BLOG DE ANÁLISIS Y PERIODISMO PROPOSITIVO

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jueves, 21 de octubre de 2010

AUMENTAN SUICIDIOS DE JÓVENES MEXICANOS

Nydia Egremy

Cada año, al menos 5 mil 840 niños y adolescentes mexicanos se quitan la vida. Para hacerlo, recurren a armas de fuego y punzocortantes, raticidas, ahorcamiento o arrojarse desde lugares altos, alertan especialistas. En la última década, este fenómeno aumentó 31 por ciento entre jóvenes de 14 a 21 años. Al año, se registran, al menos, 10 mil 500 intentos suicidas entre este sector

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el suicidio en jóvenes se propicia por la quiebra afectiva y/o económica; la incomunicación o indiferencia familiar; las adicciones al alcohol o las drogas; el incremento de la marginación social y económica; el aislamiento elegido o forzado; los ataques a la dignidad personal, como el abuso sexual, maltrato físico, verbal o sicológico.

Cada 24 horas, fallecen casi 16 jóvenes en México por esta causa. Esa cifra podría superar la mortalidad por diabetes. A pesar de que, en 38 años, la tendencia mundial en suicidios ha descendido, en México creció en 275 por ciento, y actualmente se ubica en una tasa de 4 por cada 100 mil habitantes. Los jóvenes son los que más lo consuman, según la investigación de la doctora María Liliana Toledo, del Consejo Nacional Contra las Adicciones.

De acuerdo con la experta, el suicidio es la quinta causa de muerte entre menores de 15 años y la tercera causa entre el grupo de 15 a 19 años, así como para los de 20 a 24 años. El estudio refiere que la decisión de quitarse la vida se asocia a una predisposición genética, al consumo abusivo de alcohol y drogas y a factores sicosociales, como la pobreza y el desempleo. En cuanto al género, todos los conteos y estudios confirman que, por cada mujer que recurre al suicidio, cinco hombres lo consuman.

Quienes están entre los 20 y 24 años también enfrentan problemas, refiere la investigación La juventud mexicana: Una radiografía de su incertidumbre, de Pedro José Peñaloza, presidente del Instituto Nacional de Prevención del Delito.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en 38 años –de 1970 a 2008– la tasa de suicidios se mantuvo con un incremento anual de 16.5 por ciento en promedio. Sin embargo, esa cifra se disparó a 33 por ciento a mediados de 2009 y se estima que se mantendrá en el curso de 2010. Conforme a esos datos, la OMS ubica a México en el sitio 78 por incidencia de suicidios. Lituania, Bielorrusia, Rusia, Kazajastán, Eslovenia y Hungría (todos ellos antiguos países socialistas) ocupan los primeros sitios en este fenómeno.

En México, el incremento de suicidios va de la mano con el aumento de trastornos depresivos en jóvenes, principalmente en Yucatán, Tabasco, Campeche y Guanajuato, de acuerdo con los conteos del Inegi. Investigadores y organizaciones no gubernamentales advierten que, de seguir esa lógica en 2012, la población juvenil –que sumará 36 millones de personas, su máximo histórico– estará seriamente amenazada por problemas depresivos.

La OMS anticipa que ante el incremento en la tendencia de los jóvenes al a quitarse la vida, es de esperarse que un número importante de ellos esté incluido en el millón y medio por año de suicidios que se cometerán hacia 2020. Al cierre de la primera década del siglo XXI, la OMS establece que los suicidios son casi la mitad de todos los decesos violentos a nivel mundial y que suman alrededor de 1 millón de víctimas al año.

Advertencias tempranas

El proceso suicida se define como un conjunto de acciones con las que se asume que la persona busca quitarse la vida; consta de varias etapas: la ideación suicida pasiva, la contemplación activa del propio suicidio, la planeación y preparación, la ejecución del intento suicida y el suicidio consumado. Esas etapas pueden ser secuenciales o no, pero cada una de ellas conlleva un gran riesgo.

En México, la creciente incidencia de suicidios juveniles no es reciente, como en su momento advirtieron entidades nacionales e internacionales. En 2005, la Secretaría de Salud reportó que, un año antes, se registraron 1 mil 537 suicidios de adolescentes, además de 434 muertes por accidentes en menores de 12 a 17 años, y 625 homicidios. La dependencia hizo notar que cerca del 30 por ciento de ese sector de la población (que entonces equivalía a 3.9 millones de jóvenes) no asistía a la escuela.

En febrero de 2006, Consulta Mitofsky y el Inegi revelaron que el Distrito Federal, Chihuahua, Nuevo León y Veracruz eran, en ese momento, las entidades con mayores índices de suicidio. Al contrastar la situación con otros países de América Latina, se mostró que México ya ocupaba entonces el cuarto lugar en suicidios; Argentina figuró en el primer lugar, seguido por Venezuela y Brasil.

