BLOG DE ANÁLISIS Y PERIODISMO PROPOSITIVO

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jueves, 10 de febrero de 2011

QUE ESTADOS UNIDOS NO OPINE: SRE


Patricia Espinosa (SRE)
La titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), Patricia Espinosa Cantellano, sugirió a los funcionarios extranjeros que no emitan opiniones cuando desconocen la situación que impera en México, luego de que el subsecretario del Ejército estadounidense Joseph W. Westphal tuvo que corregir sus declaraciones sobre los riesgos de que el crimen organizado —que calificó de insurgencia— tome el control del gobierno en el país.
En conferencia, la canciller mexicana dijo que “estos incidentes, tan lamentables, deben llevar a que los funcionarios se abstengan de hacer declaraciones y hacer opiniones sin contar con todos los elementos del caso, porque de verdad que resulta penosa una declaración de este tipo y después la corrección, pero nos parece que es muy correcto que lo hayan hecho”.
Comentó que ante las afirmaciones del alto mando del Pentágono, el gobierno de México “reaccionó de inmediato para externar su sorpresa en Washington”, y estas gestiones derivaron en la corrección hecha por el militar.
Espinosa Cantellano indicó que detrás de estas afirmaciones del jefe militar estadounidense “lo que en nuestra opinión indica es que no hay, lamentablemente, la información adecuada sobre lo que verdaderamente está ocurriendo en México”.
La titular de la SRE expuso que en México “estamos enfrentando con todo vigor a la delincuencia organizada, que por cierto su expansión y fortalecimiento también tiene raíces en Estados Unidos, por lo que nos parece totalmente inaceptable este calificativo e inadecuado también ver el problema desde una unilateralidad, cuando en realidad lo que tenemos que buscar son mecanismos de cooperación que nos lleven a una mayor capacidad de enfrentar al crimen organizado”.
Por separado, José Francisco Blake, secretario de Gobernación, dijo que las declaraciones del militar de EU están “totalmente fuera de lugar”.
Aclaró que la cooperación bilateral sigue igual porque es fundamental para el combate a la criminalidad.
José Narro Robles, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dijo que Joseph W. Westphal “ignora” la realidad de México.
“No entiende lo que ha representado la lucha de estos últimos años”, ni la pérdida de vida de 35 mil mexicanos, añadió el rector.
Las declaraciones del militar, dobladas al español,  haciendo CLICK AQUI. (Con información de El Universal)

jueves, 9 de diciembre de 2010

EL NIÑO SICARIO

Lydia Cacho

Es un niño, flacucho que se muerde los labios con la ansiedad de quien se ve forzado a explicar su comportamiento frente a periodistas que no se preocupan por cubrir su rostro. A cada pregunta baja la mirada, los hombros caídos, las manos restregándose, mira de reojo a los adultos que le rodean y que sin abogado o tutor presente han decidido hacerle un juicio mediático. Rodeado de soldados armados, este niño no sólo fue arrebatado de su infancia por Jesús Radilla Hernández (a) "El Negro",nuevo líder del Cártel del Pacífico Sur (CPS, Beltrán Leyva en Morelos); además fue linchado moralmente en un espectáculo mediático. La noticia plagada de exageraciones le dio la vuelta al mundo.

¿Qué nutre más el morbo que exhibir a este niño sicario para demostrar cuán bajo ha caído la sociedad mexicana? Que una psicóloga experta asegure en la radio que el niño es un psicópata sin haber elaborado peritaje, pero “por lo que muestran los medios” asegura que estos niños “nacen malos”. Qué mejor para nutrir el mito de un México cruel, despiadado, infame y sin cura para su violencia que usar a un niño como emblema.

No se nace malo o bueno, se aprende, o no, a dar connotación moral a nuestras acciones. La violencia se aprende y miles de niños son víctimas y producto de los cárteles, en Brasil, Colombia y México (entre otros).

