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martes, 7 de febrero de 2012
7 FORMAS DE DESTRUIR CIUDADANÍA EN MÉXICO
lunes, 24 de octubre de 2011
EL PERIODISMO SERIO... ES PELIGROSO
El periodismo de investigación serio y peligroso, requiere respeto, cobertura y difusión
Pedro Echeverría V.
1. Blanche Petrich coordinó la mesa El periodismo de investigación, durante la Feria Internacional del Libro en el Zócalo de la ciudad de México, en la que participaron los periodistas y autores de libros José Reveles –Levantones, narcofosas y falsos positivos–, Diego Enrique Osorno, de El Cártel de Sinaloa, una historia del uso político del narco, y Marcela Turati, de Fuego cruzado. Con un Foro lleno Reveles, Osorno y Turati coincidieron en que escriben los libros sobre narcotráfico, operativos gubernamentales, niños, mujeres o trata de personas para "visibilizar a las víctimas", entender qué pasa en el país y, de ese modo, con información, "combatir el miedo". Sus trabajos, como podrá verse, se dedican a la investigación y al análisis del problema que mayor presencia ha tenido en México en los últimos cinco años: el narcotráfico
2. El periodismo de investigación –cuando se hace para servir a las clases oprimidas y no para ponerse a las órdenes de intereses políticos y empresariales- es la cima, el más alto nivel del periodismo. La realidad es que a ningún sector poderoso interesa conocer la realidad acerca de las clases marginadas, explotadas y miserables porque conocer lo que ha sido su misma obra, de nada les serviría, les perjudicaría para aumentar sus capitales. El periodismo de investigación que va al fondo de los problemas sociales no sólo no interesa a las clases dominantes (llámense políticos, empresarios, clero, inversionistas) sino que siempre están puestos para combatirlo y bloquearlo cuando se presenta. ¿Cómo entonces podrían anunciarlo, publicarlo, difundirlo, en sus medios de información, empresas monopólicas como Televisa, TV Azteca o Radiofórmula?
3. Pero esos mismos medios monopólicos de información que dominan totalmente los programas televisivos y radiofónicos, así como toda la publicidad, publican también decenas de revistas "de moda" que también dominan el mercado. En tanto el diario La Jornada y el semanario Proceso –ambos de investigación- venden alrededor de 100 mil ejemplares, las grandes revistas de la moda –esencialmente para mujeres porque le tocan la fibra que más les gusta y se colocan dentro de la ideología que el capitalismo les ha metido hasta lo más profundo de su cerebro- Glamour, Vogué, Muy interesantes, Playbol, Rolling Stone, Cosmopolitan, InTouch, Maxim, Cuore, Elle, Jueves, Gente, etcétera comercian varios millones de ejemplares y obtienen decenas de millones de pesos. Los libros científicos, los de análisis económico y político no se venden o se comercializan poco por falta de publicidad e interés.
4. Por eso el periodista Reveles fue claro al señalar en el Foro que "los libros que escriben (son ya entre 60 y 100 títulos) dan una perspectiva que "no nos da" en la radio ni la televisión, incluso ni la prensa escrita, por cuestiones de tiempo y espacio". Por eso también preguntó con cierta indignación: ¿Por que "no somos un país de indignados, como España, Chile, Francia, pese a los graves problemas por los que atraviesa México?. El periodista conoce muy bien la respuesta: México es un país donde la participación política ha sido rara durante los 70 años de dominio priísta y los 11 años del gobierno de la extrema derecha panista. Si el movimiento vallejista de 1958-59, si la lucha estudiantil de 1968, si las protestas electorales de 1988 y 2006, así como las batallas de Chiapas y Oaxaca representaron rebeldías importantes, éstas no pudieron consolidarse porque fuero reprimidas con brutalidad y por otras causas.
5. El periodista Osorno se fue al fondo del asunto y señaló que –de acuerdo con análisis y discusiones que ha tenido con sus compañero periodistas- puede concluirse que esta guerra contra el narcotráfico parece encontrarse dentro de "una política delineada en Estados Unidos para países como México, pero por desgracia aquí se producen los muertos y allá se queda el dinero". Y rebatió a aquellos que piensan que es solo "una "guerra estúpida" y no se dan cuenta que es "una guerra bien pensada". Hoy, cuenta Osorno: "de pronto me he visto con chaleco antibalas y casco en la cobertura de un operativo militar que buscaba integrantes del crimen organizado en Apatzingán, Michoacán" Por eso Osorno se ha preguntado: "¿Qué pasó con mi país cuando apenas estábamos en las discusiones acerca de las luchas sociales, de temas políticos, de la democracia?".
