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viernes, 13 de septiembre de 2013
sábado, 19 de mayo de 2012
martes, 7 de febrero de 2012
7 FORMAS DE DESTRUIR CIUDADANÍA EN MÉXICO
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jueves, 3 de marzo de 2011
¡Son las consecuencias, estúpido!
Por: Ana Joaquina Ruiz Guerra, investigadora del área de Transparencia y Rendición de Cuentas.
Año tras año hemos visto escándalos que vienen y van. Para el alivio del político en turno, la conmoción dura apenas un par de semanas en el peor de los casos; sin embargo, para la gran mayoría de la ciudadanía se trata de “todo lo que anda mal en el país” y para otros es evidencia inequívoca de que somos ya un Estado fallido. Las crudas imágenes de los “daños colaterales” por la militarización, el constante mal uso de los recursos públicos y las demás tragedias exhibidas por los medios de comunicación, nos han dejado a los mexicanos en un impasse.
Para quienes defendemos la transparencia en los asuntos públicos es importante que podamos conocer los porqués, cómos, quiénes y cuántos de las decisiones políticas; particularmente las que conciernen a nuestro dinero (los recursos públicos). Sin embargo, quienes en un principio se oponían a la transparencia han visto que aun cuando el recuento de sus malas acciones u omisiones sale a la luz pública, simplemente no existen consecuencias. Ejemplos de impunidad tenemos de sobra: desde el “góber precioso” hasta las víctimas inocentes de la guardería ABC.
¿De qué nos sirve enterarnos y documentar si nada pasa? La transparencia, como valor fundamental para la construcción de un estado democrático, es sólo un paso previo para acompañar una adecuada Rendición de Cuentas. Esto no quiere decir que la transparencia no sea necesaria, incluso fundamental en un Estado que aspira a la democracia sustantiva.
Una vez construido y transitado el tramo inicial hacia el conocimiento de los asuntos públicos, es fundamental que existan consecuencias sobre los actos deshonestos o dolosos de quienes ocupan cargos públicos o se ven beneficiados por éstos. En este sentido, el Derecho a Saber nos ayuda para la construcción y allanamiento del camino que debemos recorrer para avanzar en otros derechos.
No se trata únicamente que sepamos qué funcionario público gastó recursos extraordinarios en cuestiones personales, sino que debería interesarnos conocer el por qué dichos recursos no están siendo empleados para el combate a la pobreza o para abastecer medicamentos. Claro que debemos estar enterados de qué prestaciones tienen algunos maestros sindicalizados, pero también qué impacto tiene esto en la calidad de la educación. Es importante saber cuál es el precio de la mezcla mexicana del petróleo pero todavía más importante conocer qué impacto están teniendo en el desarrollo del país estos recursos petroleros.
Y aunque saber es importante, no es suficiente. ¿Qué pasa si descubrimos una malversación de fondos? O peor aún, si evidenciamos que los recursos públicos están siendo utilizados para fines no deseados; como por ejemplo, favorecer a las grandes empresas agroindustriales en lugar de a pequeños productores en el medio rural. ¿Qué sucede si nos damos cuenta que el dinero de todos se utiliza con fines electorales en lugar de transferirse a quienes requieren esos recursos para su sobrevivencia? Así pues, la cuestión se trata no sólo de conocer, sino de que pasen cosas en torno a ese saber. No debemos esperar solamente sanciones para quienes han infringido la ley y malversen los recursos públicos a su favor, también queremos que cambien las cosas y se susciten modificaciones sustantivas en la forma en que se emplean dichos recursos. Es decir, que mejore la distribución del dinero público para combatir la desigualdad y la inequidad.
Desafortunadamente, el actual estado de las cosas ha llevado a los ciudadanos a la indignación pública, pero también a la clase política al mantenimiento del status quo. Los escándalos varían cada semana, pero los asuntos centrales no cambian. La Rendición de Cuentas debe servir para profundizar la democracia, así como para generar modificaciones a la estructura inequitativa e injusta que vive este país.
Así entonces, para los ciudadanos no sólo importa la economía, como dijo Clinton en su campaña, ¡lo importante también son las consecuencias!
miércoles, 19 de enero de 2011
¡QUE PASE LA VIOLADA!
EL POZO DE LOS DESEOS REPRIMIDOS
Alvaro Cueva
Con el pretexto de que la susodicha era menor de edad, don Carlos la presentó de espaldas.