No nos dijeron que es un niño nacido en los Estados Unidos, maltratado desde que se acuerda, que vivía en un barrio de Morelos con sus hermanas cuyos padres hace rato se desentendieron de su bienestar. Apenas a los doce años fue secuestrado por el líder de sicarios que lo indujo a las drogas y, con una mezcla de afectos paternales y amenazas le enseñó a usar armas. Pequeño, con 45 kilos y brazos flacuchos, fue utilizado para ultimar la vida de cuatro personas previamente torturadas por adultos, según informa uno de los soldados que se negaba a que lo exhibieran. El chico no se ufana, como han querido mostrar los medios, ni es una máquina de matar, como dijeron amarillistas. Es otra víctima de los cárteles, de la violencia intrafamiliar, de la Trata de menores para fines criminales.

¿Por qué matabas? Le pregunta el periodista como si hablara con un asesino profesional. Se muerde los labios, frunce el seño con miedo y responde “Me ordenaba "El Negro". Sólo me drogaba con mota y no sabía lo que hacía”. ¿Por qué te metiste en esto? Insiste el entrevistador: "No me metí, me jalaron". ¿Estas arrepentido? "Sí, de haber entrado a esto y de matar".

Sabemos que un psicópata es incapaz de sentir remordimiento o empatía. Es claro que el niño desarrolló mecanismos de defensa ante la violencia que aprendió a reproducir. Encasillarlo con otros asesinos es injusto y peligroso.

“El Ponchis” debe ser protegido del linchamiento. Usarlo como ejemplo del sicariato infantil es imperdonable. Darle una oportunidad terapéutica y abrir espacios para rescatar a otros chicos en situación similar es lo ético. A estos niños les urgen héroes que no sean violentos, familias alternativas que les protejan, una sociedad que les enseñe que hay otras formas de tener poder lejos de la muerte. Y una prensa más responsable con la infancia.

Para publicar el jueves 9 de diciembre
Esa es todavía puro cuento, Héctor
Ciro Gómez Leyva

Héctor Aguilar Camín respondió ayer aquí a las preguntas que le hice hace unos días tras su afirmación de que en el tema de la inseguridad, los periodistas nos portamos como tontos. Respuestas que merecen un comentario amplio. Hoy tomo sólo un párrafo.
Héctor dice que, hecho por hecho, los medios estamos diciendo la verdad, “pero que la imagen acumulada es falsa, o tan desbalanceada que se parece más a una mentira que a una verdad”.
Puede ser, pero ¿qué pasa cuando el hecho es falso en sí? Ahí es donde creo que se da el naufragio: no en las imágenes acumuladas, sino en el mal registro de los hechos, que lleva a la consiguiente presentación de un hecho falso o desbalanceado.
Ponía ayer el ejemplo de una nota de ocho columnas (Reforma), “Llegan al DF narcocuotas”, basada en fuentes anónimas y una sola fuente acreditada (el presidente de la Coparmex-DF) que, a la primera de cambios, suaviza, si no es que desmiente la información.
No hay una fuente sólida que confirme la expansión de las extorsiones a comercios en la capital. No lo hacen los comerciantes, el gobierno, la autoridad judicial ni el Consejo Ciudadano de Seguridad Pública del DF.
Le pido las cifras de 2010 al presidente de dicho Consejo, Luis Wertman. Responde con números actualizados al 30 de noviembre. Se han registrado 119 mil intentos de extorsión (a personas y comercios); de ellos, 115 mil 800 han sido contenidos o se han disuelto. Se han consumado, por tanto, 3 mil 200.
“Representa una disminución de tres por ciento respecto del año pasado”, evalúa Wertman. A mí 3 mil 200 extorsiones consumadas me parecen una barbaridad, pero no encuentro un dato para informar que se han disparado.
Así que esa, Héctor, me parece todavía puro cuento.

Hasta aquí Lydia Cacho. Ahora vea éste reportaje especial colombiano que aborda a fondo el tema de los niños sicarios en aquel país. Triste realidad a nivel mundial.

viernes, 5 de noviembre de 2010

2006-2010: ESTADÍSTICAS DEL HORROR

Rodrigo Vera / PROCESO

La guerra calderonista contra el narcotráfico ha causado decenas de miles de muertes (el gobierno federal reconoce más de 28 mil y algunos conteos independientes sitúan la cifra en poco más de 25 mil), más que las habidas durante la Independencia o la invasión de Estados Unidos a México, afirman a Proceso especialistas en estadística criminal; aseguran que no hay númerosabsolutamente confiables al respecto y señalan además que lo que no se puede medir no se puede conocer ni combatir efectivamente...