6. La periodista Turati, más interesada en los problemas sociales como pobreza, derechos humanos, pueblos indígenas o pendientes relacionados con niños y mujeres, de pronto se vio incrustada – en este terrible país de la violencia- en la "nota roja" o las cuestiones judiciales. Turati ha denunciado en Proceso la estrategia de Calderón al crear la Procuraduría de Atención a Víctimas del Delito con el fin de arrebatar banderas a Javier Sicilia. También denunció junto a Reveles que el ejército colombiano entrena a policías y militares mexicanos, pero en tácticas antiguerrilleras y antiterroristas en el medio rural o la jungla, no en las ciudades, donde aquí se libra la llamada guerra contra el narcotráfico. No tengo duda –y esta debe ser tarea de periodistas independientes- que estas investigaciones deben difundirse buscando romper el muro de la desinformación que ejercen las empresas privadas al servicio del poder.
7. En México el 95 por ciento de la televisión, la radio y la prensa escrita pertenece a los poderosos empresarios asociados a los gobiernos de derecha. Son más que imposibles de penetrar por sectores honestos de la izquierda no socialdemócrata. Los periodistas honestos que han logrado colarse en esos medios no representan ni el uno por ciento, sirviéndoles a los empresarios, la mayoría de las veces, para hablar de pluralidad y apertura. Por eso el periodismo de investigación sobre problemas sociales de los sectores pobres y oprimidos, son desconocidos o escasamente difundidos por uno que otro medio para el consumo de una minoría. Por eso la batalla en la lucha por una sociedad informada, igualitaria y justa tiene que pasar por encima de esos medios de información que durante muchas décadas han funcionado como verdaderos "lavados de cerebro" que impiden el desarrollo de cualquier pensamiento crítico.
http://pedroecheverriav.wordpress.com
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martes, 5 de julio de 2011
"Lilos, jotitos y puñales", discurso homofóbico en medios de comunicación
Guillermo Montalvo Fuentes / NotieSe
“Crimen pasional entre mujercitos”, “Maricón sidoso se suicida”, “Gay con sida amenaza con infectar a hombres”, “Maricón destrozado”, “Degüellan a lilo”; son algunas de las frases que periódicos mexicanos acostumbraban utilizar, principalmente en los años 70 y 80, para titular aquellas notas sobre homosexuales, un discurso homofóbico que de acuerdo con el periodista Antonio Medina Trejo, ha disminuido, “aunque todavía no tenemos los medios que queremos”.
Durante su participación en el V Encuentro sobre Disidencia Sexual e Identidades Sexuales y Genéricas, el también maestro en comunicación y política por la Universidad Autónoma Metropolitana, explicó que tanto cartonistas, fotógrafos, reporteros y editorialistas de la época hacían uso del sensacionalismo como gancho informativo, por lo que ubicaban siempre al homosexual dentro de la sección policiaca, médica o jurídica, donde abundaban los escándalos, las redadas y las explicaciones psiquiátricas que argumentaban la idea de desviación, anormalidad o patología de esos seres “graciosos”.
“Exhibición de cuerpos desnudos, atados, apuñalados, con titulares como 'redadas de lilos', todo esto contribuyó a reforzar el estigma acerca de lo lamentable que era ser homosexual y priorizó la idea de que éste era culpable de su propio crimen, por ser como era, por traicionar a la hombría”.
Producto de un proceso de sensibilización, Medina Trejo mencionó que en el ámbito nacional, la prensa escrita ha avanzado mucho, y cada vez es más raro encontrar este tipo de discursos; sin embargo, subrayó la importancia de diseñar estrategias de denuncia, efectivas y ciudadanas, para incidir en los medios de comunicación, “con el objetivo de que recibamos la información desde las perspectivas que creemos merecer como sector social”.
La conferencia de Medina llevó por nombre “La representación social de los homosexuales en la prensa de nota roja, un primer acercamiento al análisis mediático sobre la percepción de los homosexuales en los medios de comunicación”, un trabajo que no sólo incluye el discurso discriminatorio, por parte de los medios, contra la diversidad sexual, sino también por diferencia de clases, raza o género.
