BLOG DE ANÁLISIS Y PERIODISMO PROPOSITIVO

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domingo, 19 de septiembre de 2010

LA FUTURA DEMOCRACIA BLINDADA


Cuando se refieren a la “crisis”, los periodistas, intelectuales y analistas del sistema hablan en forma abstracta y genérica, sin precisar su impacto en la pirámide social del sistema capitalista a escala global.

Así, por ejemplo, la prensa internacional en los últimos meses expresa, con total impunidad cómo la crisis está “afectando a los más ricos” cuya pirámide está encabezada por los súper millonarios del ranking de la revista Forbes. Los grandes medios y cadenas televisivas (que informan a las sociedades a escala masiva) tienen centrada su “preocupación” en las pérdidas de los grandes consorcios empresariales transnacionales, en la reducción de las grandes fortunas de los súper ricos o en la devaluación de los multimillonarios sueldos de los ejecutivos de las metrópolis de EEUU y Europa.

Y cuando se ocupan de los “efectos sociales” de la crisis, sólo toman como parámetro la reducción del consumo en los países centrales, a los que clasifican genéricamente como “sociedades”, sin discriminar entre clases altas, medias o bajas que integran la pirámide social capitalista en EEUU, Europa y en las naciones “emergentes”. No dicen, por ejemplo, que la crisis más aguda del consumo y de la desocupación, tanto en EEUU como en Europa, la sufren los empleados y obreros de baja calificación que están conformando un peligroso bolsón masivo de protestas y conflictos sociales que ya han comenzado por la periferia europea. Casi no hay informes (y los que hay son manipulados y reducidos) de cómo la crisis de los países centrales ya impacta en las economías y en las sociedades de los países subdesarrollados de Asia, África y América Latina, donde se concentra la mayoría del hambre y la pobreza a escala planetaria.

De esta manera, los diarios, las radios y los canales televisivos ponen el acento de la “noticia” en la disminución de la cifra de la fortuna de los tres supermillonarios que encabezan el ranking Forbes: Bill Gates, Warren Buffett y Carlos Slim, cuyos patrimonios juntos suman este año US$ 112.000 millones. Por supuesto, que la prensa del sistema no aclara que esa cifra (en mano de sólo tres personas) equivale a 0,8% del presupuesto, 896 millones de dólares, que la ONU y el Banco Mundial destinan a “combatir la pobreza en el mundo”. El programa para hacer frente a la crisis mundial de alimentos desarrollado por el Banco Mundial no alcanza ni siquiera al 1% de la suma acumulada por los tres capitalistas más ricos, pero esto no es “noticia” para la prensa del sistema que lamenta la reducción de sus patrimonios con la crisis.

Mientras la crisis del capitalismo exportada desde EEUU y los países centrales golpea a los países y sociedades más pobres y desprotegidos de Asia, África y América Latina, los grandes bancos y empresas de Wall Street y Europa recrean una nueva “burbuja en la crisis” con ganancias siderales alimentadas por los salvatajes estatales con dinero de los impuestos.

El “récord” del índice Dow Jones (que reparte la más formidable tajada de rentabilidad capitalista con la especulación financiera, aún en épocas de crisis como la que vivimos) lo integran un reducido número de empresas transnacionales de dimensiones gigantescas, mayores que Estados, que controlan la producción, el comercio y las finanzas mundiales. Entre las primeras treinta mega empresas que controlan el sistema económico productivo mundial y que conforman el Dow Jones se encuentran los grandes pulpos de la especulación financiera que utilizan los billonarios fondos estatales de los “rescates” para producir una “burbuja ganancial” durante la crisis.

A la vez, y por medio de los despidos laborales y la reducción del gasto social (“ajustes”), que incrementan los niveles sociales de precariedad económica y de exclusión masiva del mercado laboral, bancos y empresas mantienen sus tasa de rentabilidad al costo de más desempleo y depresión de la economía real. El capitalismo industrial o comercial estadounidense, con el argumento de la “catástrofe económica” reduce “costo laboral” despidiendo empleados, reduciendo salarios y suprimiendo beneficios sociales, y “sobreexplotación” de la fuerza que queda ocupada. Por su parte, el Estado baja “costo social” por medio de la reducción del gasto público (salud, vivienda, educación) que afectan principalmente a los planes de ayuda social a los sectores más vulnerables.

De esta manera, el sistema capitalista USA (Estado y empresas privadas) descarga el costo del colapso recesivo económico (la crisis) sobre el sector asalariado (fuerza laboral masiva) y la masa más desprotegida y mayoritaria de la sociedad (población pobre con limitados recursos de supervivencia).

Mientras los bancos centrales de EEUU y la Unión Europea utilizan billones de dólares para “rescatar” a bancos y empresas (los que generaron la crisis), los gobiernos centrales imperiales desatan un proceso de “ajustes” sociales contra los sectores más pobres y vulnerables.

Este punto es importantísimo, central, para comprender el carácter clasista de la crisis global capitalista que los analistas y medios del sistema presentan niveladamente como “igual para todos”.

La crisis financiera recesiva (que se expande por todo el planeta) ya derivó en “crisis social” por medio de dos actores centrales: La reducción de la capacidad de consumo y la desocupación.