Las decenas de miles de muertos que ha dejado la guerra emprendida por Felipe Calderón contra el narcotráfico superan el número de bajas de algunos conflictos bélicos de la historia mexicana: la Independencia, con 23 mil fallecidos; la guerra contra Estados Unidos, con la misma cantidad; la de Reforma, cuyo saldo fue de 8 mil, o la guerra sucia de los setenta que dejó 436 muertos, de acuerdo con cifras generalmente aceptadas.

Lo grave, afirman los analistas, es que cada año duplica al anterior en número de muertos de la guerra contra el narcotráfico: en 2006 había dos bajas por cada 100 mil habitantes y ahora son 8.4. Agregan que de continuar la estrategia de Calderón, al término de su sexenio serán asesinadas 14 personas por cada 100 mil habitantes. Una cifra muy alta para los estándares internacionales.

El especialista en estadística criminal Arturo Arango Durán comenta a este semanario: “La actual guerra contra el narcotráfico ha resultado sumamente letal. Su costo en víctimas ya es altísimo. Pero lo peor de todo es que es una guerra perdida de antemano, pues fortalece a la delincuencia organizada mientras más la ataca. Al reducir la oferta de droga hace que los precios suban y los cárteles obtengan mayores ganancias.

“Así, queriéndolo o no, el Estado fortalece a la delincuencia organizada y se convierte en el gran regulador del mercado de la droga. Se metió en un círculo vicioso, sin salida. Además la guerra está atizando las disputas entre un cártel y otro por el control de las plazas.

“Todo esto tiene un efecto multiplicador de la violencia y, por consiguiente, de muertes. Esto es justamente lo que hace que el número de fallecidos se duplique de un año a otro. En términos absolutos, hablando estrictamente de pérdida de vidas humanas ya estamos por encima de las provocadas por casi todas las otras guerras civiles que ha padecido México desde su Independencia.”

Analista en la misma materia, Juan Pablo Arango aclara: “Debemos tomar en cuenta que nuestras guerras civiles por lo general fueron ocasionadas por disputas ideológicas entre amplios sectores de la población; en cambio la actual es, sobre todo, el resultado de una acción emprendida por el gobierno federal para combatir a los cárteles de la droga”.

A petición de Proceso ambos peritos hacen un minucioso análisis estadístico sobre el incremento de muertes que ha provocado el actual conflicto armado, así como su comparación con las guerras del pasado en México.

Conteos diferentes

Señalan que a falta de una estadística confiable del gobierno federal (que ha dado cuenta oficialmente de más de 28 mil bajas en esta guerra), varias organizaciones ciudadanas y medios hacen sus propios conteos; para elaborar el análisis los especialistas partieron de los datos del diario Reforma: 25 mil 549 muertos de 2006 a este mes, aunque advierten que la cifra podría estar por debajo de la real.

En 2006 –cuando Calderón asumió la Presidencia–, las muertes por narcotráfico fueron 2 mil 119, cantidad que representa dos muertos por cada 100 mil habitantes. En 2007, el número subió poco: pasó a 2 mil 275, y la proporción fue de 2.1 muertos por cada 100 mil habitantes.

Pero en 2008 fueron 5 mil 207. El número aumentó más del doble respecto del año anterior. Con esto ya eran 4.8 muertos por cada 100 mil habitantes. Un año después hubo otro incremento significativo: 6 mil 587 muertos y la tasa se elevó a 6 por cada 100 mil habitantes.

Este año, a mediados de octubre ya se habían contado 9 mil 361 muertos: 8.4 por cada 100 mil habitantes.

Además, el pasado martes 26, la Secretaría de la Defensa informó que de diciembre de 2006 a agosto de 2010 la guerra contra los cárteles ha dejado 191 militares muertos.

Arturo Arango resume: “El incremento fuerte empezó a darse a partir de 2007, por lo que realmente es el año base. De entonces a la fecha el número se cuadruplicó. Por cada 100 muertos que teníamos en 2007 ahora tenemos 400. ¡Es una matazón espantosa!”.

–¿Cuáles son sus proyecciones para el último año del sexenio?

–Si las cosas siguen igual, las tendencias estadísticas nos dicen que el próximo año la cifra será de 11 muertos por cada 100 mil habitantes y para 2012 pasará a 14. El sexenio concluirá con 14 muertos por cada 100 mil habitantes. Un incremento grandísimo.