En agosto de ese mismo año, el Índice de los derechos de los adolescentes mexicanos de 12 a 17 años, del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, por su acrónimo en inglés), advertía que el suicidio, los accidentes automovilísticos, la explotación laboral por los bajos salarios y el consumo de drogas eran los riesgos a los que se exponía a los jóvenes mexicanos.

El panorama planteado por el organismo internacional llevó a su representante, Yoriko Yakusawa, a declarar que, en México, “se atiende de forma inadecuada a ese sector de la población”, y lo calificó con 5.53 puntos, en una escala de cero a 10, respecto de sus derechos humanos.

Tres años después, el Informe sobre la adolescencia 2009 –también de la Unicef– enfatizó las precarias condiciones de la población juvenil de México. Indicó que ese sector sumaba 12.8 millones de dos a 17 años de edad: 6.3 de ellos son mujeres, y 6.5, hombres. De ese total, “55.2 por ciento es pobre, pues uno de cada cinco adolescentes tiene ingresos familiares y personales que no les alcanza siquiera para la alimentación mínima requerida”.

Según ese documento, “la falta de orientación y de oportunidades también se refleja en el alto número de menores que mueren cada año en México por accidentes de tránsito, homicidios y suicidios”. El organismo, con base en datos del gobierno mexicano, estableció que, “diariamente, ocho jóvenes cometen suicidio, ocho más son asesinados y tres mueren en accidentes de tránsito”.

Adolescencia deprimida

Para el organismo especializado en la atención a la infancia mundial, la adolescencia es esencialmente una época de cambios. Establece que la transformación del niño a adulto trae consigo grandes variaciones físicas y emocionales; asimismo, que en la adolescencia es cuando se define la personalidad, se construye la independencia y se fortalece la autoafirmación. En esa etapa de la vida, la persona rompe con la seguridad de lo infantil, corta con sus comportamientos y valores de la niñez y comienza a construirse un mundo propio. “Para lograrlo, el adolescente todavía necesita apoyo: de la familia, la escuela y la sociedad”.

Según la Asociación Psiquiátrica Estadunidense, la depresión es un trastorno afectivo que se refleja en el comportamiento. Sus síntomas más comunes son la incapacidad para concentrarse, sentimientos de desamparo, cambios en el peso, problemas de insomnio, inactividad o hiperactividad, pensamiento lento, falta de motivación, fatiga, incapacidad para divertirse y pensamientos relacionados con la muerte.

Esa asociación advierte que la depresión es difícil de diagnosticar en niños. “Incluso, algunos expertos afirman que ese trastorno no se presenta antes de la adolescencia”. Sin embargo, si se observan más de dos de las anteriores características en un lapso mayor a dos semanas, recomienda remitir al menor con algún especialista.

El Fondo para la Defensa de los Niños –organización no gubernamental estadunidense fundada por Marian Wright Edelman, la primera mujer afroamericana que ingresó a la barra de abogados de Mississippi– estima que seis niños se suicidan diariamente en Estados Unidos. En México, este fenómeno social se manifiesta con mayor frecuencia en las zonas urbanas.

No todos los casos de depresión anteceden al acto suicida; sin embargo, ésta debe atenderse a tiempo. “La depresión es considerada como la enfermedad del siglo XXI, pues cada vez, a menor edad, las personas comienzan a manifestar síntomas depresivos”, precisa la maestra Norma Cruz Maldonado, de la Escuela Nacional de Trabajo Social (ENTS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

La depresión no es ajena a los jóvenes, evidencia el estudio Depresión en adolescentes de escuelas secundarias en dos regiones marginadas del Distrito Federal, coordinado por el investigador Francisco Calzada Lemus y en el que participaron Norma Cruz Maldonado y Karina Quezada.

El estudio se llevó a cabo en dos colonias marginadas de las delegaciones Gustavo A Madero e Iztapalapa. En total, fueron 356 jóvenes: 60.4 por ciento, mujeres, y 39.6 por ciento, hombres. El resultado mostró que el 32 por ciento de adolescentes de secundaria presentaba algún nivel de depresión. De ese total, el 71.1 por ciento era “leve”, el 48.6 por ciento, “moderada”, y el 12.5 por ciento, “grave”.

Se observó que la depresión “grave” fue cuatro veces mayor en las mujeres y que se presentó, como la “moderada”, con mayor frecuencia entre adolescentes que cursan el primer y segundo grado de secundaria. La investigación mostró que las dos principales situaciones que se asociaron al desencadenamiento de esa depresión fueron los problemas familiares (divorcio, separación o peleas entre los padres) y la inseguridad pública en la colonia (miedo constante para salir a la calle).