Criminalizar la discriminación no es la solución: Gloria Careaga
Ante la imposibilidad de sancionar en México a los medios de comunicación que discriminan, Gloria Careaga, secretaria general de la Asociación Internacional de Lesbianas y Gays (ILGA), señaló para esta agencia que muchas veces la desesperanza de considerar que no se avanza lo suficiente en la defensa de los derechos humanos lleva a plantear la necesidad de que la denuncia se convierta en una criminalización, algo que, dijo, no es la mejor idea.
La criminalización no nos lleva a soluciones con respecto a lo que buscamos, pues las vejaciones que vivimos son producto de la estructura social, y al ser así, todas las personas tendríamos que ser criminalizadas, pues todos alguna vez hemos discriminado”.
Para la representante de la ILGA, el combate a la discriminación debe hacerse con base en una transformación social y un cambio cultural, donde la educación, la alianza con los medios de comunicación y el trabajo con el gobierno constituyen la mejor alternativa.
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lunes, 18 de abril de 2011
¿DEBE PUBLICARSE ÉSTA FOTOGRAFÍA?
Pablo Ordáz / Blog El País
Déjenme que les haga una pregunta: ¿se debe publicar la fotografía de una mujer colgada de un puente de Monterrey, desnuda de cintura para arriba, con un mensaje de sus asesinos pintado en la espalda?
Sí. ¿Por qué? No. ¿Por qué? Depende. ¿De qué…?
Cuartoscuro, una muy buena revista de fotografía que se edita en México DF cada dos meses, cuesta 30 pesos (1,8 euros) y ya cuenta con 18 años de vida, dedica su último número a un debate recurrente en México desde que arreció la violencia asociada al narcotráfico. ¿Deben publicarse las fotografías de los ajusticiados medio desnudos, de las cabezas sin cuerpo colocadas en la acera, de los jóvenes cuerpos apilados en la morgue siempre repleta de Ciudad Juárez, de los niños que acaban de quedarse huérfanos abrazados a jóvenes abuelas que a su vez se abrazan a grises ataúdes de cinc? ¿Qué debe hacer un fotógrafo cuando llega a un rancho de Tamaulipas y se encuentra los cuerpos sin vida de 72 migrantes asesinados quién sabe por quién ni por qué? ¿Hacer clic? ¿O tal vez cerrar los ojos, guardar la cámara, darse la vuelta?
“Publicar o no, he ahí el dilema”. Así se titula uno de los reportajes de la revista. Un reportaje que da voz a fotoperiodistas, editores, escritores, profesores universitarios. Fernando Brito, editor de fotografía del diario El Debate de Sinaloa, es rotundo: “Como medio no puedes dejar de publicar lo que está sucediendo en la ciudad o en el país. No podemos hacernos los ciegos”. El escritor Paco Ignacio Taibo II va más allá: “Yo no diría que no deben publicarse, el problema es cómo se publican. Cuando lo que quieres es impactar a la opinión pública para mostrarle que hay cosas que están sucediendo y que no puedes cerrar los ojos frente a ellas, a mí me parece legítimo publicar las imágenes. Cuando se reitera una y otra vez y lo único que se trata de hacer es el cuerpo descuartizado, la cabeza cortada, el niño muerto, etc, etc, se está apelando a la mentalidad morbosa de la ciudadanía y de esa manera moralmente no suerte el mismo efecto, sino que es contrario”. Hay quien, como el investigador jurídico Ernesto Villanueva, tiene claro que “la libertad de expresión reclama la difusión de imágenes violentas; no se puede tapar el sol con un dedo”. Y quienes como Alejandro Sánchez Camacho –impulsor de una iniciativa para regular la publicación de “imágenes violentas—está convencido de que no deben publicarse: “Hay un impacto psicológico considerable, no sólo en las familias de los afectados, sino también en el conjunto social”.
El debate es sin duda apasionante. El director de Cuartoscuro, Pedro Valtierra, explicó su posición a este periódico: “Hay grupos que están interesados en que no se publiquen este tipo de fotos. Es una vieja idea de los grupos conservadores del país, quienes culpan a los periodistas de estar contribuyendo a la violencia. Pero no es tan simple. Creo que buena parte de lo que está sucediendo ahora en México tiene mucho que ver con que la sociedad que no ha mirado al fondo de las cosas, no hemos sido autocríticos. Porque, como hemos expuesto en la revista, el fenómeno no es nuevo. La violencia tal como la estamos retratando ahora –los descabezados, los ahorcados…-- ya existía en México desde la Revolución, desde la época de los cristeros. Ya desde entonces se cometían ese tipo de crímenes”.
Es un debate difícil y doloroso y por eso también necesario. Publicar o no, he ahí el dilema.
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