BLOG DE ANÁLISIS Y PERIODISMO PROPOSITIVO

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lunes, 28 de marzo de 2011

MEDIOS EN CONFLICTO

Gabriel Guerra Castellanos
Internacionalista



Una de las primeras víctimas en cualquier conflicto armado es la objetividad, y de la mano con ella la verdad. Ya sea por los esfuerzos propagandísticos de una u otra parte, o por la parcialidad natural y comprensible de los medios para defender los intereses reales o percibidos de su país, lo cierto es que es difícil encontrar cobertura imparcial, apegada a la realidad y sin manejos maniqueos.
No sé si las guerras se ganan o no en los medios, pero en el fragor del combate, el ánimo de los soldados y el alto mando por igual influye en el resultado, al igual que el desánimo de la población civil puede resultar contagioso e infectar de derrotismo a la tropa o a la dirigencia política y a las élites hasta de la nación más poderosa del mundo.
La exaltación de los ejércitos propios y la denostación de los ajenos son práctica común, y el manejo propagandístico tan frecuente que no se concibe ya a una fuerza armada que se precie de serlo que no tenga su propio departamento de información y desinformación, de la también llamada contrapropaganda, que sirve lo mismo para despistar al enemigo que para crear confusión y desánimo entra las filas contrarias.
Son raros los casos en que los medios y la sociedad no se suman, a veces renuentes, las más de ellas entusiastas, a los designios propagandísticos del régimen en turno cuando de guerra o combate se trata, aunque en el camino se queden la decencia y la honestidad profesional, lo cual hace aún más notorias excepciones como la de la Guerra de Vietnam, en que los medios estadounidenses se dieran a la tarea de desenmascarar las mentiras de su propio gobierno.
Me viene esto a la mente por el recién anunciado Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia, que busca normar de manera voluntaria y por ende informal, la conducta editorial y profesional de los medios de comunicación mexicanos y de sus colaboradores en los momentos excepcionalmente complejos que atraviesa nuestro país ante el desafío y la dimensión del crimen organizado en sus múltiples facetas.
Sólo aventuro algunos planteamientos, pues ya se han dicho y escrito cosas más inteligentes y profundas al respecto:
—A los medios, como a todos los actores públicos, les corresponde un grado mayor de responsabilidad y cuidado al decir, escribir, transmitir, difundir noticias o información. Es ingenuo o de mala fe quien piense que comunicar sólo se trata de un ejercicio de libertad de expresión. Implica necesariamente códigos de ética, de profesionalismo, de seriedad y sentido común.
—En las guerras entre dos o más países, e incluso en las civiles, no siempre es fácil discernir quiénes son los buenos y quiénes los malos. Aún en casos tan aparentemente obvios como el de la rebelión en Libia, en la que resulta moral e intelectualmente imposible defender a alguien como Gaddafi, no está claro, más que para los propagandistas “aliados”, de qué madera están hechos los rebeldes, de los que poco bueno se sabe.
—Hay muchas otras instancias en las que no es tan complejo discernir donde están las diferencias éticas, legales, racionales. Es el caso del combate europeo a organizaciones terroristas, en donde por más simpatía que pudiera existir o haber existido por la causa del independentismo vasco o norirlandés, o de las violentas utopías de las Brigadas Rojas italianas o germanas, nadie en su sano juicio podría condonar sus actos de violencia y terror.
—Se puede y debe cuestionar y criticar el actuar gubernamental, en todos los aspectos y en todas las esferas de la vida nacional. Debemos preguntarnos si las tácticas han sido las correctas, denunciar abusos, excesos, violaciones a los derechos humanos. Imposible pensar en dar patente de corso a ninguna instancia oficial y mucho menos en una situación de conflicto armado.
—Lo que no se puede es cuestionar que se combata al crimen organizado y a la delincuencia criminal que azota a nuestro país. Yo no dudo que se hayan dado y se den errores y desaciertos en esta lucha, pero me parece miope propugnar por un alto al fuego unilateral en una guerra en la que una de las partes no conoce más límites que los de sus propios arsenales y su brutalidad.
No sé en qué momento algunos en México olvidaron quiénes son los malos de esta historia, o cómo pueden pensar que lo condenable es la acción del Estado y no la de la delincuencia, o caer en la trampa propagandística de quienes quisieran adueñarse de nuestro país.
gguerra@gcya.net
www.twitter.com/gabrielguerrac

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