la muerte de casi una cincuentena de éstos y dejó lastimados a muchos más. Las investigaciones, confusas y equívocas, revelaron una compleja trama de opacidad y negligencia institucional: a la fecha, nadie tiene claro quién es efectivamente responsable de qué. Un perito estadounidense, pagado por alguna de las partes implicadas, afirma que el incendio fue provocado, con lo que se abre una brecha perfecta para la impunidad: si no fue accidente, entonces la responsabilidad recae en el criminal desconocido, no en las autoridades perfectamente conocidas… Ojalá que la SCJN no dé pábulo a ese canallesco argumento.

Hace pocos días, un motín paralizó todo un barrio de la ciudad. Muchos vecinos de Tepito bloquearon calles y tomaron unidades de transporte público como protesta por el secuestro de dos niñitos en la calle, perpetrado, según su padre, a plena luz del día. Pero casi de inmediato las investigaciones revelaron que la horrible versión del secuestro, era falsa y era, en realidad, la menos estremecedora: que se trataba de un pleito de familia y la madre se llevó a los niños… que el propio padre dio a sus hijos como prenda por un una deuda (es decir, que los vendió)… que, agobiado por la responsabilidad y la pobreza, los asesinó y luego ocultó sus cuerpos… Acaso esperaba ―y no le faltaban elementos para ello― que las autoridades acabaran ofreciéndole a él una disculpa.

Hasta donde tengo noticia, las costosas escuelas regenteadas por los Legionarios de Cristo no experimentaron una previsible y justificable deserción masiva de alumnos tras comprobarse que toda la estructura de esa orden religiosa se montó supeditada a la voluntad de un hombre acusado de poligamia y violación de niños, y hacerse evidente que los cientos de acusaciones de pedofilia contra sus laicos y religiosos, tienen motivaciones reales. Me cuesta trabajo imaginar lo que piensan los padres de familia al confiar a sus hijos a los encubridores y cómplices de Maciel.

Tal vez el cotidiano sufrimiento de cientos de miles ―de millones― de niños mexicanos sin protección, sin acceso a la educación, ni a la salud, ni al esparcimiento; niños sin afecto, obligados al trabajo desde antes de aprender a hablar, ha acabado por convencer a nuestra sociedad que los niños (es decir, todas las personas, pero antes de ser adultas) no tienen ningún valor y, por lo tanto, quitarles la vida no es un acto que deba castigarse.
Fuente: http://laloncheria.com/2010/06/16/los-ninos-mexicanos-no-valen-nada/

miércoles, 26 de mayo de 2010

RITALIN Y RIVOTRIL: LA FELICIDAD INFANTIL


Las modernas neurociencias al servicio de la farmacología para los niños.
Así me lo propusiera no podría dejar de adorar a los niños: tengo tres nietas de una año que van paseándose por la vida como quien abre ventanas para que ingrese un poco de aire fresco en habitaciones humedecidas y llenas del polvo, que riegan la rutina y el aburrimiento.
Es genial. Y sin embargo, hace unos días me descubrí aconsejándole a una muchacha recién emparejada que no tuviera hijos, que lo pensara mil veces, que no se puede seguir cometiendo injusticias para con seres que no saben a lo que vienen, porque tampoco nadie sabe a lo que vienen después de un largo umbral de malos augurios. Este diálogo con la joven surgió luego de que a mi vez yo hubiera estado escuchando en una reunión a una chica genial, dueña, directora y maestra de un kinder que conduce con amor, empatía, por eso del país y las maravillas. Alicia está bastante aterrada. En el kinder tiene una cincuentena de niños entre los dos y los cuatro años. Me asegura que más de la mitad está en tratamiento con Ritalin, el famoso metilfenidato que psiquiatras y neurólogos recetan como quien vende lentejitas de D’Onofrio, para controlar el trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). Todas las que escucho salir de los labios de Alicia son palabras nuevas para mí, sobre todo la alta proporción de niños signados por esas palabras, que bien no suenan, seamos sinceros.