¡Qué experiencia tan más ridícula, grotesca, chafa! Con el pretexto de que la susodicha era menor de edad y que había que proteger su identidad, don Carlos la presentó de espaldas en un sillón.
Y nomás le pudimos ver la melena. Jamás la cara, jamás los ojos, jamás las manos. ¿Así o más claro que esta historia se ha convertido en un “talk show” de mala muerte?
Porque, no nos hagamos tontos, eso es exactamente lo que hacen las conductoras de los “talk shows” cuando quieren jugar con el público.
Esconden a alguien atrás de una pared, le tapan la cara o le distorsionan la voz, pero no para protegerla, para incrementar el suspenso, para llamar más la atención, para subir el “rating”.
Ahora resulta que la televisión abierta nacional es muy respetuosa y que su mayor prioridad es la de proteger a los menores de edad.
¡Sí, cómo no! Por eso en 2010 nos la pasamos viendo fotos de la niña Paulette con vida, sin vida y en toda clase de posiciones. Por eso le conocemos la cara a los niños de la Guardería ABC.
Por eso cuando tembló en Haití se nos hizo un nudo en la garganta viendo a todos esos niños indefensos en la desesperación del hambre, la insalubridad y el caos. ¡Porque eran menores de edad!
Todo estos casos, más muchos otros, ameritaron que viéramos las caras de los menores de edad. El de Daina Geraldine, no. ¡Qué casualidad! Ni que fuera el niño sicario. Ni que su drama fuera un asunto de seguridad nacional.
¿Por qué “Primero Noticias” está protegiendo a Daiana Geraldine? ¿Cuál es la intención? ¿Morbo? ¿Circo? ¿Evitar que la gente se dé cuenta de algo?
En esta clase de entrevistas la imagen es fundamental. ¿Qué caso tenía llevar a la supuesta víctima de Kalimba a la televisión si no le íbamos a ver la cara? ¡Pues no que la chava tenía muchas ganas de declarar!
En esta clase de entrevistas la imagen es fundamental. ¿Qué caso tenía llevar a la supuesta víctima de Kalimba a la televisión si no le íbamos a ver la cara? ¡Pues no que la chava tenía muchas ganas de declarar!.
A usted y a mí no nos consta nada, sólo que una muchacha fue a rendir declaración ante Carlos Loret de Mola como si se tratara de un Ministerio Público, como si a través de sus declaraciones fuera a conseguir algo.
Y don Carlos, en el peor estilo ya no diga usted de “Laura de todos” o de “Cosas de la vida” sino de “Hasta en las mejores familias”, se puso a jugar con ella confrontándola con las declaraciones de Kalimba en video.
¿Pues qué quería que le dijera?: “Uy, sí! Kalimba tiene toda la razón”. ¡Pues claro que no! Ella está defendiendo su postura.
Pero la está defendiendo en la tele a nivel nacional e internacional, no en los juzgados. Esto es lo delicado: pensar que la justicia se hace en los medios, no ante los jueces.
¿Hasta cuándo vamos a seguir perdiendo el tiempo con los problemas legales de Kalimba? ¿Hasta cuándo?
Todavía falta que se entreviste a las autoridades, a las amigas de Daiana Geraldine, a lo amigos de Kalimba, al novio de la denunciante, a los trabajadores del hotel, a los papás de la muchacha, al público que fue a ese antro esa noche, a varios psicólogos, a dos o tres policías y a quien se deje. ¡Qué horror! ¡Qué asco!
No sé usted, pero yo, entre más veo que se le da cuerda a este “reality show”, más me decepciono.
¿Cuál es el valor periodístico de la entrevista que usted y yo vimos ayer por la mañana? ¿Qué es lo relevante? ¿A quién le sirve? ¿Para qué?
¿Hubo algo que a usted le quedara claro después de escuchar a esa chica? ¿Se dijo algo que afectara nuestras vidas? ¿Pasó algo que compitiera en importancia con lo que está ocurriendo en Veracruz, Guerrero, Nuevo León y tantos otros puntos del país?
Me queda claro que esta vez Carlos preparó mejor su entrevista y que hizo todo lo que estaba a su alcance para conservar la calma (¿Notó cómo se la pasó moviendo el pie izquierdo en señal de desesperación?), pero también que pasaron muchas cosas vergonzosas.
