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domingo, 12 de septiembre de 2010

¿QUIEN NECESITA PAPELES CUANDO TIENE UN MACHETE?


Robert Rodriguez denuncia "la corrupción a ambos lados de la frontera" de EEUU en su nueva película, que inauguró el festival en Venecia.

Joe Arpaio, sheriff del condado de Maricopa, en Arizona, se cree un tipo muy rudo. Este ex agente de la DEA se ha hecho popular en medio mundo por confinar a los sin papeles en una cárcel de tiendas de campaña en mitad de una avenida de Phoenix, capital de un Estado donde los derechos de los inmigrantes han retrocedido a los tiempos del salvaje oeste. Entre las hazañas de Arpaio está el haber obligado a los latinos presos a llevar ropa interior rosa. Arpaio es la ley. Arpaio es la justicia. Arpaio es un grandísimo hijo de puta.

Pero, ay, de qué sirve ser el sheriff más duro a este lado del Pecos si una buena mañana te levantas y un sin papeles tatuado y con tantos surcos en la cara que parece aquejado de sequía te atraviesa el cráneo con la madre de todos los machetes. Oh, yeah. No, no estamos hablando de un extraño caso de mala suerte, sino más bien de uno de justicia poética: Arpaio sólo podría acabar con la cabeza abierta como un melón si apareciera en la nueva película de Robert Rodriguez, Machete, que inauguró ayer la Mostra de Venecia.

Aunque igual deberíamos decir la nueva película de DannyTrejo, actor estadounidense de origen mexicano al que hasta ahora habíamos visto en papeles secundarios. Trejo paso varios años en prisión en la década de los sesenta por robo a mano armada y tráfico de drogas. Así que no ha necesitado ni un pelín de maquillaje para ponerse en la patibularia piel de un sin papeles incorruptible e indestructible (Machete) que no para hasta acabar con una trama de corrupción en la frontera que salpica a un senador gringo partidario de la política de tolerancia cero (Robert de Niro), un traficante de drogas (Steven Seagal) y un sheriff de gatillo fácil (Don Johnson).

Esto es entretenimiento

Los tres montan un complot para evitar que entren más mexicanos en EEUU que incluye medidas tan poco fantasiosas como la construcción de un gigantesco muro electrificado alrededor de Texas. Hasta que Machete entra en acción y aquello se convierte en una carnicería de tal calibre que a su lado la toma de El Álamo parece una entrega de diplomas entre México y EEUU (no lo duden: si John Wayne se cruzara por la calle con Machete se haría popó encima).

"Lo que denunciamos aquí es la corrupción existente a ambos lados de la frontera", dijo Rodriguez, que evitó valorar la controvertida ley de inmigración de Arizona durante un encuentro con la prensa. Aunque la popularísima Jessica Alba, que interpreta a una agente en el filme, sí lo hizo: "Es una ley racista". "Machete sólo es un entretenimiento, pero está claro que las personas que están detrás de esa ley han sido los mejores relaciones públicas de la película", contó irónico Trejo.

Sería un gran error tomarse en serio Machete, que originalmente fue un trailer falso que apareció en Planet Terror y Death Proof (Robert Rodriguez y Quentin Tarantino, 2007). Ya que se trata de un disparate en el que la violencia es tan exagerada que provoca más risa que reflexión.

Entre las genialidades de Rodriguez están escenas disparatadas, como una en la que Machete huye de unos sicarios que vienen a matarle al hospital saltando por la ventana utilizando como cuerda los intestinos gruesos de uno de sus enemigos (previamente, claro, le había rajado la tripa con su instrumental habitual). O la transformación de una red de activistas que ayudan a los sin papeles a cruzar la frontera, en una horda enloquecida dispuesta a hacer valer sus derechos por las malas o por las chungas: dos dulces enfermeras que aparecen al principio curando las heridas de un Machete perseguido por la ley, acaban ametrallando a todos los garrulos de extrema derecha que se les ponen por delante.

Pero, como suele ocurrir en algunas películas de Robert Rodriguez, un cineasta que no se caracteriza precisamente por su sutileza, aquí también hay un buen número de despropósitos. La película, que arranca a toda castaña, se deshincha estrepitosamente según avanza una trama sin pies ni cabeza. Secundarios que no vienen a cuento, guión deshilachado y caídas de ritmo completan un simpático conjunto de necedades. Resumiendo: buena lo que se dice buena no es, pero como macarrada latina Machete, no tiene precio.

Carlos Prieto, Venecia, Publico.es

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