Alice in Worderland
Le pregunto a Alicia de dónde sale ese trastorno, en qué consiste y qué peligros comporta para el niño y la familia. Cuidando cada una de sus frases intenta responderme: el TDAH califica a los niños inquietos, traviesos, juguetones que se rehúsan a pasar una hora entera frente a un computador en clase de computación (¡a los cuatro años!).
“Hay casos extremos, es cierto, ingobernables, pero no son la mitad de los niños de Lima”, sentencia Alicia. Los peligros, continua, no son para el niño, son para los padres. Resulta que si los chicos no empiezan a rendir como grandes, con estándares de atención, comprensión y desempeño correspondientes a muchachos con el doble de edad, por lo menos , papá y mamá ven allí esfumarse la posibilidad de que ingresen al mejor colegio de la ciudad donde les enseñan a ser unos ganadores, donde se relacionan con los vástagos de lo mejorcito, donde no hay distingo con estar viviendo en Florida, salvo la garúa y un par de lisuras peruanas que sueltan por ahí los jardineros. Entonces, Ritalin.


Another Brick...
Con Ritalin el chico está sedado, tranquilo, aparentemente atiende, no hace bulla, no se mueve. Otro ladrillo en la pared, cantaba Pink Floyd. Pero Alicia va más allá: las maestras de los nidos también están felices con el medicamento porque así el establecimiento puede recibir mayor cantidad de matriculados ya que cuando están dopados resultan más manejables.
Quedo helado al escuchar a Alicia y le hago la estúpida pregunta “¿Y nadie hace nada para aclarar y combatir esto?”. La respuesta es que el mundo hay un intenso debate respecto al soporte ético de estos diagnósticos y, sobre todo, de estas prescripciones farmacológicas tan ligeras. La subversiva antipsiquiatría en los Estados Unidos se toca con la conservadora Cienciología en eso de cuidar un poco más la salud de los niños, separándolos de la neurosis exitista de sus padres.
En el mundo, pero no en el Perú. “Tengo una niña que me parte el alma”, me cuenta Alicia mientras cierra su cartera pues debe partir. “A los tres años ya está tomando Rivotril porque según su mamá, no puede dormir bien”. Le confieso que estoy espantado, sonríe cansada y me retruca: “la próxima vez te puedo contar de los casos de anorexia infantil. Mamás que ven a sus niñitas como unas cerdas sin futuro de pasarela y les inyectan un mensaje letal de que comer hace daño, vieras las loncheras: galletas de agua, un tomate, una botella de Evian”. No tengas hijos, muchacha, o antes aprende a vivir.

Fuente: Rafo-León, Somos No. 1164.

viernes, 2 de abril de 2010

NIÑOS ASESINADOS POR SUS PADRES

Lilia Cisneros Luján

Son dos madres, dos hijas en cada una de las familias, dos homicidios, dos realidades opuestas, muchas similitudes y también grandes diferencias: económicas, de clase y de manejo informativo.

La primera ocurrió en una unidad habitacional popular en Tlalpan. Una madre jefa de hogar, ahogó a sus dos hijas –-de 12 años- y después intentó suicidarse. La nota ocupó los noticieros un par de días. En los medios impresos apareció en la sección policíaca. La segunda era una pequeña de apenas 4 años, rubia, “misteriosamente” desaparecida, hija de una familia pudiente con todo el apoyo financiero para difundir su fotografía en la red, en panfletos distribuidos por toda la ciudad, con llamados a la ciudadanía, para dar cuenta de su paradero. Diez días escuchamos la pregunta ¿Dónde esta Paulette? Durante más de una semana percibimos la sospecha de que los “muy malos” –posibles secuestradores, la servidumbre quizá- serían responsables de haber sustraído de su hogar a una pequeña con limitaciones –niña especial declararon algunos familiares- en el habla y en su posibilidad de moverse por sí misma. De pronto las indagatorias dieron un vuelco a la historia. Los medios sacaron a la luz declaraciones –reservadas antes de lo que era evidente- del abogado de las nanas, los padres fueron arraigados, el amarillismo mediático dio paso a grabaciones, también reservadas por quien sabe que motivos, de instrucciones de la madre a la hermanita de la víctima y se empezó a perfilar una suerte de justificación “la mamá es una abogada astuta, inteligente, con desapego emocional” La imágenes de esta mujer, declarando, “no se tal vez Harry Poter, los extraterrestres……..” se repitieron y automáticamente vino una disminución en la frecuencia de la nota que ya no parecía lo más importante