Juan Pablo Arango recalca: “Esto sólo ocurrirá si el gobierno sigue con su misma estrategia de combate, si el Ejército y las corporaciones policiacas continúan bajo la misma tónica. La tasa de muertes bajaría si se aplica, por ejemplo, una estrategia de contención o una negociación con la delincuencia organizada”.

Arturo Arango y su hijo Juan Pablo son especialistas en políticas de seguridad pública. Desde hace una década han trabajado en equipo y son coautores de varios libros sobre la materia, como Estadística policial, Cartografía delictiva e Inteligencia policial.

Ahora colaboran con un grupo de trabajo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) que recopila información y realiza evaluaciones estadísticas. Han trabajado también con el Gobierno del Distrito Federal en el mismo rubro y a últimas fechas se han especializado en evaluar estadísticas sobre homicidios.

Arturo Arango fue investigador del Instituto Ciudadano de Estudios Sobre la Inseguridad, que dirige el exómbudsman capitalino Luis de la Barreda. Señala: “Para tener la justa dimensión del costo humano que implica una guerra no basta contabilizar sólo a sus muertos, sino también a las llamadas víctimas secundarias, como los huérfanos, las viudas, los lesionados…”.

–¿Se puede tener una cifra aproximada del número de víctimas secundarias de esta guerra contra el narcotráfico?

–¡Claro que sí! El cálculo estadístico es de 1.4 huérfanos por cada muerto. De manera que actualmente tendremos unos 32 mil huérfanos en el país. Y en el mejor de los escenarios habrá unos tres lesionados por muerto, aquí ya estamos hablando de unos 75 mil lesionados que requieren atención médica.

–¿Y viudas?

–Pueden ser 18 mil o 20 mil… muchas de ellas son mujeres que ya no tienen ingresos y se integran al mercado laboral.

“La guerra está generando muchas presiones en el sistema de salud, de educación, laboral… su efecto multiplicador es impresionante porque provoca un conflicto adicional que el Estado es incapaz de atender.”

–¿Una guerra igual de cruenta y mortal que nuestras anteriores guerras?

–Sí, pero sólo hablando en términos absolutos en cuanto a número de muertes, a pérdida de vidas.

En ese sentido, los peritos en estadística señalan que las muertes de la lucha contra el narcotráfico son más que las 23 mil que dejó la guerra de Independencia, que duró 11 años.

También están por encima de las 2 mil 200 de la guerra de Texas, de 1835 a 1836; de las 23 mil de la invasión de Estados Unidos, que duró dos años; de las 8 mil en cuatro años de la guerra de Reforma y de las 436 de la “guerra sucia”. Ni se diga del conflicto armado en Chiapas, de 1994, que arrojó poco más de 100 muertos.

Pero están por debajo de las 63 mil que hubo en la intervención francesa en seis años o de las 90 mil de la guerra Cristera, de 1926 a 1929.

En números relativos

Sin embargo, los analistas advierten que al hacer una comparación estadística en términos relativos, la de Calderón es menos letal que la mayoría de las anteriores guerras.

“Para no ser tendenciosos debemos ajustar el número de muertes a dos variables importantes: a la población que tenía México en cada una de esas guerras civiles y al periodo de tiempo en que ocurrió cada una”, explican.

Con base en esto señalan que la guerra de Independencia tuvo 370 muertos por cada 100 mil habitantes, ya que en aquella época la población nacional apenas rebasaba los 6 millones.

La guerra de Texas provocó 28 muertes por cada 100 mil habitantes. El conflicto contra Estados Unidos arrojó 328, la guerra de Reforma 97, la intervención francesa 768, la guerra Cristera 543, mientras que la guerra sucia y el conflicto chiapaneco no alcanzan un fallecimiento por cada 100 mil habitantes.

Aclaran que actualmente hay zonas y entidades federativas –como Chihuahua– cuyo número de muertes en términos relativos es muy similar al de algunos de estos conflictos armados.

Indican que las matanzas más conocidas del pasado, como la del 2 de octubre de 1968 –cuyo cálculo de decesos oscila entre 150 y 350– o la del Jueves de Corpus, en 1971 –se calculan 60– son “eventos aislados”, por lo que fueron desechadas de sus cálculos comparativos.