La “crisis” afecta de manera diferente en la pirámide social: En las clases altas y medias se proyecta como una “reducción del consumo” (principalmente suntuario), en cambio en las clases bajas y marginales se expresa en la desocupación y en una restricción del consumo de los productos básicos para la supervivencia (principalmente alimentos y servicios esenciales). Mientras un rico o clase media acomodado reducen servidumbre, viajes turísticos o consumos superfluos, uno de clase baja o pobre reduce compras de alimentos y consumo necesario para sobrevivir.

En resumen, en la pirámide del colapso recesivo global, para un rico o un clase media alta la “crisis social” significa “apretarse el cinturón” (prescindir de productos suntuarios o de algún confort), mientras que para un currante o esclavo significa quedar desocupado y/o perder capacidad de supervivencia a través de la pérdida o la reducción de su salario.

La masa asalariada (mayoritaria y peor pagada) y los pobres, son a su vez los mayores perjudicados por la utilización fraudulenta (por los reaccionarios estados) de fondos de impuestos públicos para salvar a empresas privadas, ya que no cuentan con los recursos (ahorros y medios capitalistas de supervivencia) de las clases altas o medias altas.

En este cuadro, los ocupados pagan los “rescates capitalistas” con su salario y con lo que consumen, mientras que los desocupados y marginados sociales lo hacen a través de los pocos productos que pueden adquirir para su supervivencia inmediata. Las primeras víctimas, las variables de ajuste, son las masas asalariadas y los sectores más vulnerables de la sociedad que pagan la crisis de los ricos con despidos y reducción de sus salarios, mientras que los sectores más desprotegidos sufren el impacto directo de los recortes de los planes sociales y de ayuda a la pobreza de los gobiernos.

Las masas más desprotegida y los asalariados “cautivos” pagan la crisis de tres maneras:

1) A través de las cargas fiscales a los salarios (que se le descuentan compulsivamente de su sueldo),

2) a través de los impuestos al consumo (que paga en el momento que compra alimentos o productos gravados para el consumidor),

3) A través de los despidos o reducciones de salarios, o de los “ajustes” del Estado con reducción de planes sociales y baja de los aportes patronales.

De manera tal, que en la crisis social se proyectan las mismas variables del resto de la economía capitalista: El peso de la crisis golpea con fuerza sobre la base del triángulo social más desposeído (obreros asalariados y pobres) mientras se atenúa en el medio y en el vértice (empresarios, ejecutivos y profesionales) , donde se concentra la mayoría de la riqueza acumulada por la explotación capitalista.

La misma ecuación (de proyección y efecto disímil de la crisis social) se produce en la pirámide de países capitalistas, claramente dividida entre el vértice (las naciones centrales), el medio (las naciones “emergentes”) y la base (las naciones “en desarrollo”).

Y volvemos al principio: Mientras las clases altas y medias altas proyectan la crisis como una “reducción del consumo suntuario”, las clases bajas viven la crisis como perdida del trabajo y de los recursos básicos de supervivencia (principalmente alimentos y servicios esenciales).

Dentro de un sistema de producción mundial en crisis y sólo orientado a la búsqueda de rentabilidad se desarrollan dos efectos inversamente proporcionales:

1) Crecimiento récord de las fortunas personales y de los activos empresariales capitalistas, y

2) Crecimiento récord (como consigna la ONU) de los pobres y hambrientos que ya alcanzan la mitad de la población mundial.

En este escenario, los estallidos y revueltas sociales que alertan las propias instituciones del sistema como el G-8 y el Banco Mundial no van a ser iniciados por los ricos que disminuyeron sus fortunas, ni por los ejecutivos o profesionales que disminuyeron sus ingresos, sino por los cientos de millones de obreros y empleados que van ser expulsados del mercado laboral. Y en los países centrales como en las periferias de Asia, África y América Latina, van ser los millones de desocupados y expulsados del mercado del consumo que no van a tener medios de subsistencia para sus familias.

De acuerdo con estas proyecciones, no es el mercado (en sus distintas variantes macroeconómicas) sino que son los expulsados del mercado (los excluidos sociales) los que van a protagonizar el desenlace decisivo de la crisis global capitalista que se avecina. No tendrán más remedio que reocupar a la mano de obra expulsada si quieren evitar el colapso social y las revueltas populares.

La maquinaria mediática, que habla de “crisis global” mezclando en una misma bolsa de “perjudicados” a las víctimas (los sectores más bajos de la pirámide) con los victimarios (los ricos del vértice de la pirámide), tiene como misión central ocultar lo que anticipan las propias encuestas del sistema: Protestas y descontento creciente que se proyectan desde los países centrales a la periferia. Esa rebelión social en gestación (como ya se mostró en Europa del Este) se empieza a expresar, a nivel de países centrales y periféricos, en un auge de la protesta social y en un cuestionamiento creciente del centralismo explotador y proteccionista de las potencias regentes. A nivel social, el proceso recesivo con desocupación ya produjo (durante la escalada del petróleo y los alimentos) oleadas masivas de conflictos sociales protagonizados por dos actores centrales: Los pobres y los desocupados.

Y estos procesos llevaron a que los ricos, los del vértice de la pirámide (tanto de los países centrales como periféricos) también comenzaran a nuclearse todos juntos del lado de una sola trinchera: La represión policial y militar. Los planificadores y estrategas del sistema ya tienen una respuesta para lo que viene: Democracia Blindada. Fuente: Ulpilex.es

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