El estudio de la ENTS reveló que la depresión en 12 por ciento de los adolescentes –principalmente, los varones– se asoció al hecho de que no poseían un equipo de telefonía celular de vanguardia.

En lo que se refiere a las causas más profundas que llevan a los niños y jóvenes a pensar o consumar su suicidio está el maltrato infantil en sus hogares o en las escuelas. Así lo advirtió, en noviembre de 2009, el paidosiquiatra mexicano José Luis Vázquez Ramírez. Señaló que los menores maltratados sufren graves trastornos que pueden derivar en conductas violentas, como la autoagresión, el desprecio por el prójimo, el consumo de drogas, “incluso el suicidio”.

Once meses después de esa advertencia, en septiembre de 2010, la investigación de Grupo Multisistemas de Seguridad Industrial (GMSI) señaló que el suicidio entre adolescentes y jóvenes de México se convirtió en la tercera causa de muerte entre personas de 19 a 25 años y que los suicidios en esta población van en aumento.

Esa investigación arrojó que, detrás de esa decisión, las causas más relevantes son “pretender dejar de ser una molestia, buscar que cese el abuso o maltrato, evitar perturbaciones escolares o familiares, incertidumbre y crueldad, además de los tradicionales intentos de venganza”, manifestó Alejandro Desfassiaux, presidente de GMSI.

También alertó que, en México, se detecta un “rápido incremento tanto en suicidios perpetrados como en intentos”. Según el directivo, ese fenómeno estaría ligado “al clima de violencia que prevalece en el país”. Las entidades con mayores suicidios juveniles son Nuevo León, el Distrito Federal, Veracruz, Jalisco y Guanajuato.


Del intento a la consumación

La investigadora Norma Cruz Maldonado, de la ENTS, refiere que el suicidio es el resultado de elementos multicausales, por lo que “cada caso es único y específico”. Detrás del suicidio juvenil, hay factores de carácter social, como el fracaso, el desamor, el desempleo, ruptura con la pareja y la soledad; pero también existen algunos problemas de salud, no sólo la depresión y las adicciones, sino de respuestas: en el menor de los casos, ante la impotencia de hacer frente a enfermedades terminales como el cáncer y el virus de la inmunodeficiencia humana.

Respecto de la falta de datos oficiales actualizados en cuanto a cifras o que coincidan en cuanto a las entidades en que se manifiesta la mayor incidencia del suicidio juvenil, la académica puntualiza que hay que diferenciar entre el suicidio, que es el acto en el que deliberadamente una persona se quita la vida, y el intento de suicidio.

De esa manera, en los informes del Inegi, se observa que hay el doble de intentos que consumados. Refiere Cruz Maldonado que los datos más recientes de la OMS refieren que México está entre las naciones cuya tasa de suicidio se elevó en los pasados 15 años, con un incremento de hasta 62 por ciento y con una tasa anual del 3.4 por ciento.

La investigadora señala que, en el último año, se ha estimado que el suicidio en México se convirtió en la tercera causa de muerte entre los jóvenes; más del 50 por ciento de los casos se presentaron en personas entre 20 y 30 años, y el 20 por ciento, en menores de 20 años.

Al mismo tiempo, reconoce que existe un “problema metodológico para tipificar la muerte por suicidio, pues el Inegi reporta, cada año, los fallecimientos considerados por suicidio con información que recopila a través de otros órganos de gobierno, como la Secretaría de Salud, ministerios públicos y jueces.

Estima que esa cuestión es un asunto “de debate estadístico, judicial, de salud”, ya que, independientemente de las cifras, este tema no debería existir y menos entre la población de entre 15 y 19 años, pues están en una etapa que es considerada, por muchos, como “la flor de la vida”.

La reflexión final de la especialista apunta a que el suicidio juvenil en México es un problema social “al que se ha puesto poco interés por prevenir”, a pesar de que existen más medios de comunicación. Ante ello, propone generar programas de atención a la salud mental de los jóvenes y programas comunitarios de esparcimiento ante el aumento del suicidio, la depresión y las adicciones.

Teresa Gutiérrez, académica de la Facultad de Psicología, también coincide en que existen grandes diferencias entre los datos sobre el suicidio que aportan tanto el Inegi como la Secretaría de Salud, y que “obedecen a la naturaleza del fenómeno y su captura, que deriva de un subregistro de los eventos”.

La especialista en sicobiología y neurociencias explica que, entre la multicausalidad del suicidio, convergen factores biológicos, genéticos, sociales, sicológicos y económicos, entre otros. Concluye que, aunque “tal vez el suicidio se determine más por una condición preexistente de algún trastorno (depresión mayor, trastorno bipolar, esquizoafectivos, adicciones, desesperanza), que se agrava al exponerse a situaciones extremas, más de la mitad de los suicidas presentan estas asociaciones con la sicopatología”.