–Pero la guerra contra el narco también está dejando matanzas, como la de los 72 migrantes en Tamaulipas.

–Sí. Pero a estas alturas esas 72 muertes ya no marcan ninguna diferencia en términos estadísticos. Es un porcentaje mínimo. Y no es por menospreciar ese acontecimiento– dice Arturo Arango.

Asegura que las matanzas del narcotráfico no pueden calificarse de genocidio, pues esta figura implica el exterminio del enemigo ideológico o étnico. Sin embargo, algunas organizaciones de derechos humanos, entre ellas el Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria, aseguran que ya se da un genocidio contra los jóvenes y niños de Ciudad Juárez, por lo que piden la intervención de la ONU y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Agrega que el gobierno no ha podido contabilizar el saldo de muertos que va dejando la guerra contra el narco: “Hasta el momento el gobierno no tiene un mecanismo que le permita contar bien. Por ejemplo, el SNSP informa que de 2006 a la fecha se han cometido 63 mil homicidios dolosos. Pero no dice cuántos corresponden a la lucha contra el crimen organizado. Sus cifras y las del Inegi tienen diferencias hasta de 30%. Es un desbarajuste total.

“El registro de muertes tiene que empezar a levantarse desde que se llega a la escena del crimen. Inmediatamente debe resguardarse el área y levantar lo que nosotros llamamos el IPH (Informe Policial Homologable). Las cosas deben hacerse con método. Pero estos protocolos internacionales no se cumplen en México.

“Se ha llegado a casos extremos, como sucedió en Tabasco durante el gobierno de Roberto Madrazo. En ese tiempo el gobierno estatal registraba cero secuestros, pero en sus cárceles tenían el número más alto de secuestradores del país. ¿De dónde sacaban secuestradores si no tenían secuestros? Este tipo de situaciones siguen dándose.

“Por eso ante la falta de datos confiables, organizaciones de la sociedad civil y algunos medios, como los diarios Milenio y Reforma, llevan sus propios conteos. Hay programas radiales que tienen ‘ejecutómetros’ mediante los que registran diariamente el número de ejecutados.”

–¿Para qué sirve llevar un registro de muertos?

–Un problema que no se puede medir no se puede interpretar, mucho menos combatir. Es como si un médico supone que tienes fiebre sólo con verte la cara. No. Necesita un termómetro para determinar la temperatura corporal y después del diagnóstico te da la medicina. La contabilidad de las víctimas sirve para hacer un diagnóstico y tomar las medidas correctas. Los datos falsos hacen tomar medidas inadecuadas –responde Arturo Arango.

–¿Eso le está ocurriendo al gobierno en su lucha contra el narcotráfico?

–Sí. Es como si estuviera piloteando un aeroplano que vuela entre una tempestad sin instrumentos para controlarlo y sin saber hacia dónde se dirige. Completamente perdido.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