Los noticiarios como “Primero Noticias” no tienen por qué estar compitiendo contra los “talk shows” sensacionalistas, no tienen por qué estar hablando de estos casos ni por qué estar despilfarrando sus recursos trasladando gente desde diferentes puntos del país para participar en esta clase de numeritos.
¿Qué va a pasar con la credibilidad de ese servicio informativo después de toda esta alharaca? ¿Qué va a pasar con Carlos? Nomás le faltó gritar “¡qué pase la violada!” para ponerse al nivel de Laura Bozzo.
Aquí va a tener que pasar algo, algo que reivindique a “Primero Noticias”, porque todo este circo afecta, no se puede quedar así. ¿O usted qué opina?
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viernes, 25 de junio de 2010
EL PLEBEYO QUE QUERIA SER PRINCIPE
Jorge E. González Ayala
La Lonchería/Blog
Érase una vez en un reino del Sur, un joven plebeyo que soñaba con convertirse en Príncipe. Sin embargo su bajo linaje hacía imposible realizar ese sueño. No había mecenas caritativos ni princesas amorosas que le ayudaran a realizarlo. Tampoco hubo profecías que le pronosticaran un heroico futuro, ni oráculos o pitonisas que le auguraran un reino.
Su único aliado era un balón de futbol al cual dominaba con los únicos zapatos rotos que sus paupérrimos padres le habían podido comprar.
Sobre la cancha el joven plebeyo superaba a todos sus rivales con facilidad, ni nobles ni bárbaros podían superarlo. Fue en los llanos terregosos de la periferia en donde se fue forjando su leyenda. Era tal su habilidad que los rumores parecían difíciles de creer y de lejanas tierras peregrinaban primero curiosos e incrédulos, más tarde creyentes, para contemplar con sus propios ojos al portento de muchacho y constatar sus glorias.
Un día sobre el llano aventuró: “Mi sueño es jugar una Copa del Mundo y ganarla”. El silencio inundó a la multitud atónita, pero poco a poco se empezaron a escuchar voces que gritaban: ¡Campeón! ¡Campeón! Y de fondo, el murmullo ya cantaba “Seremos campeones, seremos campeones”.
Fue de esa manera que el pueblo decidió convertir al joven plebeyo en Príncipe a cambio de que él cumpliera ya no con su sueño, sino con su promesa de ser campeones. Y aquel joven Príncipe creció y puso todo su empeño en lograr el sueño-promesa que se había hecho a si mismo y a su pueblo. Pronto llegó la gran oportunidad. Pero primero habría que vencer al mayor enemigo de su reino en un partido a muerte, sin contemplaciones. Soberbios, los rivales no daban crédito que aquel plebeyo convertido en Príncipe pudiera vencerlos, hasta que su pequeña figura comenzó a dejarlos atrás en la cancha.
Primero a uno, luego a otro, siguió avanzando hasta quitarse la marca de un cuarto, ya en el área un quinto y en vez de tirar, decidió burlar al portero para prácticamente entrar con el balón a la portería. Los historiadores le llamaron El Gol del Siglo. Así, el Imperio sería derrotado hasta la humillación, cuando en un acto digno de prestidigitador, el Príncipe logró engañar al árbitro para hacer pasar una mano por un tiro de cabeza legal y anotar un segundo gol. Fue “la mano de Dios”, diría el Príncipe después. Había ya triunfado, el campeonato sería sólo una formalidad más.
Desde entonces su pueblo lo nombró Rey, le dieron trono y cetro. Él había cumplido su promesa, había jugado la Copa del Mundo y la había ganado. ¿Qué podría hacer ahora como Rey? Todos lo miraban con amor y esperanza. Todos empezaron a pasar por alto sus fallas. El Rey se dedicó a los placeres mundanos y a contar una y otra vez su historia, la de aquel joven que se prometió ser Príncipe y hacer a su pueblo campeón. El pequeño plebeyo que había sido una vez un Príncipe ahora era un Rey gordo, abotagado, borracho y parlanchín, semejante a un sapo, que poco a poco empezó a creerse su propia leyenda: El Caballero de los Pobres, ¡lo era!; el Rey de los desposeídos, ¡el rey!; incluso podía ser Dios ¡Amén!
