BLOG DE ANÁLISIS Y PERIODISMO PROPOSITIVO

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miércoles, 15 de junio de 2011

LA SUSPENSIÓN POLÍTICA DE LA MORAL

Por Jorge Bruce
Durante la Revolución rusa se acuñó la frase que titula esta nota. En 1917 eso significaba que se había entrado en un estado de excepción y que, por ende, el crimen era un mal necesario (si es que era un mal). En el 2011, en el Perú, parece estar sucediendo algo análogo. Estamos en serio riesgo de entrar a un periodo con un “nuevo Fujimori”. Para ello se requiere esa suspensión política de la moral, a fin de poder escindir todo lo que se sabe acerca del régimen en cuestión. Durante el segundo gobierno de Nixon, una tira cómica mostraba a dos hombres en un bar. Uno dice: “Mira, Nixon no es tonto. Si la gente realmente quisiera un liderazgo moral, él les daría un liderazgo moral”.
El argumento de que no hay genética en política es correcto. De hecho, el problema del fujimorismo no está en los genes sino en la política y en las identificaciones. Nadie nace corrupto. La candidata Fujimori tendría todo el derecho a pretender hacer un gobierno ético y democrático. Para ello, sin embargo, tendría que hacer un deslinde tajante del de su padre. Algo como lo que hizo la hija de Fidel Castro. Pero todos vemos que no solo no es así, sino que el condenado por crímenes de corrupción y lesa humanidad es el sustento del movimiento Fuerza 2011. Sin él, su hija no existiría políticamente. A pesar de lo cual es probable que las encuestas de hoy amplíen la ventaja de la heredera del presidente más corrupto de la historia del Perú (sitial difícil de alcanzar, por lo demás).
Los afectos que han permitido llegar a esta situación son el miedo, por un lado, y la cólera, por el otro. El miedo favorece al fujimorismo, en la medida que esa imagen del salto al vacío que Kurt Burneo ha tratado de reducir a una frase de campaña sigue disuadiendo a muchos electores. La mayoría quiere un cambio, pero teme un salto mortal. Humala se benefició inicialmente de la cólera y la desesperanza de muchos excluidos del ágape del crecimiento económico. Paradójicamente, su empeño en desmarcarse de ese plan inicial de Gana Perú, en vez de aplacar los temores de quienes lo ven como una amenaza, solo lo está alejando de quienes lo habían colocado como su paladín.
Tengo una intuición que no puedo demostrar: Humala no se siente un hombre de izquierda. Creo que sus intenciones de convertirse en un centrista moderado son genuinas, pero tardías. La evolución del plan de la primera vuelta a la hoja de ruta de esta semana es presentada como una adaptación a la correlación de fuerzas, para usar otra idea del marxismo, pero es percibida como una debilidad tanto por sus adversarios –que además controlan los medios– como por sus partidarios. Y puede que tengan razón. Humala sin cólera no da fuego, no cataliza ese gran bolsón de malestar.
En cambio, la hija de Fujimori se ha limitado a encerrar a quienes, como Martha Chávez o Luisa María Cuculiza, no ven la hora de regresar a los buenos viejos tiempos del autoritarismo y la impunidad. Hasta un termocéfalo como Rafael Rey ha entendido que se requiere de ciertos remilgos para volver a palacio. Por eso le “apenan” las críticas de Mario Vargas Llosa. Para decirlo en colores: la veo verde. (La República)

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