LA PAJA EN EL OJO AJENO: ALERTAN INSURGENCIA EN MÉXICO


CRIME WARS: GANGS, CARTELS AND U.S. NATIONAL SECURITY

WASHINGTON.— Los cárteles mexicanos de la droga se han convertido en el mejor ejemplo de “la insurgencia criminal del siglo XXI” que ha puesto en jaque al Estado con sus acciones de “violencia, corrupción y bandolerismo extremo” y amenazan con arrastrar al país hacia “una virtual forma de guerra civil”, señala un diagnóstico elaborado por especialistas del Centro para una Nueva Seguridad en Estados Unidos (CNAS, en inglés).
El documento establece que las relaciones criminales entre los cárteles y las pandillas han dejado de ser un problema sencillo de seguridad local para transformarse en una forma de “metástasis” que se ha extendido por el hemisferio en forma de “insurgencia criminal”.
“Estas redes amenazan a los gobiernos y sociedades civiles del hemisferio occidental, y cada vez más a Estados Unidos”, dice el reporte Guerras criminales: Pandillas, cárteles y la seguridad nacional estadounidense.
El informe no duda en identificar a México —“un país que hoy lucha por su propia vida contra una insurgencia criminal extendida”—, como el país más importante del hemisferio para la seguridad de EU.
Los especialistas señalan que la amenaza de los cárteles supone una forma de insurrección y definen a la insurgencia como “un intento de debilitar o impedir las funciones de un gobierno, lo cual describe las actividades de las FARC en Colombia, los cárteles mexicanos y algunas redes transnacionales”.
El reporte que aquí se presenta para leér o descargar, elaborado por los investigadores del CNAS, Bob Killebrew y Jennifer Bernal, ha sido difundido a sólo unas horas de que Richard Lugar, el republicano de mayor rango en la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, pidiera a la administración del presidente Obama el considerar la utilización del ejército y de la comunidad de inteligencia para combatir la amenaza de la narcoinsurgencia en México y brindar más activos de vigilancia para ayudar a frenar las drogas y armas que cruzan la frontera.
Esta percepción, que ha sido motivo de un intenso intercambio de reproches y desmentidos entre México y EU, es compartida por la propia secretaria de Estado, Hillary Clinton, quien ha comparado a México con Colombia y a los cárteles como una forma de insurgencia. Una valoración, por cierto, no compartida por Obama.
Tras esta evaluación, el gobierno mexicano protestó categóricamente y rechazó que la realidad de México pueda equipararse a la de Colombia. El lunes pasado la secretaria de Relaciones Exteriores (SRE), Patricia Espinosa, negó que en México se estén produciendo fenómenos de narcoinsurgencia o narcoterrorismo.

viernes, 3 de septiembre de 2010

VIVIENDO AL LÍMITE


Lucha integral contra el narcoterrorismo

Por Victor Hugo Malagon/The Americano

El Diccionario de la Real Academia Española de la lengua define resiliencia como la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas. Si hay un valor social que el pueblo colombiano ha desarrollado especialmente en estos años de terror, mafia y muerte, es precisamente la cualidad de la resiliencia que nos permite asumir con valentía situaciones desgraciadas de amenaza y violencia. El pueblo colombiano ha experimentado en los últimos años, un evidente mejoramiento en su situación de seguridad y prosperidad, por eso recibimos con sorpresa el reciente ataque terrorista con un carro bomba en la capital del país muy cerca a las oficinas de una de las más prestigiosas cadenas de radio. Por momentos, vinieron a nuestra mente imágenes y recuerdos de la más cruda época del terror que con inusitada frecuencia cobraba la vida de cientos de inocentes, a causa de cobardes atentados para sembrar terror y atemorizar a la población, en una feroz lucha de mafias y grupos irregulares contra el Estado colombiano.

Hoy Colombia está mejor preparada para plantarle cara a los violentos y en particular a las guerrillas narcoterroristas evidentemente debilitadas y desacreditadas, cuya esperanza en el apoyo de gobiernos y simpatizantes vecinos se reduce todos los días debido a las dinámicas de la realidad global. Ante tales niveles de debilidad el único camino viable para los narcoterroristas es deponer las armas, cesar la violencia y reintegrarse a la vida democrática, sin embargo como los peces que salen del agua, los más radicales aletearán desesperadamente y harán todo el ruido posible antes de morir, o por la fuerza de las armas o por el poder las palabras y los acuerdos.

He tenido la oportunidad de ver en los últimos días la realidad en distintas regiones del hermano pueblo mexicano y noto con mucha tristeza que este querido país apenas empieza un largo, doloroso y difícil camino en su lucha contra las mafias y el narcoterrorismo, camino que Colombia ha tenido que recorrer en muchas décadas. Me parece entonces pertinente recordar que los tentáculos mafiosos de terrorismo y del narcotráfico superan las fronteras; mal podríamos considerar que el problema es del territorio mexicano, colombiano o venezolano. La lucha integral contra estos enemigos de la paz, de la libertad y de la democracia debe ser una lucha integral de toda la región y del mundo en general. Fallamos cuando intentamos delimitar el problema, fraccionarlo o comprenderlo sólo desde perspectivas específicas. La complejidad del problema exige que los abordemos integralmente, de ahí que los países vecinos digan que libran una lucha contra el narcoterrorismo en su territorio pero el mismo tiempo callen cobardemente en las instancias internacionales ante las evidencias de la protección de narcoterroristas colombianos en algunos territorios de la región.

Víctor Hugo Malagón es economista, profesor universitario, especialista en política y relaciones internacionales.