Un día el Rey reunió a su pueblo para contarles de nuevo su historia, pero ahora el pueblo hablaba de un nuevo Príncipe, otro virtuoso del balón. El Rey Sapo escuchó con atención y sin dudar hizo una nueva promesa: Lideraría al nuevo Príncipe, lo llevaría a la Copa del Mundo y haría de nuevo campeón a su pueblo.
Pero esa es otra historia, que tendrá que ser contada en otra ocasión…
La Lonchería/Blog
Érase una vez en un reino del Sur, un joven plebeyo que soñaba con convertirse en Príncipe. Sin embargo su bajo linaje hacía imposible realizar ese sueño. No había mecenas caritativos ni princesas amorosas que le ayudaran a realizarlo. Tampoco hubo profecías que le pronosticaran un heroico futuro, ni oráculos o pitonisas que le auguraran un reino.
Su único aliado era un balón de futbol al cual dominaba con los únicos zapatos rotos que sus paupérrimos padres le habían podido comprar.
Sobre la cancha el joven plebeyo superaba a todos sus rivales con facilidad, ni nobles ni bárbaros podían superarlo. Fue en los llanos terregosos de la periferia en donde se fue forjando su leyenda. Era tal su habilidad que los rumores parecían difíciles de creer y de lejanas tierras peregrinaban primero curiosos e incrédulos, más tarde creyentes, para contemplar con sus propios ojos al portento de muchacho y constatar sus glorias.
Un día sobre el llano aventuró: “Mi sueño es jugar una Copa del Mundo y ganarla”. El silencio inundó a la multitud atónita, pero poco a poco se empezaron a escuchar voces que gritaban: ¡Campeón! ¡Campeón! Y de fondo, el murmullo ya cantaba “Seremos campeones, seremos campeones”.
Fue de esa manera que el pueblo decidió convertir al joven plebeyo en Príncipe a cambio de que él cumpliera ya no con su sueño, sino con su promesa de ser campeones. Y aquel joven Príncipe creció y puso todo su empeño en lograr el sueño-promesa que se había hecho a si mismo y a su pueblo. Pronto llegó la gran oportunidad. Pero primero habría que vencer al mayor enemigo de su reino en un partido a muerte, sin contemplaciones. Soberbios, los rivales no daban crédito que aquel plebeyo convertido en Príncipe pudiera vencerlos, hasta que su pequeña figura comenzó a dejarlos atrás en la cancha.
Primero a uno, luego a otro, siguió avanzando hasta quitarse la marca de un cuarto, ya en el área un quinto y en vez de tirar, decidió burlar al portero para prácticamente entrar con el balón a la portería. Los historiadores le llamaron El Gol del Siglo. Así, el Imperio sería derrotado hasta la humillación, cuando en un acto digno de prestidigitador, el Príncipe logró engañar al árbitro para hacer pasar una mano por un tiro de cabeza legal y anotar un segundo gol. Fue “la mano de Dios”, diría el Príncipe después. Había ya triunfado, el campeonato sería sólo una formalidad más.
Desde entonces su pueblo lo nombró Rey, le dieron trono y cetro. Él había cumplido su promesa, había jugado la Copa del Mundo y la había ganado. ¿Qué podría hacer ahora como Rey? Todos lo miraban con amor y esperanza. Todos empezaron a pasar por alto sus fallas. El Rey se dedicó a los placeres mundanos y a contar una y otra vez su historia, la de aquel joven que se prometió ser Príncipe y hacer a su pueblo campeón. El pequeño plebeyo que había sido una vez un Príncipe ahora era un Rey gordo, abotagado, borracho y parlanchín, semejante a un sapo, que poco a poco empezó a creerse su propia leyenda: El Caballero de los Pobres, ¡lo era!; el Rey de los desposeídos, ¡el rey!; incluso podía ser Dios ¡Amén!
Un día el Rey reunió a su pueblo para contarles de nuevo su historia, pero ahora el pueblo hablaba de un nuevo Príncipe, otro virtuoso del balón. El Rey Sapo escuchó con atención y sin dudar hizo una nueva promesa: Lideraría al nuevo Príncipe, lo llevaría a la Copa del Mundo y haría de nuevo campeón a su pueblo.
Pero esa es otra historia, que tendrá que ser contada en otra ocasión…
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sábado, 19 de junio de 2010
¿VIVA MÉXICO? ¿CUÁL MÉXICO?