Suicidio infantil en los estados

De acuerdo a la estimación 2005 del Inegi sobre este fenómeno, del total de suicidios que se registraron en 2004, las entidades con mayor incidencia fueron Veracruz (9.7 por ciento), Jalisco (9.5 por ciento), Chihuahua (5.8 por ciento), Distrito Federal (5.7 por ciento), Guanajuato (4.9 por ciento) y Nuevo León (4.7 por ciento), con una frecuencia superior a 150 suicidios cada una, según Norma Cruz.

Ese diagnóstico reconoce que por cada 17 suicidios, se registró un intento fallido; siete de cada 10 suicidios se consumaron por estrangulación, y dos de cada 10, por disparo de arma de fuego. Diez por ciento de la población que se suicidó no tenía escolaridad; 60 por ciento sí había cursado algún grado; 60 por ciento de los suicidas registrados tenían ocupación económicamente remunerada, describe la coautora de la investigación Diferentes formas de morir: análisis del suicidio en México de 1990-2008.

Por su parte, el estudio La bioquímica y el suicidio de jóvenes en México (22 de septiembre de 2009), de Alhelí Cabañas, refiere que, conforme al registro de suicidios de la Procuraduría General de Justicia del estado de Oaxaca, entre enero y junio de 2008 hubo 111 suicidios: 100 de hombres y 11 de mujeres.

A pesar de que son las mujeres las que más intentan suicidarse, los hombres son quienes lo logran con mayor frecuencia: la mayoría oscila entre los 18 y 20 años, es decir, “son la comunidad más vulnerable en cuanto al fenómeno del suicidio” en esa entidad. La investigadora encontró que en Oaxaca, durante 2005, la cifra de suicidios llegó a 148, mientras que en 2006 descendió a 90, y en 2007 tuvo otra reducción a 82.

Señala que, a pesar de esa disminución, las estadísticas eran alarmantes, “ya que la comunidad oaxaqueña está propensa a que el número de suicidios se dispare estratosféricamente”. Al recurrir a datos del Inegi, Cabañas encontró que Veracruz, Oaxaca y Chiapas son entidades en las que más del 20 por ciento de su población (en Veracruz, el 37 por ciento, y en Oaxaca, el 48 por ciento) “viven en la miseria y el hambre”. También son entidades con municipios de alto o muy alto grado de marginación.

A su vez, la investigación de Ixchel Miranda de la Torre establece que, desde la década de 1970, comenzaron a observarse en México suicidios en infantes y escolares de cinco a 14 años. La investigación Ideación suicida en población escolarizada infantil: factores psicológicos asociados revela que las lesiones autoinflingidas se ubican en el octavo lugar de las causas de defunciones.

También dice que la ideación suicida –que se refiere a los pensamientos sobre la propia muerte– es un factor predictor para llegar al suicidio. El estudio concluyó que los suicidios y comportamientos suicidas entre la población juvenil son un problema de salud pública, aunque las investigaciones son escasas en lo que se refiere a la población menor de 14 años.

De acuerdo con la investigación de Teresa Gutiérrez, la ideación suicida “andaría por los 6 millones 500 mil personas; cerca de 1 millón de mexicanos planearon suicidarse, y casi 100 mil acudieron al servicio médico por un intento suicida”.

Miranda de la Torre, del Departamento de Desarrollo Humano y Bienestar Social del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo, AC, detectó que, entre 1995 y 2002, aumentó el porcentaje de suicidios de menores en el estado de Sonora, y que, en 2001, el 6 por ciento del total de los intentos de suicidio que se registraron en esa entidad correspondió a menores de 15 años.

Se estima que por cada suicidio consumado, hay de ocho a 10 intentos, y por cada intento, ocho lo pensaron, planearon y estuvieron a punto de hacerlo, apunta Miranda de la Torre. Su estudio, centrado en el caso de Sonora, indica que se reportaron porcentajes similares de suicidios entre hombres y mujeres: 56 y 44 por ciento, respectivamente.

En 2003, la Subdirección de Asistencia Jurídica, de la Procuraduría de la Defensa del Menor y la Familia del estado de Durango, informaba que, en 2002, hubo 89 suicidios: 13 en menores de 19 años. Al comparar esa cifra con el total nacional, “la situación no es tan grave”, consideró Manuel Acosta Manríquez, entonces subdirector de esa dependencia.

Ante la alta incidencia de este fenómeno entre los jóvenes, los analistas apremian al sector público para atenderlo como un problema de salud social.

Fuente: Revista Contralínea

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