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lunes, 29 de julio de 2013

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lunes, 1 de julio de 2013

BELLA ALEMAN SEGURA GANADORA EN FRONTERA 2013

Bella Alemán: se perfila triunfadora en Frontera, Coahuila


Conrado García Jamin

Las contiendas políticas, en especial las municipales, se convierten en guerras encarnizadas por la búsqueda del poder. Para muchos candidatos y partidos, es fundamental el demostrar que se es la mejor opción y dejar bien claro que el adversario es la peor.
Para ello, muchos de sus operadores diseñarán estrategias de guerra sucia, con el objetivo de desprestigiar a los contendientes rivales y destruir en la manera de lo posible su imagen pública.

PROPAGANDA NEGRA
El término con el que conocemos estas maniobras electorales es “guerra sucia”     -como si se pudiera concebir una guerra “limpia”-; se trata de una serie de estrategias, en su mayoría de carácter mediático, que tienen como fin el exponer al candidato rival como un verdadero engendro del infierno, un ser capaz de destruir al país entero en todos los sentidos, si llega al poder.
Voy a referirme a los municipios del centro de Coahuila, particularmente Frontera y Monclova, que históricamente han mostrado un exacerbamiento extremo cuando de campañas políticas de trata.
En ambos municipios han circulado panfletos insultantes, difamatorios y ruines, que no contemplan siquiera el mínimo respeto para los contendientes y sus respectivas familias.
No conformes con denostar a los candidatos, son tan torpes que exhiben de inmediato que se trata de militantes inconformes que se sienten desplazados en sus pretensiones políticas y utilizan el recurso de la vileza como desahogo.
Esos mismos sujetos (as) gastan tiempo en las redes sociales para seguir sus campañas de rencor y resentimiento social, por citar algunos: LIDERESAS FRONTERA, DE LA O, ALZAMESTAYA-MESTA, EXOC FRONTERA, EXOC ESTATAL DE COAHUILA y otros personajes ficticios de Facebook desde los que cobardemente lanzan la piedra y esconden la mano.
Desde luego que están cometiendo una serie de delitos que están siendo investigados por la Unidad Cibernética de la Procuraduría de Justicia y que pasando el proceso electoral hará lo conducente con los ya identificados calumniadores: procesarlos penalmente.
Por cierto, según una lista a la que se nos permitió el acceso, los involucrados en la propaganda negra de Frontera, pertenecen al PRI, PT, PVEM y eso nos obliga a cuestionar si se trata de “guerra sucia o Fuego Amigo”.
La guerra sucia en sí no es nada nuevo, simplemente cambió de nombre. Desde que se concibió el término propaganda, que son todas aquellas acciones para la difusión de las ideas, la labor y la personalidad de personajes políticos o gobiernos, se contempló también la llamada propaganda negra, cuyo fin es la difusión de rumores, noticias, chismes, difamaciones y calumnias de los rivales políticos en turno.
La propaganda negra es la mamá de la guerra sucia, el término cambió cuando en las campañas se contemplaron estrategias de marketing político, que a la larga fueron las que se impusieron ante las viejas fórmulas de hacer proselitismo.
Eso es lo que hacen unos pocos sociópatas de Frontera que pierden su tiempo con sus ataques impregnados con la hiel del resentimiento social, intentando en vano desprestigiar a Bella Alemán y su equipo de trabajo, quienes se perfilan como seguros ganadores de la contienda por la alcaldía.

COMO OPERA LA GUERRA SUCIA.
La guerra sucia suele ser un trabajo muy laborioso y de grandes costos en un proceso electoral. Hay partidos políticos que gastan millones de pesos tan solo en este rubro durante la campaña.
Se comienza con una profunda investigación del personaje en cuestión, en la que se analizan todos aquellos aspectos personales, sociales y políticos que pudieran servir como arma para atacarlo; desde malas calificaciones en la escuela, traumas y antecedentes familiares, sus problemas de pareja, videos o fotografías con personajes políticamente “incómodos”, o errores u omisiones como servidor público; todo es útil, y todo se puede encauzar en una estrategia mediática que destruya su credibilidad y congruencia.
Las organizaciones promotoras de la guerra sucia llegan a caer, incluso, en tácticas ilegales, como son el espionaje telefónico o en video, los cuales son tergiversados y difundidos de manera anónima para deslindar responsabilidades.
A los niveles municipales no se guardan límites: atacan sin bases, calumnian, difaman, enlodan y extorsionan.
Ya con el material, y bajo la histórica premisa de que “la primera mentira es la que se cree”, los operadores ocultos (pero ya identificados) de los partidos minoritarios o los sujetos que se sienten desplazados, lanzan bombas de suciedad en las redes sociales o con volantes anónimos para provocar reacciones en la opinión pública, lo que implica necesariamente una molestia del adversario golpeado que en muchas ocasiones le resulta contraproducente; así se provoca un daño del que solamente los hechos reales, el poder de convocatoria, la simpatía y el trabajo previo, demuestran la falsedad de las acusaciones que pasan a convertirse en calumnias baratas.
Bella Alemán, en su carrera hacia la alcaldía de Frontera, tiene la certeza de llegar a su objetivo con todas las de la ley, apoyada por quienes somos originarios de ese municipio y conocemos su incansable dedicación. Los que le ladran al avanzar, pues son eso: perros molestos.

¿DÓNDE QUEDAMOS LOS CIUDADANOS EN LA GUERRA SUCIA?
Como votantes responsables,  los ciudadanos deben convertirse en observadores de la estrategia mediática de los candidatos y partidos políticos y sobre todo, el valorar la información que se proporciona de ellos.
Hay que identificar qué organizaciones políticas trabajan más en la guerra sucia al adversario que en la propuesta política del candidato. Todos y cada uno de los contendientes son personajes con defectos, omisiones, compromisos ideológicos y políticos; no obstante, es conveniente observar detenidamente cuáles son las implicaciones del mensaje que se nos transmite de ellos y quiénes se verían beneficiados con la destrucción de su imagen pública.
Los ciudadanos deben asumir su responsabilidad política de despertar las suspicacias necesarias para cuestionar la validez de la información que se les transmite de los candidatos y partidos. No porque esté en Internet o haya salido en televisión merecen la credibilidad absoluta.
Cuando un partido o candidato cae en la guerra sucia, suele ser porque su propuesta es débil y teme a la superioridad de su adversario, y lo peor que pueden hacer los ciudadanos es convertirse en instrumentos de los políticos participando en estas maniobras desleales. Una victoria política basada en la guerra sucia la suelen promover personajes turbios que buscan el poder por el poder mismo; en las manos de los hombres y mujeres que votarán el 7 de julio está el desecharlos y el darle a la política algo de dignificación.