¿Cómo se puede amar a un país por el sólo hecho de nacer ahí si te han oprimido durante toda tu vida?
Pedro Echeverría V.
1. Si hubiera nacido en Inglaterra, los EEUU, la India o Egipto, sería igual al hecho de haber nacido en México. Pienso que lo mismo estaría odiando a sus gobernantes, a sus medios de información, la explotación y la opresión. No me sentiría "orgullosamente" del país donde nací porque en lugar de admirarlo me daría vergüenza decir que soy inglés, gringo, hindú, egipcio o mexicano. ¿Por qué defender en mi caso a México si durante siglos un puñado de grandes propietarios, de ricos, de millonarios y políticos ha impuesto su ideología, su dominación y sus formas de vida? Si no fuera consciente de esa realidad estaría gritando: México, México, como México no hay dos", pero el sólo saber que el 70 por ciento de la población vive en la pobreza y la miseria y que menos de mil familias han vivido y viven como reyes me hacen pensar que digo que soy mexicano porque aquí tengo mis registros.
2. Me viene esta reflexión porque veo "la idiotez" que está provocando el campeonato de fútbol, no sólo entre el pueblo humilde enajenado y enloquecido por los medios de información que actúan por órdenes de la clase empresarial y política, sino incluso entre sectores que se dicen progresistas y luchadores sociales como La Jornada, el programa de Carmen Aristegui, los profesores de la CNTE, los electricistas y otros que luchan, que por ese hecho demuestran un enorme inconciencia. ¿Creen acaso que esos espectáculos no tienen ideología, que son deportes neutrales y "los ha adoptado porque nacen de las entrañas del pueblo"? ¿Creen que Calderón ordenó que todos los vean y él mismo se fue a Sudáfrica, sin pensar que el fútbol es una forma de dominación del pueblo y había que aprovecharlo? Me imagino al pobre pueblo mexicano gritando y aplaudiendo al México que lo mantiene en la miseria, el hambre y la opresión.
3. ¿Qué gane México a Sudáfrica?, no; que pierda los dos primeros partidos para que esos medios de información y sus campañas de enajenación se calmen. Para que los electricistas, mineros, oaxaqueños, triquis, juarences, regresen a su realidad, rompan los velos de la droga enajenante que les tapan los ojos y los oídos y enfrenten las cosas como son. Quizá incluso, ante la rabia y desesperación, se atrevan a retirar esas enormes pantallas televisivas que les han puesto para mediatizarlos y joderlos más. ¿Cómo es posible seguir gritando como tontos a favor de un país que los ha sometido? Pienso que son los ricos, los explotadoras y opresores quienes sí deberían alabar a México por las cuantiosas riquezas que les ha entregado. Pero los pobres, que nada tienen que agradecer a una patria que no los quiere, que los ha jodido junto a su familia. ¿Gritan acaso por México por la intensa propaganda recibida?
4. Por eso se ha dicho, el mismo Marx lo planteó, que el nacionalismo es brutal. Ha sido el origen de todas las guerras, invasiones, rapiñas, de las luchas por mercado. En México no existía formalmente hasta que José Vasconcelos, el intelectual fundador de la educación pública –en nombre de la sagrada Revolución- llevó en 1921 a todos los estados de la República la llamada "identidad nacional", es decir, la "misión cultural" para que el pueblo entienda que pertenecía a un territorio con fronteras, tenía una bandera, un escudo, un himno, una Constitución y leyes a las que debía someterse y obedecer; para que comprenda que "tenía libertad, pero no mucha, sólo aquella limitada por los derechos de los demás, de los poderosos"; que debería sujetarse a una serie de disposiciones para luego no recibir castigos establecidos en las leyes por la clase dominante.
5. ¿Qué harían los 70 millones de pobres –explotados, jodidos y sin dónde refugiarse, es decir, sin el fútbol, sin la vírgen María, sin Semana Santa, sin Pedro Infante, sin decir que "como México no hay dos" y sin unas cuantas "chelas" (cervezas)? Quizá sin ese colchón necesarísimo "para descansar el alma", los orillarían al suicidio. Eso es lo que saben empresarios y gobierno y se aprovechan para profundizar esas creencias que ayudan a desviar los problemas tan agudos que tienen los explotados. Quizá por eso el filósofo Sartori escibió que "un hombre que pierde la capacidad de abstracción es incapaz de racionalidad y es, por tanto, un animal simbólico que ya no tiene capacidad de sostener y menos aún para alimentar el mundo construido por el homo sapiens". ¿Se pretende acaso mediante esas campañas enajenantes hacer que el pueblo no pueda diferenciar entre una persona o un sistema u otro?