¿Por qué la conferencia de prensa de la procuraduría del Estado de México, se pospuso en tiempo y forma? ¿Qué se estaba arreglando? Y regresando al primer caso de esta reflexión ¿Qué motivos consideró la procuraduría del DF para abandonar la investigación? Al parecer nadie dio lugar a la posibilidad de otra persona hubiese orillando a matar a sus hijas, a una madre, presuntamente con crisis nerviosas, de la cual los vecinos dijeron que era “trabajadora, amable y con dos niñas siempre muy peinaditas y educadas” ¿Cuál fue la postura del esposo de esta “madre casi suicida” y padre de dos gemelas cuyo futuro, al decir de un ex candidato a la presidencia de la república -también asesinado- nos fue prestado? ¿Qué han dicho los abuelos? ¿La diferencia fue el intento suicidio o la condición económica de una familia sin posibilidad de abogados y otra en la cual hasta la servidumbre goza de este privilegio?

En un escenario donde el riesgo por perder la vida, es cotidiano y solo con matices, ese futuro prestado, parece agotado por la generación adulta del presente. Las familias de hoy se enfrentan a homicidios inmersos en el sentido empresarial, cuando se vincula con el no pago del secuestro, el cobro de seguros de vida, por abuelas de auto viudas y hasta el negocio de la explotación infantil. La muerte se convierte en abominación si un bebé fallece de inanición frente a padres adictos al Internet, que olvidan alimentarlo o compañeros de clase haciendo del maltrato una moda macabra. ¿Cómo Serán juzgados los menores de edad golpeadores, que orillaron a su condiscípula adolescente a suicidarse? ¿Tendrán algún castigo los diseñadores de páginas web, que promueven este tipo de conductas degradantes?

En la descomposición social que todos estos hechos implican, los medios de comunicación –de manera muy especial los electrónicos- juegan un papel determinante al convertir a los actores de hechos tan repugnantes como el homicidio de un niño, casi en personajes de espectáculo ¿Recuerda al joven regiomontano que asesinó con saña a los hermanitos de su novia? ¿Dónde está la joven, hija por cierto de una señora vinculada con las empresas televisivas?

La teoría de la evolución sostenida por Darwin, parece haber encontrado su límite, en el resurgimiento de la bestialidad. Los bebés son matados a golpes, ahogados, envenenados o asfixiados. El futuro de niños y adolescentes se cancela por ejecuciones masivas en ciudad Juárez, Durango y quien sabe que otras latitudes del planeta en donde además los reclutan para la guerra y el suicidio fanático. La animalidad de los pedófilos alcanza incluso a instituciones religiosas. ¿Qué será más importante, destituir al jerarca de la iglesia católica –como están proponiendo quienes han hecho de éste un tema más político que de caridad- o ir a la esencia del problema procurado ayudar a la víctimas y prevenir que otros niños sufran el mismo destino?

Las reacciones irracionales, han dado al traste ya, con muchas instituciones –sociales y políticas- que la civilización forjó a lo largo de la historia. Abonaron a esto, los excesos de quienes se ocuparon de ellas, es cierto; pero nadie, para desgracia de las generaciones de nuestros hijos y nietos, ha propuesto algo mejor y por eso parece que estamos dejándolos a merced de la involución. ¿De donde asirse? Ni siquiera parece haber clavos hirvientes para que los niños puedan tener una opción que los libere de tales desgraciados incapaces de la autocrítica mucho menos del arrepentimiento. ¿Se podría enjuiciar, cuando menos moralmente, a quienes pasando por alto tales abominaciones han promovido, medallas, disminuciones de penas, traslados a cárceles menos estrictas y hasta canonizaciones de tan nefastos personajes? ¿Quién será capaz de poner coto a imitaciones extra lógicas -originadas en quien sabe donde- que permiten a los niños y jóvenes, drogarse, portar armas y usarlas contra sus iguales y en perjuicio de sí mismos?

Por lo pronto Paulette es una más de los cientos de miles de referencias en las búsquedas del Internet cuando Usted pide “mató a su hija” La nena de dulce mirada ha dejado de existir. Si hubiera nacido espartana el sacrificio se habría dado en el momento mismo de su llegada al mundo como resultado de sus limitaciones físicas. En pleno siglo XXI, con todo un universo de organizaciones altruistas y públicas que defienden los derechos de seres como ella, esta pequeña de 4 años murió asfixiada. Quizá, nunca sabremos la motivación de tal aberración. Probablemente la justificación quedará en el ámbito de la locura, una locura no privativa de su madre; sino de una sociedad enferma que parece no encontrar la brújula que la regrese al camino de la civilización y el progreso.