6. Pero carajo, tampoco es fácil no enajenarse o alienarse para salvar la vida. ¿Si no tienes, TV, fútbol, telenovelas o "un perro que te ladre" (como dicen por aquí) para distraerte, para "olvidar" o calmar las broncas del trabajo, la miseria y el hambre, con qué salir o escapar de los problemas? ¿Si alguien no encuentra en qué enajenarse: en acumular dinero, ser político, prostituirse, emborracharse, fumar mota, leer y escribir, cómo dejar el cerebro vacío, sin pensar nada, tal como aconseja el hindú Krihnamurti?
Quizá por eso existe mucho miedo a la soledad o a quedarse sin nada de dónde asirse o "agarrarse". Aunque parezca autoritario da la impresión que la gente necesita una protección, una seguridad, algo que la proteja frente a este mundo que no puede entender ni explicarse. Por eso las religiones, los íconos, los dioses y los héroes anidan en los corazones que quienes los necesitan.
7. Por ello hay que entender y explicarse por qué Marx señaló que "la religión es el opio del pueblo". No lo hizo de manera despectiva sino como una forma de explicación para demostrar cómo el opio se había extendido en el mundo para desviar el pensamiento de los explotados y oprimidos. No fue una oposición "jacobina" para plantear que la religión era causa de todos los males; más bien era un efecto de una sociedad que buscaba refugiase en algo que le de fuerza para soportar sus problemas y sufrimientos. Ha sido el papel del fútbol, de los nacionalismos y patriotismos que tanto extienden las clases dominantes para tener mareado al pueblo y así controlarlo mejor. Si bien las sociedades racionalistas han usado la ciencia y la tecnología para dominar "científicamente" a los pueblos, también han conservado los dogmas y las pasiones para mantenerlos sin comprender los métodos de dominación.
Tomado de: http://pedroecheverriav.wordpress.com
Pedro Echeverría V.
1. Si hubiera nacido en Inglaterra, los EEUU, la India o Egipto, sería igual al hecho de haber nacido en México. Pienso que lo mismo estaría odiando a sus gobernantes, a sus medios de información, la explotación y la opresión. No me sentiría "orgullosamente" del país donde nací porque en lugar de admirarlo me daría vergüenza decir que soy inglés, gringo, hindú, egipcio o mexicano. ¿Por qué defender en mi caso a México si durante siglos un puñado de grandes propietarios, de ricos, de millonarios y políticos ha impuesto su ideología, su dominación y sus formas de vida? Si no fuera consciente de esa realidad estaría gritando: México, México, como México no hay dos", pero el sólo saber que el 70 por ciento de la población vive en la pobreza y la miseria y que menos de mil familias han vivido y viven como reyes me hacen pensar que digo que soy mexicano porque aquí tengo mis registros.
2. Me viene esta reflexión porque veo "la idiotez" que está provocando el campeonato de fútbol, no sólo entre el pueblo humilde enajenado y enloquecido por los medios de información que actúan por órdenes de la clase empresarial y política, sino incluso entre sectores que se dicen progresistas y luchadores sociales como La Jornada, el programa de Carmen Aristegui, los profesores de la CNTE, los electricistas y otros que luchan, que por ese hecho demuestran un enorme inconciencia. ¿Creen acaso que esos espectáculos no tienen ideología, que son deportes neutrales y "los ha adoptado porque nacen de las entrañas del pueblo"? ¿Creen que Calderón ordenó que todos los vean y él mismo se fue a Sudáfrica, sin pensar que el fútbol es una forma de dominación del pueblo y había que aprovecharlo? Me imagino al pobre pueblo mexicano gritando y aplaudiendo al México que lo mantiene en la miseria, el hambre y la opresión.
3. ¿Qué gane México a Sudáfrica?, no; que pierda los dos primeros partidos para que esos medios de información y sus campañas de enajenación se calmen. Para que los electricistas, mineros, oaxaqueños, triquis, juarences, regresen a su realidad, rompan los velos de la droga enajenante que les tapan los ojos y los oídos y enfrenten las cosas como son. Quizá incluso, ante la rabia y desesperación, se atrevan a retirar esas enormes pantallas televisivas que les han puesto para mediatizarlos y joderlos más. ¿Cómo es posible seguir gritando como tontos a favor de un país que los ha sometido? Pienso que son los ricos, los explotadoras y opresores quienes sí deberían alabar a México por las cuantiosas riquezas que les ha entregado. Pero los pobres, que nada tienen que agradecer a una patria que no los quiere, que los ha jodido junto a su familia. ¿Gritan acaso por México por la intensa propaganda recibida?
4. Por eso se ha dicho, el mismo Marx lo planteó, que el nacionalismo es brutal. Ha sido el origen de todas las guerras, invasiones, rapiñas, de las luchas por mercado. En México no existía formalmente hasta que José Vasconcelos, el intelectual fundador de la educación pública –en nombre de la sagrada Revolución- llevó en 1921 a todos los estados de la República la llamada "identidad nacional", es decir, la "misión cultural" para que el pueblo entienda que pertenecía a un territorio con fronteras, tenía una bandera, un escudo, un himno, una Constitución y leyes a las que debía someterse y obedecer; para que comprenda que "tenía libertad, pero no mucha, sólo aquella limitada por los derechos de los demás, de los poderosos"; que debería sujetarse a una serie de disposiciones para luego no recibir castigos establecidos en las leyes por la clase dominante.
5. ¿Qué harían los 70 millones de pobres –explotados, jodidos y sin dónde refugiarse, es decir, sin el fútbol, sin la vírgen María, sin Semana Santa, sin Pedro Infante, sin decir que "como México no hay dos" y sin unas cuantas "chelas" (cervezas)? Quizá sin ese colchón necesarísimo "para descansar el alma", los orillarían al suicidio. Eso es lo que saben empresarios y gobierno y se aprovechan para profundizar esas creencias que ayudan a desviar los problemas tan agudos que tienen los explotados. Quizá por eso el filósofo Sartori escibió que "un hombre que pierde la capacidad de abstracción es incapaz de racionalidad y es, por tanto, un animal simbólico que ya no tiene capacidad de sostener y menos aún para alimentar el mundo construido por el homo sapiens". ¿Se pretende acaso mediante esas campañas enajenantes hacer que el pueblo no pueda diferenciar entre una persona o un sistema u otro?
6. Pero carajo, tampoco es fácil no enajenarse o alienarse para salvar la vida. ¿Si no tienes, TV, fútbol, telenovelas o "un perro que te ladre" (como dicen por aquí) para distraerte, para "olvidar" o calmar las broncas del trabajo, la miseria y el hambre, con qué salir o escapar de los problemas? ¿Si alguien no encuentra en qué enajenarse: en acumular dinero, ser político, prostituirse, emborracharse, fumar mota, leer y escribir, cómo dejar el cerebro vacío, sin pensar nada, tal como aconseja el hindú Krihnamurti?
Quizá por eso existe mucho miedo a la soledad o a quedarse sin nada de dónde asirse o "agarrarse". Aunque parezca autoritario da la impresión que la gente necesita una protección, una seguridad, algo que la proteja frente a este mundo que no puede entender ni explicarse. Por eso las religiones, los íconos, los dioses y los héroes anidan en los corazones que quienes los necesitan.
7. Por ello hay que entender y explicarse por qué Marx señaló que "la religión es el opio del pueblo". No lo hizo de manera despectiva sino como una forma de explicación para demostrar cómo el opio se había extendido en el mundo para desviar el pensamiento de los explotados y oprimidos. No fue una oposición "jacobina" para plantear que la religión era causa de todos los males; más bien era un efecto de una sociedad que buscaba refugiase en algo que le de fuerza para soportar sus problemas y sufrimientos. Ha sido el papel del fútbol, de los nacionalismos y patriotismos que tanto extienden las clases dominantes para tener mareado al pueblo y así controlarlo mejor. Si bien las sociedades racionalistas han usado la ciencia y la tecnología para dominar "científicamente" a los pueblos, también han conservado los dogmas y las pasiones para mantenerlos sin comprender los métodos de dominación.
Tomado de: http://pedroecheverriav.wordpress.com
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